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Confrontación

Author: Jeanne H.A
last update publish date: 2022-05-14 00:32:30

Agnes:

Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.

Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.

- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia atrás, muerdo el interior de mi mejilla, lo miro retadora.

- Mi madre, interesante que menciones a la mujer que mataste –digo con una calma que no siento, mi corazón latía tan rápido que sentía que tronaban mis oídos debido a los latidos. La sorpresa inunda su rostro, creo que no esperaba eso–, eres un maldito asesino, un monstruo, ella quería escapar de ti, y no me iba a dejar, ella me iba a llevar, pero la descubrieron y la mataste, la aventaste por las escaleras –digo lo bastante fuerte para que mi voz no tiemble.

- A mi nadie me deja –tira con más fuerza de mi cabello–, esa m*****a perra malagradecida –escupe con asco.

- ¿Malagradecida? Ja, no me hagas reír, ¿por qué tendría que estarte agradecida?, ¿por molerla a golpes cada vez que se me caía algo de niña?, ¿por escoger cómo vestiría, que comería, diría o se comportaría? –mi voz sale más ácida de lo esperado–, ella me hizo una muñeca con su ropa porque no le dabas dinero, ¿eso debe agradecerte, la m*****a jaula de oro? –chillo bajo cuando tira de mi cabello poniéndome de pie, me arroja al suelo con brusquedad, siento el aire salir de mis pulmones.

- Esa perra quiso robarme, por eso instale un sistema de movimiento, me manda la señal directa, estos imbéciles te hubieran atrapado a tiempo sino hubiesen estado perdiendo el tiempo en la cocina –los hombres miran al suelo, estaba segura que serían castigados.

- Que bueno por eso, ahora el mundo sabrá de tus crímenes, sabrá quién es en verdad Alexander St. Vincent –digo con retorcida felicidad, chillo al sentir su pie golpear mis costillas–, habrá justicia para mi madre –digo conteniendo el dolor–, y para los Grayson –me arqueo de dolor al recibir otra patada.

- No hay nadie para reclamar, era mejor si me lo quedaba –dice con suficiencia, comienzo a reír.

- Te faltó 1 padre, su hijo sobrevivió, ¿y adivina qué? Es tu yerno, él ahora debe estar recibiendo todos los documentos que guardabas de tus engaños –chillo la última palabra cuando patea el estómago, a esa le siguió otra, y otra, podía sentir la furia en cada golpe, sabía que intentaría escapar pero antes se desquitaría conmigo, así que sólo protegí mi cabeza. Estaba segura que me había roto todo por dentro, patada tras patada, estómago, espalda, poco a poco mi cuerpo no sentía más los golpes, sentía que iba y venía de la inconsciencia, sabía que no había pasado mucho tiempo, pero se sentía una eternidad.

- Señor, esta todo listo, debemos irnos –escucho decir a uno de los hombres, mi padre maldice, me coge del cabello, chillo por el dolor. Me arrastra hasta el sótano, mueve un libro y se recorre dejando ver una escalera de piedra, sin más me arroja, chillo al sentir como mi lastimado cuerpo golpea contra cada peldaño.

- Préndele fuego a esta perra –escucho decir antes de oír el clic del librero cerrándose. Me quedo muy quieta, de todos modos no podría moverme aunque quisiera, grito cuando siento un dolor agudo en el vientre, como puedo me hago un ovillo, después de eso el dolor me hace desmayarme, no sin antes reconocer el olor del humo.

Sebastien:

La verdad es que estaba un poco inquieto, había notado a Agnes un poco nerviosa, pero intuía que era por la plática de esta noche.

La secretaria interrumpe la reunión, a decir verdad, no estaba prestando nada de atención, así que la distracción era más que bienvenida.

- Lo siento mucho, pero hay un joven que insiste en ver al señor Edevane-Gray, dice que es urgente e importante, trae unos documentos pero no ha querido dármelos, dice que sólo se los entregara a usted, además dice que es de vida o muerte –la miro con extrañeza antes de ver al joven entrar con desesperación, sujetaba unos cuantos archivos con fuerza contra su pecho, en cuanto me observa corre hacia mí.

- Señor –dice nervioso–, su esposa me ha pedido le entregue esto, es importante, me dijo que sólo a usted podía dárselos, además creo que esta en peligro, su padre es un hombre cruel y le hará algo, la atraparon, yo no quería irme, pero me hizo prometer que me iría –dice de manera atropellada, a pesar de que no parecía tener sentido una frase con otra, había logrado captar una sola cosa: Agnes estaba en peligro, esa idea me paralizo el corazón, sin soltar los archivos salí de aquella sala de juntas, debía ir con Martin.

- Yo lo llevó, será más rápido –dice el hombre tras de mí, quizás era verdad, llamo al elevador y maldigo al ver que se tarda, sé que si voy por las escaleras será más tardado, además de que podría caer, lastimado no le serviré de mucha ayuda. Saco mi móvil, llamó a la policía, les aviso que están robando en casa de mi suegro, mi esposa está ahí de visita y es probable que ya la hubiesen capturado. Tras colgar llamó a Martin, a él le daría los papeles, no los dejaría en ningún otro lugar, no cuando mi amada esposa estaba arriesgando su vida por esto.

Al bajar del ascensor, salgo corriendo del enorme edificio, afuera esta Martin.

- Toma esto y no los sueltes, por nada del mundo –él asiente–, ¿dónde está tu auto? –pregunto viendo al hombre, me hace una seña para que lo siga, a lo lejos observo un pequeño auto mal aparcado, sube y lo imito, arranca teniendo cuidado de no dañar nada ni a nadie, podía sentir el tiempo ir muy lento, casi sentía que no iba lo bastante rápido, pero iba a más de 100, se pasaba algunos semáforos, pero eso me importaba poco, le pagaría las multas de ser necesario.

A lo lejos observo humo salir de la casa, siento que el aire no entra en mis pulmones, el recuerdo de mis padres viene a mi memoria, esto no podía estar pasando, ella no podía estar ahí adentro.

Saco mi teléfono y hago una llamada, era un amigo detective de Londres, él sabía lo que me había pasado, estaba en contacto con uno de aquí, resulta que a ese detective le parecía sospechoso el hombre, así que lo tenía en la mira. Mi amigo llamaría al otro e iría con Martin, con las pruebas, sería más fácil que lo capturaran.

Llega a la entrada, había una patrulla de policía, habían llamado a los bomberos pero no era suficiente, ella estaba ahí, necesitaba entrar y sacarla, pero los policías no me lo permitían. Hago el ademán de alejarme, y cuando bajan la guardia, corro dentro de la casa, me cubro la boca y nariz con la camisa, grito su nombre pero no hay sonido alguno, no creía que la tuviese en alguna habitación arriba, debía ser abajo, «el despacho», pienso, un recuerdo venía a mi mente de la plática de anoche, corro buscando la m*****a habitación, cuando la encuentro esta vacía, hay mucho más humo.

- ¡Agnes! –grito alto con la esperanza de que me escuche, toso un par de veces pero vuelvo a gritar, a lo lejos escucho las sirenas de los bomberos, miro a mi alrededor, no había nada, lo que era extraño, había recorrido toda la planta baja. Al girarme un poco más puedo ver la caja fuerte, parecía estar en un pequeño recuadro, al acercarme puedo ver algo que sobresale, e imagino que es un cuadro, ¿podría ser que hubiese más cosas secretas? Comienzo a mover todo con desesperación, comenzando con los libros, casi salto de alegría cuando algo se mueve en la pared, bajo corriendo con desesperación, saco mi móvil y enciendo la linterna, un pequeño bulto llama mi atención, me apresuro y la imagen que veo me deja sin aliento, era mi amada Agnes, estaba sangrando y se veía mal, casi no respiraba. Me saco el saco, la envuelvo con él, la cargo con cuidado y salgo de ahí lo más pronto que es posible sin lastimarla más de lo que ya está.

El humo me impedía ver, así que había andado a trompicones hasta que un bombero me encontró y me guio a la salida, ahí había una ambulancia, deposito a Agnes en la camilla y niego cuando intentan revisarme.

- Al hospital –digo con voz rasposa por el humo, me subo a la ambulancia y sostengo su mano mientras comienzan a revisarla y colocarle oxígeno, por favor Dios no, ella no, rezó como jamás he rezado en mi vida, si la perdía, perdía todo.

Jeanne H.A

Señoras y señores, se viene lo fuerte, más que este capítulo, ya saben que deben hacer, ¡sí, de tripas corazón! Besos.

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