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Capítulo 30

Author: Lulú Lorenza
Al caer la tarde, el puerto parecía cubierto de polvo dorado.

El sol descendía hacia la línea del mar y sus últimos reflejos teñían todo el muelle de tonos cálidos, mientras las nubes del horizonte ardían en un naranja rojizo.

A las seis en punto, el crucero hizo sonar la sirena y zarpó.

La gala se celebraba en la cubierta superior, conectada directamente con la terraza exterior y frente a la costa que poco a poco iba quedando atrás.

La cena aún no comenzaba oficialmente, pero el salón ya estaba
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  • Cruzando la Línea   Capítulo 30

    Al caer la tarde, el puerto parecía cubierto de polvo dorado.El sol descendía hacia la línea del mar y sus últimos reflejos teñían todo el muelle de tonos cálidos, mientras las nubes del horizonte ardían en un naranja rojizo.A las seis en punto, el crucero hizo sonar la sirena y zarpó.La gala se celebraba en la cubierta superior, conectada directamente con la terraza exterior y frente a la costa que poco a poco iba quedando atrás.La cena aún no comenzaba oficialmente, pero el salón ya estaba lleno de invitados.Mariana sostenía una copa de champaña junto al ventanal, observando la superficie tranquila del mar.Camila se acercó con expresión derrotada.—Ya valió... cuando regresemos, no me voy a salvar del trágico destino de una cita a ciegas.Paseó la mirada por el salón.—Mira nada más, no se salva ni uno...Apenas terminó de hablar, Mariana siguió la dirección de sus ojos.En la entrada del salón, Rafael acababa de entrar.Llevaba un traje gris oscuro de alta costura, camisa blan

  • Cruzando la Línea   Capítulo 29

    Gabriela lanzó una mirada de reojo hacia Mariana.—No es que te estemos presionando, solo te lo recordamos. Si quieres seguir en la familia García, al final tendrás que apoyarte en un hijo. Aprovecha ahora que eres joven y estás sana. En unos años más...—Tiene razón.Mariana alzó la vista y la interrumpió con una sonrisa.—Todo lo que me dijo lo tengo muy presente. Claro que debemos tener hijos. Ese asunto ya no puede seguir aplazándose.Gabriela asintió, satisfecha.—Qué bueno que lo entiendes...Mariana inclinó ligeramente la cabeza, con una expresión inocente.—Pero esas cosas no dependen solo de mí, ¿verdad? ¿No cree que también debería hablarlo con Alejandro? Últimamente está muy ocupado. Casi nunca duerme en casa.La sonrisa de Gabriela se congeló por un instante.Ellos pasaban largas temporadas fuera de Monteluz, y toda la familia García había quedado en manos de Alejandro.Pero Gabriela conocía perfectamente los enredos que él traía detrás.En aquel tiempo, Julieta se había de

  • Cruzando la Línea   Capítulo 28

    Camila se hizo a un lado en silencio.Rubén soltó el bastón y tomó las manos de Mariana entre las suyas.La observó de arriba abajo.Tenía los ojos ligeramente enrojecidos.—Qué bueno que regresaste.Le palmeó el dorso de la mano.—En estos tres años apenas viniste unas cuantas veces, y cada vez te quedabas dos días antes de volver a irte. Esta vez ya no te vas, ¿verdad?A Mariana se le cerró la garganta.Negó con la cabeza.—No. Ya no me voy.Cuando Mauricio murió, toda la familia García acudió al velorio para acompañarla.Rubén permaneció largo rato frente al altar funerario.Antes de irse, le tomó la mano a Mariana y le dijo:—De ahora en adelante, la familia García será tu respaldo. Si alguien te maltrata, me lo dices.Los ojos de Mariana se humedecieron.—¿En Altarreal hace calor? ¿Cómo has estado de salud últimamente?Rubén aún no respondía cuando una voz masculina sonó detrás de ellos.—Apenas se bajó del avión y, en vez de descansar, vino directo aquí a aguantar el viento del m

  • Cruzando la Línea   Capítulo 27

    Rafael giró el rostro para verla.La mirada descendió de su cara al escote profundo del vestido color vino que llevaba puesto.Alzó una ceja.—Sí que eres valiente... ¿me llamaste para recogerte sabiendo que Alejandro estaba ahí?Mariana se recargó en el asiento y volvió la cabeza hacia él.Sonrió con coquetería.—Alejandro fue a recoger a Julieta. Nadie iba a llevarme. Y en taxi no puedo entrar por el acceso VIP, así que no me quedó de otra más que molestarte.La luz que entraba por la ventana dibujó una línea suave sobre su perfil.Rafael dijo:—Hoy estás preciosa.La misma frase se la había dicho Alejandro media hora antes.Mariana alzó apenas la barbilla.Las pestañas largas temblaron.La sonrisa le curvó los ojos.—Me arreglé especialmente para ti.Esteban, al volante, casi arrancó el cuero del volante de tanto apretarlo.Mantuvo la vista fija al frente.Tenía las orejas rojas.Rafael había elegido ese carro precisamente para pasar desapercibido.Y ni siquiera tenía mampara diviso

  • Cruzando la Línea   Capítulo 26

    El viernes amaneció con un clima espléndido.Desde temprano brillaba el sol y el aire tenía una calidez agradable.A las ocho y media de la mañana, Mariana ya estaba lista.Se había maquillado con esmero y llevaba puesto un abrigo largo de invierno, abierto al frente, sin cinturón.Debajo lucía un vestido de gala color vino.El corte de la cintura le ajustaba perfecto, marcándole una silueta fina que parecía caber entre dos manos.El cabello, ligeramente ondulado, descansaba sobre los hombros.Se veía hermosa, relajada, con un encanto imposible de ignorar.La maleta que había preparado la noche anterior ya estaba abajo.Bajó las escaleras en pantuflas.Alejandro tomaba café en el comedor.Al escuchar sus pasos, levantó apenas la mirada.La garganta se le tensó al verla.Mariana caminó hasta la mesa, tomó una fresa madura del frutero y se la acercó a los labios.Él no pudo evitar decir:—¿Por qué hoy estás tan guapa?Mariana se sentó, se sirvió café y sonrió con los ojos.—¿Qué día no l

  • Cruzando la Línea   Capítulo 25

    Camila vio entrar a Mariana y alzó el brazo, agitándolo con fuerza sin importarle quién la estuviera mirando.—¡Zoe! ¡Acá!Mariana volteó al escucharla.Zoe era su apodo de niña.Solo Mauricio y Camila la llamaban así.Ni siquiera Alejandro lo sabía.Desde la muerte de Mauricio, y después de pasar tres años en el extranjero, hacía muchísimo tiempo que no escuchaba a Camila llamarla de esa manera.Mariana caminó hasta ella.Camila la tomó del brazo de inmediato y la arrastró hacia el privado junto a la ventana.Más allá del ventanal, toda Monteluz se extendía bajo sus pies.Los edificios del distrito financiero brillaban como un océano de luces.Camila la apuró:—Pide de una vez, me estoy muriendo de hambre. En la tarde mi mamá me arrastró a probarme vestidos. Me tuvo horas ahí y no me quedó bien ni uno.Mientras revisaba el menú, Mariana preguntó:—¿Vestidos para qué?—Para el aniversario de Grupo García.Camila apoyó la barbilla en la mano con gesto fastidiado.—Alejandro le mandó inv

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