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No me compares

last update Veröffentlichungsdatum: 22.02.2022 07:02:48

—Amelie…Amelie… – Escucho a lo lejos. Es ella debo estar cerca.

—ANTONELLA… VEN…. ANTONELLA — Le grito

—AAAAAA… AUXILIO — Me apresuro al oír su grito. Veo que estoy cerca de las aguas termales.

—ANTONELLA— Repito.

—Ayúdame – Repite.

—¿Dónde estás? – Me estoy acercando al lugar de donde proviene su voz.

—Aquí ayúdame, me voy a caer — Me responde, creo que sé dónde está, ilumino el suelo y la veo ahí sujetándose del filo de la entrada a las aguas termales, pongo la linterna en el suelo tomo sus manos y la subo con cuidado.

—No te preocupes, no pienso soltarte — Le digo, puedo subirla fácilmente. Ella apenas estuvo en piso seguro se abalanza sobre mi abrazándome.

—Gracias — Me agradece. El suelo está algo suelto, ambos caemos, ella se abraza más fuerte, al menos se dónde terminaremos.

Trato que la mayor parte del impacto la recibiera yo, ella no sabe que estamos en unas aguas termales puedo manejar esta situación. Como pude la saque a la superficie, por suerte no es tan profundo pero igual es seguro que se asuste.

—Tranquila, todo está bien. No pienso dejar que te lastimes — La consuelo, naciendo de nuevo ese sentimiento de protección.

—Gracias — Se encuentra con la voz quebrada, la llevo hasta la zona menos profunda de las aguas termales, consigo que se ponga de pie.

—¿Estas mejor? — Muestro mi preocupación.

—Si, pero tengo que encontrar a mi gata — Sale del agua, notando como la ropa se le pegaba a la piel, mostrando aquel cuerpo que vi, acaricie e hice mío esa noche. Siento cierta incomodidad en mi entrepierna, no me faltan ganas para repetir todo lo de esa noche en las aguas termales, sin embargo, este no es un buen momento para pensar en eso.

—Está en la casa — Salgo del agua y tomando su mano que se encuentra ligeramente fría.

—Condenada gata, por gusto la estuve buscando — Se regaña — Debes pensar que soy una pobre tonta. — Agacha la cabeza visiblemente avergonzada.

Le levanto la barbilla para que me vea a los ojos. — Pienso que eres una persona que se preocupa por su gato — Se sonroja y me sonríe, eso me agrada y la llevo de vuelta a casa.

Las luces están encendidas y la puerta cerrada con una nota en la puerta:

“Señor es tarde y me tuve que ir, el gato está encerrado en el cuarto de la señorita” Esther

—Pasa — Abro la puerta.

—Gracias — Ingresa.

—Cámbiate — Le recomiendo.

—Mi ropa está en mi coche, no te preocupes — Comienza a alejarse, antes que se valla más lejos le sujeto la mano y la llevo hasta mi cuarto.

—Quítate la ropa — Le ordeno.

—No voy hacer eso — Se cubre de inmediato.

—Si quisiera hacer eso contigo yo te hubiera quitado la ropa hace rato — Le hablo mientras me acerco al ropero y busco algo que se ponga hasta mañana.

—Tonto — Susurra.

—Ponte esto — Le doy un pijama que me dio Dora y no la llegue usar por quedarme pequeño y me retiro a cambiarme en el baño.

—¿Dónde vas? — Me pregunta.

—A cambiarme o prefieres ¿Qué lo haga aquí? — Le contesto con una pregunta.

—Has lo que quieras — Me responde. Tomo su palabra y comienzo a desvestirme.

—Eres desesperante — Dice a punto de salir.

—¿Qué tanto problema haces?, ambos ya nos hemos visto desnudos — Me encanta hacerla molestar, voy al baño antes de oír alguna queja de su parte.

Antonella:

Por un segundo creí que la percepción que tuve esta mañana fue muy diferente a la de hace un momento, sus palabras sus acciones. Pero todo eso lo deshizo en sólo unos minutos, puede ser tan desagradable, aunque a la vez es sexy. Mis amigas no lo llamarían Giancarlo sino sexy Carlo, río al recordar sus palabras.

—Roja por mí, cariño — Me sorprende al abrazarme por la cintura.

—Alto ahí — Lo alejo. — Estoy agradecida porque fuiste a buscarme y me ayudaste con mi gata. No obstante, esto se escapa de mis manos — le aclaro ante sus claras intenciones.

—¿Qué problema hay? — Me cuestiona con un deje de inocencia, colocándose detrás y colocando sus manos en mi cintura.

—Claro que lo hay — Contesto, e intento separarme, pero es inútil.

—No lo veo, ambos nos conocemos más de lo que cualquiera imaginaria — Me refuta en un tono seductor y susurrándome en mi oído. Siento una corriente eléctrica recorrer mi espalda, una señal de alerta. Me separo de inmediato.

—Es verdad, pero esa noche ni tu ni yo estábamos del todo consientes sobre lo que hicimos — Le doy mi alegato, la razón por la que no me sentía tan mal por lo que hice.

—Por eso te fuiste — Noto cierto deje de molestia, se va a la ventana.

—¿Qué querías que hiciera? Desperté en un lugar distinto a mi casa en compañía de alguien que recién conocía y para colmo descubrir que estuve con él — Estoy algo enojada porque no entendía mi punto, mis razones que para mí son completamente lógicas.

—Podías esperar a que despertara — Fue su respuesta.

—¿Para qué? Fue cosa de una noche — Le doy mi conclusión ya que por más que deseara algo más con él, no puede ser, ya no quiero volver a cometer el mismo error dos veces.

—¿Eso fue para ti? Puedes retirarte ya está seca — Toda la amabilidad o tono seductor desapareció en un instante para transformarse en una fría y cortante.

—No te enojes, es solo que… — Ni siquiera sabía cómo explicar lo que sentía, en mi vida iba imaginar una situación semejante.

Toda mi vida pensé que me entregaría a un solo hombre, que con él pasaría el resto de mi vida formaría una familia y seríamos felices para siempre. — Lo siento, pero ni yo sé que siento. Lamento si te ofendí. Gracias por todo — Salgo de ahí.

—Antonella, espera — Lo escuche decir, pero me voy corriendo, no soy capaz de enfrentarlo porque en si son demasiadas cosas la que se vendrían. Una relación, no puedo afrontar algo como eso todavía, no quiero volver a enamorarme, la sola idea me aterra.

Al llegar a la que es mi habitación la cierro con llave, tengo algo de miedo a pesar que algo me dice que él no es capaz de hacerme daño, “Tranquila, todo está bien. No pienso dejar que te lastimen.” Llega a mis oídos las palabras que me dijo hace un momento, tal vez no sea una mala persona sin embargo no estoy lista para algo como esto.

Me veo en el espejo y luzco mucho mejor que hace un año atrás. A pesar de no estar visibles las heridas físicas, las que están en mi alma, esas que no se pueden ver, continúan frescas. Después de todo, lo que creí e imagine que sería mi vida se fue al cesto de basura. Él que creí era el amor de mi vida resulto ser el villano. Ahora que aparece otro hombre ofreciéndome no sé qué, puede ser una relación o algo pasajero, tal vez hasta algo en que solo sea sexo y nada más que eso.

Giancarlo:

Desde esa noche no volví a cruzar palabra alguna con ella, casi ni nos cruzábamos, por más que en varias veces intenté hacerlo ella siempre se iba antes o regresaba tarde. Lo único con lo que tengo contacto que esté relacionado con ella es su gata, descubrí que se llama Amelie, por lo visto le agrado, me sigue a todos lados desde el momento en que ella se va a su trabajo hasta la noche o la tarde en que seguro regresa con su dueña.

—Ah pasado tres semanas desde que llego la señorita Antonella, Giancarlo — Me comenta Adam.

—Mmm — Digo concentrándome en revisar las cosechas.

—Se adaptó de maravilla al lugar, Nodal me ha contado que trabaja muy bien y es agradable. ¿Usted qué opina? — Me pregunta.

Muevo mis hombros en señal de que no me importa, concentrándome de lleno en lo que hago.

—¿No le parece bonita? — Me insiste Adam.

Repito el mismo gesto, mostrando mi total desinterés sobre el tema.

—Acaso no habla con ella, al menos han debido decir algo — Insiste con lo mismo.

—Adam, es una mujer como cualquier otra que hay aquí, por lo poco que he visto es que a pesar de la edad que tiene se comporta como si fuera una niña, cosa que no lo es. Es una mujer tonta y molesta sin gracia alguna, no es mi tipo puedo decir que me es indiferente quizá hasta me desagrada — Digo algo molesto, no quiero que continúe preguntando.

—Señor Adam — Escucho su voz detrás de mí, creo que malogre todo. Me giro, ella me ignora.

—¿Qué sucede Antonella? — Le pregunta Adam viéndome de reojo.

—La señora Nodal me pidió que le diera esto — Le entrega una bolsa, junto con un paraguas — Dice que va llover, no quiere que llegue todo mojado a casa.

—Jejejeje, gracias. Antonella no quieres acompañarnos un rato. Estamos seleccionando los mejores racimos para la vendimia que se va a celebrar en una semana — Le cuenta Adam.

—No quiero causar molestias — Contesta de forma dulce, cosa que me escarapela el cuerpo, estoy seguro que escucho lo que hablamos y debe estar molesta a pesar que no lo demuestre.

—No lo eres — Trato de arreglar las cosas.

—Con su permiso, tengo cosas que hacer — Se excusa.

—¿Por qué no me avisaste? — Me enojo con Adam.

—Que importa, total a usted no le interesa — Me deja solo.

—Rayos — Voy tras ella debo aclarar las cosas con ella, lo que dije está mal, no es lo que opino realmente.

Veo como se dirige hacia la casa, corro más rápido hasta conseguir tomarla del brazo y detenerla.

—Espera, Antonella. Lo de hace un momento, no es verdad — Le trato de explicar.

—Es cierto todo lo que dijo señor Madicci, creo que me describió a la perfección — Me mira fijamente.

—No lo hice — Le refuto.

—Mire usted — Se suelta de mi agarre. — Soy una mujer tonta, molesta sin gracia alguna, que si vino aquí fue por cuestiones de trabajo y estudio, nada más. Me da igual lo que opine —

—Está molesta, lo noto, es por lo que dije y en verdad lo lamento — Me disculpo.

—Seré una mujer tonta pero no estúpida para caer en su trampa de hombre bueno que quiere rectificarse, creí que era diferente, pero resulto ser igual — Me dice. Eso me enerva.

—No me compares con ese — La sujeto de nuevo, odio que me comparen con ese remedo de hombre al que conozco demasiado bien.

—No me fastidie. Es igualito — Se libera.

La persigo, hasta llegar a la casa donde la acorralo en una de las esquinas.

—Te dije que no me compares con él — Le repito.

—Déjame ir — Forcejeamos.

—No lo haré hasta que me escuches — Le aviso.

—¿Qué quieres? Recalcarme que soy una niñata o quien sabe que más pienses de mí — Me encara y hago lo que tanto he deseado hacer desde esa noche, me pego más a ella y la beso. Ella se resiste, protesta al principio, pero no pienso ceder, eso me provoca más. No paso mucho hasta que se calma para empezar a corresponder. Lástima que la necesidad de nuestros pulmones hace que nos separemos. Ella hace lo que menos esperaba, darme una cachetada junto una patada en la parte baja, sí que dolió.

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