LOGINMiraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.
- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había llorado a mares, así que supo en ese instante que ella no lo sabía.- Estoy bien, cada vez me siento mejor, si uso esto es para que no te preocupes –dice bajo, habían decidido intentarlo, comenzar de cero.Él había recuperado su nombre, por lo que su antiguo matrimonio había quedado invalidado, no obstante, estaban bien yendo poco a poco, si bien se quedaba en el departamento de Sebastien, era porque él se había puesto histérico al sugerirle una casa de reposo, así que había accedido a que Cleo, Martin y él la cuidaran.Sebastien ahora dirigía la empresa de su familia, había hecho limpieza de personal no grato y todo funcionaba mejor, Agnes le había cedido el dirigir las pocas empresas de su padre que no fueron usadas para pagar lo que debía, a ella eso no le interesaba, pero era una pena dejar a tanta gente sin trabajo.- A veces creo que lo dices para que me sienta mejor –se gira a ella y sostiene suave su mano, besa el dorso–, pero no estaré bien hasta que camines sin cansarte, el tramo del pasillo nupcial es largo, no importa si es en silla de ruedas, sólo quiero volver a casarme contigo –le sonríe, Agnes ríe suave, en su mano llevaba otro anillo, este había pertenecido a la madre de Sebastien, así que era más valioso. Con el cateo a su vieja casa, habían descubierto que tenía varias cosas de sus víctimas, así mismo, su madre le había dejado una pequeña pero humilde casa a las afueras, más como una cabaña, así que cuando estuviera mejor, la arreglaría para poder pasar ahí un tiempo, Sebastien estaba de acuerdo.- Pronto lo estaré, y podrás verme caminar hacia ti, otra vez –ríe bajito, él se acerca a ella quedando su rostro frente a su cara.- Y seré el hombre más feliz sobre la faz de la tierra –dice suave antes de besarla de manera casta–, aquí, frente a mis padres y tu madre, te prometo Agnes St. Vincent, que te amaré por el resto de mi vida, hasta mi último aliento, incluso si llegarás a olvidarme, te amaré en cada oportunidad –dice juntando sus frentes, ella suspira mientras suaves lágrimas caen de sus ojos.- Yo, Agnes St. Vincent, frente a mi madre y tus padres, te prometo que te amaré como jamás nadie te ha amado en esta u otras vidas, y que sin importar qué, no te dejaré –susurra suave, quizás este juramento era mucho más fuerte, importante y poderoso que cualquiera dicho por un juez, ahí, frente a esas tres lapidas, 2 seres que habían sido parte de un juego macabro del destino, salvo que ahora, eran libres, ya no habría más secretos o verdades a medias, ahora no habría nada de su pasado que les impidiera estar juntos, nada nublaría su felicidad.Bueno, casi había sido así, tras destaparse la verdad, ellos habían sido llamados a testificar, los abogados de su padre habían intentado invalidar sus declaraciones, ya que eran pequeños cuando los eventos ocurrieron y podía ser su imaginación, sin embargo, varios empleados habían aceptado hablar con tal de reducir sus sentencias. Ella no había sido culpada de nada, no después de ver el estado en que había quedado.La prensa había sido despiadada, los habían rondado cuales buitres en el hospital, la policía les había ayudado mandando algunos policías, tras salir, él contrato seguridad.Pero una vez todo se calmó, una vez hubo paz, se dieron cuenta que la pesadilla había acabado.Ahora eran libres.Y se acabo chiquitines, espero les haya gustado, si es así, no olviden dejarme un comentario. Besos.
Habían sido meses de recuperación, pero todo había valido la pena cuando fui capaz de caminar hacia el altar sin problema alguno, esta vez la ceremonia había sido pequeña, con algunos socios de Sebastien y con personas a las que de verdad estimaba.Era extraño pasar de Agnes Edevane-Gray a Agnes Grayson, y no es que me quejara, para nada, porque amaba a Sebastien pero supongo que sólo me costaría trabajo adaptarme.Habían pasado unos meses más tras la boda, Sebastien me había llevado a todas partes, habíamos comido y bebido de todo, bueno, salvo algunas cosas por orden del médico, pero fuera de eso, la luna de miel había sido perfecta, triste había sido volver.- Te vaya bien –digo como cada mañana que debe ir a la empresa, habíamos decidido mudarnos a Londres, era un cambio agradable.- Nos vemos a la hora de la comida –me pega a él y me besa con intensidad, eso lograba dejarme descolocada por algunos segundos, me sonríe travieso antes de salir, suspiro enamorada.- Agnes, llegó un pa
Miraba la tumba dónde descansaba, traía sus flores favoritas, al final Alexander St. Vincent había sido acusado por crímenes como e****a, lavado de dinero, abuso de confianza, prostitución infantil y manejo de lugares ilícitos, así mismo, de planear a cabo el asesinato del matrimonio Grayson, y el asesinato de Elaine St. Vincent y violencia doméstica contra su única hija, Agnes Edevane-Gray.- Al fin tienen una tumba –dice ella suave mientras coloco las flores, asiento.- Seguro les da gusto estar juntos, tu madre era una buena persona –dice él acomodando las flores, les había costado un mundo encontrar los cuerpos de sus respectivos padres, pero al final había valido la pena–. ¿No estás muy cansada? –pregunta volviéndose hacia ella, iba en silla de ruedas para evitar cansarse, su rehabilitación iba muy bien, pero aún así se cansaba con facilidad, el daño en sus pulmones había sido mucho, pero poco a poco se recuperaba, fue hasta varias semanas que le confeso lo del bebé, ella había ll
Sebastien:Durante el trayecto la reanimaron 2 veces, cada que su corazón fallaba sentía el mío desplomarse junto al de ella.Al llegar, nos reciben 2 doctores, los paramédicos le explican su estado.- Paciente femenina de 23 años, tiene múltiples fracturas en pierna izquierda a la altura del fémur, brazo derecho en la parte cubital, al menos 8 costillas de ambos lados, tuvo 2 paros cardíacos, Glasgow 3 –los médicos la llevan adentro, corro tras ellos, gritaban ordenes incomprensibles para mí, sólo entendí una cosa: quirófano, radiografías y análisis.Se acercan a unas puertas y un doctor me detiene, niega.- Necesito estar con ella –digo suplicante, sentía que si no estaba a su lado, la perdería.- No puede pasar, vaya a la sala de espera, lo mantendré informado –asiento derrotado, camino a la sala de espera, me dejo caer, pasados unos segundos se acerca un interno para preguntarme si deseo ser revisado, niego, no me sentía mal, aunque suponía que mi aspecto daba a entender otra cosa.
Agnes:Me habían llevado dentro de la casa casi a rastras, había intentado luchar, aunque no mucho, ellos me llevaban mucha ventaja. Me llevan al despacho de mi padre, no me había dado tiempo de poner la estatua en su lugar, por lo que quizás eso me había delatado.Uno de los hombres me sienta con brusquedad en un sillón individual, miro todo atenta, no había manera de escapar, 2 hombres resguardaban la puerta y otros 2 estaban a mi lado, suspiro, seguro estaban esperando a mi padre, esperaba se tardarán en comunicarse con él, pero como la vida me odiaba, mi padre entro 5 minutos después hecho una furia.- ¿Qué tan estúpido crees que soy? –grita mientras camina hacia mí, el golpe de su mano me hace girar la cabeza con brusquedad, sentía el ardor donde su palma había impactado–, ¿creíste que dejaría este lugar sin protección? –escupe al tiempo que me abofetea la otra mejilla, evito chillar del dolor, no le daría ese gusto–, eres igual de estúpida que tu madre –tira de mi cabello hacia a
Agnes: Las palabras dichas por Sebastien habían logrado que mi corazón latiese tan rápido, que creía se saldría de mi pecho usando mi garganta como conducto de salida. Pero aquellas palabras también me habían hecho ver la realidad, una cruda y triste realidad, que a pesar de todo lo que dijera, mi padre si era un gran impedimento, y siempre lo sería a menos que lo detuviera, y eso haría. Entro a mi habitación y comienzo a planear todo, debía tener cuidado con cada cosa que podría salir mal, cada aspecto de la casa y cada movimiento que se hacía dentro de la misma. Para eso, había tomado un lápiz y un cuaderno, había hecho un croquis de la casa, había señalado los puntos que tenían vigilancia y había anotado los horarios en que los guardias cambiaban de turno o solían salir un rato, esto último lo había descubierto de niña, en la cabina de vigilancia no estaban a eso de las 2:15, más o menos volvían a eso de las 2:30, así que tendría quince minutos exactos para poder llevar a cabo mi
Sebastien: - Creo que no eres el único culpable, quizás si hubiese hablado, si hubiese tenido el valor de enfrentarlo, esto no habría sucedido, creo que nos hubiésemos ahorrado mucho sufrimiento innecesario –la escucho suspirar, la separo suave de mi cuerpo, sus ojos están rojos, verla así me rompe el corazón, me había cansado de mentirme y de mentirle. - No creo que tengas la culpa de nada, a pesar de mis pensamientos idiotas, jamás has tenido la culpa, no pediste nacer ni ser amada por ese monstruo –eso era lo más que podía contenerme, el odio y la rabia que sentía hacia él era mucha. - Sebastien, mi querido Sebastien, ¿de verdad crees que un ser cómo él es capaz de amar a alguien? –pregunta con ironía, algo que me sorprende. - Todo el mundo ha sido testigo del amor desmedido que tiene por ti –digo frunciendo el ceño, comienza a reír y niega. - Ese hombre no ama a nadie, salvo a él mismo –sonríe de lado con ironía–. Alexander St. Vincent se ha encargado de crear la imagen perfec







