INICIAR SESIÓNSebastien:
- Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle.
- No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha.
- Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende.
- Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega.
- Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfecta de una pequeña familia de 2, de un hombre amoroso y familiar, intachable y bueno para los negocios, y a mí, yo me convertí en la imagen perfecta de lo que debe ser una mujer, una hija y heredera –hace comillas con sus dedos–, hizo de nuestra imagen la envidia de todos, pero todo eso sólo es a puertas cerradas, porque dentro puedes conocer al frío, calculador, cruel y despiadado Alexander St. Vincent, un hombre que hará lo que sea para salirse con la suya, robar, engañar o intimidar –su vista se pierde en la nada, y quizás puedo darme una idea de lo que piensa, quizás está recordando todas las veces en que ese hombre pudo lastimarla.
- Jamás imaginé que fuese así contigo –admito bajo, supongo que a todos los tenía engañados con esa mentira.
- Nunca nadie podría imaginarlo, no sabes cuantas veces he querido cambiar de lugar con alguien más, a veces imaginaba que huía lejos de él, incluso había fantaseado con la muerte, hasta que te conocí –sonríe triste–, cuando te conocí me pareciste un faro de luz, te volviste alguien importante, creí poder sostenerme de ti y alejarme de él –niega, aprieto los puños a los lados de mi cadera–, creí que al estar lejos podría deshacerme de todo esto, pero incluso así –niega sonriendo de lado–, bastaba con acercarme un poco a él para ser lo que siempre he sido, una cobarde –aprieta el vestido del uniforme.
- Creo que eres muy valiente, de lo contrario, ese hombre hace mucho se habría deshecho de ti, igual que con todo o todos aquellos que ya no le son de utilidad –«como mis padres», pienso con dolor, una idea desagradable pasa por mi cabeza, si ese maldito no hubiese necesitado de ella, si ella hubiese fallado en ser todo lo que ese maldito bastardo necesitaba, no estaría aquí, y ese pensamiento era mucho más horroroso y doloroso de todos, pude haberla perdido antes de siquiera conocerla.
- Valiente hubiese sido desenmascararlo, mostrarle al mundo el monstruo que es, lo despiadado y cruel que puede ser, el martirio que vivo cada día junto a él, pero el miedo es un sentimiento tan paralizante, y él ha sabido sembrar ese miedo en mí a tal punto, que justo ahora temo que pueda saber lo que te estoy diciendo –su cuerpo temblaba un poco, no sabía si era por el miedo o vestigios del llanto, pero quizás era por el miedo–, toda mi vida he tenido miedo, porque sé lo cruel que puede ser, y ahora entiendo que fue sensato tenerle miedo, porque lo único de lo que no lo creí capaz, resulta que sí lo es, que es matar –su voz sale temblorosa al pronunciar lo último.
- Aún así creo que eres muy valiente –tomo suave tu mano, ella niega–, y no tienes la culpa del monstruo que es, de su mente retorcida –froto el dorso de su mano con mi pulgar, ella cierra los ojos.
- Lo he visto hacer tantos fraudes, he presenciado cómo ha llevado a la ruina a personas que lo tenían todo para triunfar, las mujeres desfilan por la mansión cada noche, hace ver tratos bonitos cuando en realidad, sólo lo benefician a él, tiene un club nocturno donde hace toda clase de cosas, algunas creo ni siquiera son legales, pero como hay mucha gente importante implicada, no hacen nada –dice bajo–. ¿Sabes para qué estudié derecho? –niego, pero creía saber la respuesta–, para ayudarlo a tapar todos sus sucios engaños, para acomodar la justicia a su favor, odio esta carrera, odio todo lo que tuve que hacer, las entrevistas, las conferencias, las reuniones con los socios, odio los malditos eventos sociales, no hacen otra cosa que hablar de cosas superficiales, de cosas banales y sobre todo, odio que hablen de la vida de los demás como si los conocieran, y lo que más odio, es este remedo de señorita que se creó, la imagen perfecta de una mujer de sociedad, todo eso me tiene harta –comienza a llorar de nuevo, cubre su rostro con ambas manos, la abrazo suave, entendía ese sentimiento de hastío hacia la alta sociedad, jamás me había gustado, me sentía incómodo la mayor parte del tiempo, supongo que haber estado tan alejado de ese mundo provocó este efecto de rechazo.
- No tienes que seguir con esto si no lo deseas, después de todo sería muy hipócrita de mi parte pedirte ir cuando no me gusta –susurro sincero, ella no se vuelve a verme.
- Sebastien –dice bajo, la forma en que pronuncia mi nombre me pone en alerta–, creo que esto es un error, este matrimonio debería disolverse, es lo mejor –sus palabras hacen que me congele donde estoy, ¿divorcio? Esas palabras hicieron que me doliera el corazón, sentía un enorme agujero–, es absurdo, soy la hija del hombre que mató a tus padres a sangre fría, y que pudo haberte hecho lo mismo, arruino tu vida, la hizo miserable, aunque tú y yo lo desearamos, jamás podríamos olvidar mi origen –quisiera decirle que no, pero sé que tiene algo de razón–, además, podría pasar años en prisión por todos los fraudes que ha hecho, quisiera o no, soy cómplice –se encoge de hombros–, eso en el supuesto caso de que me creyeran, para eso necesitaría pruebas tangibles, y conociendo a mi padre, no habría forma de obtenerlas –mira a la nada.
- Sé que tienes razón en lo del divorcio, porque me case contigo por las razones equivocadas –ella baja la vista asintiendo–, pero si algo sé con certeza, es que no eres ni por asomo igual a él, tienes un alma bondadosa, eres amable y divertida –alza la vista a verme con sorpresa–, es como si fueras alguien diferente, así que si quieres el divorcio, te lo daré, pero quiero que sepas, qué te amo y haré lo imposible para que en un futuro cercano, aceptes ser mi esposa de nuevo –sentencio serio pero con solemnidad, ella niega y comienza a llorar de nuevo.
- Existen muchas razones por las que nosotros no debemos estar juntos, sé que ahora no puedes verlo, pero el tiempo te hará ver que estar separados es lo mejor, un día ese amor dejará de sentirse así y nos volveremos un recuerdo en la vida del otro, siempre te recordare como el hombre que me devolvió la libertad, porque creeme, estar aquí en lugar de la mansión, es lo mejor que me pudo pasar –su mirada es suave.
- No, no creo que este amor que siento por ti pase, porque se interpuso incluso al odio, a mi deseo de venganza, este amor es tan fuerte, que hasta antes de ti, no me había interesado el matrimonio o la familia, y yo quiero eso contigo, nada más contigo –digo serio, ella vuelve a llorar negando.
- Sé que te va a pesar –la abrazo suave, ahora que entendía todo, me importaba bien poco sus raíces, la amaba, la amaba de una manera que no creí capaz.
- Me pesaría más dejarte ir –beso su cabeza–. Hagamos lo siguiente, divorciémonos, pero permíteme reconquistarte, como si fuese la primera vez, déjame demostrarte que el amor que siento por ti es verdadero –ella me observa con ojos llorosos, niega.
- No, porque hay algo muy grande que nos separa, pero te prometo que eso se terminará pronto Sebastien –susurra suave pero solemne, se separa de mis brazos, se pone de pie y sale, no la persigo porque sé que tiene cosas que pensar, esta noche ha sido demasiado intensa para los 2, ojalá hubiese intentado detenerla.
*********************************************
Estamos cerca de la recta final, lo que viene a continuación será bastante fuerte, así que necesito que hagan de tripa corazón (o sea, los fuertes) porque se viene lo bueno.
Si les gusta, no olviden seguirme y dejarme un bonito comentario, se los agradecería mucho.
Besos.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







