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Volverse a ver

Autor: Yubel Writer
last update Fecha de publicación: 2022-02-22 07:02:08

Luego de seis horas de viaje llego al pueblo. Por lo visto es igual de pequeño como lo imagine, tiene una plaza con pileta, a los alrededores esta una iglesia, al otro lado el consejo, al costado de este se encuentra la comisaria y luego está lo que vendría ser el colegio.

Por lo que me conto la señora Nodal aquí solo hay inicial y primaria, la secundaria se encuentra en un pueblo un poco más grande que esta como a quince minutos de aquí en coche, pero caminando debe ser una media hora o tal vez tome un poco más de tiempo. En la puerta veo a una mujer de mediana edad con un traje de maternidad, supuse que ella era Nodal, me estacioné.

—Buenas tardes, soy Antonella Adatto — La saludo.

—Un gusto conocerte, Nodal Quintanilla — Me recibe.

—Nodal, me comentaste que me podías ayudar con el alojamiento y en verdad deseo empezar a desempacar. Ha sido un viaje muy cansado — Le pido.

—De acuerdo. No se encuentra lejos de aquí, ¿puedo subir para guiarte? — Me pregunta.

—Claro — Le contesto bajando del carro y abriéndole la puerta.

—Gracias. Queda por aquí sigue de frente en esa esquina vuelta a la derecha y llegamos — Me indica, estando frente a un portón donde está escrito en letras grandes “Hacienda Madicci” Se me erizaron los pelos al leer ese nombre, recordé de inmediato a mi compañero de esa noche, deben existir varios Madicci en el mundo, pienso.

—En este momento no está el dueño, pero pasa. A esta hora debe estar en el campo. Están en plena cosecha y elaboración de los vinos, sin contar a los ganados. A pesar de ser una hacienda pequeña aquí hay mucho trabajo que hacer – Me explica mientras baja.

—¿Su esposo es el dueño? – Pregunto esperanzada en que sea así.

—No, el dueño no se encuentra, pero nuestro encargado es casi como el hermano mayor del dueño, no te preocupes es una gran persona cuando lo conoces, al principio es algo reservado, pero muy buena persona — Me cuenta.

—Ya veo, gracias de nuevo, has sido muy amable — Le agradezco.

Giancarlo:

Estoy completamente sucio. Con sólo dos hombres no iba a terminar limpio, eso ya lo sabía, pero no manchado de lodo y tierra. El nuevo chico que se ha contratado no trabaja como debería. Si no se pone a trabajar enserio voy a tenerlo que despedir. Se supone que el muchacho debe ayudarnos a contener a las vacas, en lugar de eso se puso muy nervioso, del miedo que tenía de ellas. Al final tuve que hacerme cargo junto con el veterinario porque gracias al inepto ese, el otro trabajador termino con el brazo roto. Debió avisar desde el principio que tenía miedo. Esos animales tienen una fuerza descomunal y más si están adoloridos.

Intento dejar mi mal humor en la entrada, me siguen Arroz y Jengibre, si no fuera por esos perros que hacen su trabajo mejor que ese muchacho, en este momento estaría en el hospital. Ya no continúo renegando, a este paso terminare con una ulcera. Mis pensamientos se ven interrumpidos por los ladridos de los perros y una bola de pelos que se hecha panza para arriba frente a los tres.

—¿Qué hace este gato aquí? — pregunto a la nada mientras me agacho para verlo mejor, este se acerca y comienza a frotarse en mi mano, Arroz y Jengibre dejan de ladrar.

—Amelie, ahí estas — Esa voz es familiar, acaso estoy alucinando o me acabo de volver loco. Levanto la vista y la veo a ella igual de sorprendida que yo.

—Antonella — Menciono el nombre de la mujer que no me ha dejado descansar desde que se fue, sin creer del todo que ella está aquí.

—Giancarlo — Me responde y de ahí carga al gato para hablar: ¿Qué haces en este lugar?

—Eso debería de preguntar. Esta es mi casa — Le contesto

—¡¿Qué?! – Noto su desconcierto.

—¿Qué haces aquí? — Ahora soy yo quien la interrogo.

—La señora Nodal dijo que podía quedarme aquí, pero veo que soy una molestia — Espeta.

—Pienses huir igual que ese día – Le muestro mi molestia.

—Yo no escape — Alega.

—Entonces ¿Qué fue? Dime. – La cuestiono.

—Solo me fui, ¿Acaso deseaba que me quedara como ahora? No me haga reír, sabe qué mejor me voy – Dice para irse no se adónde.

—Has lo que quieras — Le respondo.

Antonella:

De todos los lugares de los cuales tenía la posibilidad de encontrarlo, me toco este. Por lo visto resulto ser un antipático e irritante sujeto, ¿Cómo pude estar con alguien como él? Es verdad, el alcohol lo hizo ver lindo y sensual, no se veía tan mal. Debo olvidar todo lo sucedido ese día. Luego de ver cómo es en verdad, no vale la pena.

Meto todo de nuevo en la maleta, por suerte no desempaque las cajas, pero si las saque del auto ¿Qué le vi esa noche para dejar mi sentido común de lado? Creo que tengo mal ojo para los hombres. Primero uno que resultó ser una escoria y ahora este un antipático de primera. La mejor decisión que pude tomar esa mañana fue salir de ahí.

Lo único que me falta es hallar a mi gata loca. Espero que me acepten en el hotel o que por lo menos tengan una habitación disponible. ¿Dónde se ha metido esta gata? La busco por todos lados pero no hay señas de ella.

Giancarlo:

Al salir del baño me encuentro con el gato de la entrada durmiendo en mi cama. Esto es el colmo, acaso no dijo ella que ese iba, entonces que se lleve a esta cosa. Me visto antes de botarlo de aquí. Cuando estoy listo para sacarlo pone una carita tan dulce que es realmente irresistible. Da pena botarlo.

—Quédate ahí — Me resigno.

Iré a trabajar al despacho debo verificar unas ordenes además de ciertos pedidos. Al entrar, me doy cuenta que soy seguido por el gato que ingresa como si nada y se recuesta junto Arroz y Jengibre. Creo que nadie le dijo que los perros y gatos no se llevan bien, pero con esa cara de gato tierno que pone creo que es difícil resistirse. Lo dejo porque no causa ninguna molestia. Tal vez ella desistió y decidió quedarse.

Antonella:

Es tarde, no hay señales de mi gata ¿Se habrá escapado hacia el campo? ¿Qué tal si la pesco algún animal salvaje? Varias posibles situaciones se cruzan por mi cabeza. Tampoco puedo dejarla aquí a merced de cualquier peligro. Para colmo de males, está comenzando a caer unas gotas enormes de lluvia, Amelie se va asustar, no está acostumbrada a esta clase de clima.

—AMELIE…. AMELIE…. VEN BONITA, VEN — Repito sin conseguir que venga mi gata.

No olvidare la época en la que encontré a mi gata. Hacía dos meses que había vuelto a trabajar y vino Bradley a darme una buena pero amarga noticia. Alexandra estaba embarazada de Giovanni, tenía un mes. Bradley me contó que la noticia alegro al padre de Giovanni, por fin tendría un nieto digno de su aprecio y aceptación. Por lo que era muy probable que pronto Giovanni cediera y firmara los papeles sin poner más objeciones.

Son maravillosas noticias sin embargo me mostraba lo injusta que es la vida. Estoy segura que el padre de Giovanni no hubiera aceptado a mi pequeño, lo hubiera despreciado porque yo no era digna para su hijo. Esa es la razón de que quería separarnos a toda costa y al final lo consiguió sin importarle la vida de mi pequeño. Ahora son premiados con un niño al nivel de sus expectativas, me sentía mal.

Cuando me lo informo Bradley, sonreí y aparente estar feliz, trate de convencerlo y a mí también que estaba feliz porque tal vez por fin estaría oficialmente divorciada de Giovanni. Creo que fui convincente en ese momento puesto que no dijo nada más y me dejo sola. Apenas cerró la puerta fue cuando me derrumbé y me puse a llorar amargamente. No era justo que a mí me quitaran algo que tanto quería, que matara a mi bebé y él recibiera como premio otro en menos de un año de lo sucedido.

Durante varios días lucí más apagada que antes, solo me mostraba normal cuando estaba en el trabajo. No quiero salir, ni dormir porque tengo pesadillas horribles sobre aquel día. Pienso que no debí sobrevivir aquel día que debí irme junto a mi pequeño. ¿Qué razón tengo para seguir aquí? Me pregunto una y otra vez, pero no encuentro ninguna. Me siento tan vacía, creo que hasta peor que el día en que vino el doctor a decirme que perdí a mi bebé. Dicen que la justicia existe, pero en mi opinión creo que no la hay acabo de ver una prueba clara.

Hasta que una tarde todo eso cambio. Regresaba del trabajo y encontré un pequeño gato, de color gris atigrado, con unos penetrantes y grandes ojos de color verde, tiene una mirada sumamente tierna e irresistible. Luce maltratado y muy flaco, creo que la piel se les pega a los huesos, se nota más al estar mojado, además que cojea ligeramente.

Siempre tuve una debilidad por los gatos, la verdad que por todos los animales. Me quito la casaca y lo envuelvo en ella, pobre gatito. En ese momento noto que tiene quemadas las patitas, están como costras, pero una de ellas no se ve muy bien, este animalito necesita que lo lleven al veterinario. Lo hago porque nadie más se iba a compadecer.

Descubrí que no era un gato sino una gata, le habían quemado sus patas y estaba desnutrida y tiene aproximadamente un mes tal vez un poco más. Necesito varias inyecciones junto una buena alimentación. Resulto ser traviesa pero muy cariñosa y juguetona. Gracias a su compañía pude olvidar mis penas ver que por lo menos alguien en verdad me necesitaba, sé que esto no compensaba para nada a mi bebé, pero conseguía reconfortarme.

Es por eso que no podía perderla. Ella en todo este tiempo fue de mucha ayuda para que no me deprimiera, no debo darme por vencida tan fácilmente.

Pasan horas, sin mucho éxito, es tarde estoy completamente mojada sin señales de donde puede haberse metido esa gata. Avanzo por el campo, se ve tenebroso en la noche y con lluvia. De seguro Amelie se asustó.

Giancarlo:

Me dirijo al comedor por algo de fruta y un café para dormir tranquilo, es probable que por la lluvia sea algo difícil dormir.

—Mau, Mau – El gato que me ha perseguido todo el día comienza a frotarse en mi pierna.

—Esther, ¿Has visto a la mujer que trajo Nodal? Tengo que devolverle a su gato — Le pregunto a la ama de llaves.

—No lo sé señor, se fue hace rato a buscar al gato — Me responde señalando a la gata.

—Ha salido en medio de la lluvia — Me preocupo.

—Si señor, hace mucho que se fue y no ha regresado — Me comenta.

—Bien, cuida que no se escape, regreso en un rato — Dejando todo, solo tomo una linterna de la entrada.

Avanzo rápidamente entre los viñedos y no veo señales de ella, es fácil perderse si no conoces el lugar y peor con esta lluvia que no deja ver nada.

Pudo lastimarse o cruzarse con algún delincuente. Siempre los del otro pueblo aprovechan la lluvia para robar ganado o intentar algo en contra de las mujeres. Es por ese motivo que nadie sale sin embargo ella no conoce este lugar es nueva.

—ANTONELLA — Grito sin recibir respuesta — ANTONELLA. ANTONELLA VEN — vuelvo a gritar.

Nada, ¿Habrá ido al fondo? Esta mujer me ha traído más problemas de los que esperaba.

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