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Cuando Dejé de Esperarte
Cuando Dejé de Esperarte
Author: Luz Reyes

Capítulo 1

Author: Luz Reyes
El portal del Registro Civil acababa de confirmar la cancelación cuando Martín salió del baño.

Al verme inmóvil, miró la hora y frunció el ceño.

—¿Querías decirme algo? Ya casi son las nueve y tengo que descansar.

Me quedé desconcertada durante un par de segundos antes de negar con la cabeza.

—No.

—Bien. Buenas noches.

No notó ningún cambio en mi estado de ánimo. Se dio la vuelta sin más y entró en la habitación.

Me quedé allí, ausente. Cuando estaba a punto de levantarme, la pantalla de la computadora, ya oscurecida, volvió a iluminarse con la notificación de una llamada entrante de Lilia, sincronizada desde el celular de Martín.

Martín, el hombre que después de las nueve no atendía llamadas ni respondía mensajes, contestó en menos de un segundo, como si temiera hacerla esperar.

Solté una risa amarga. Qué considerado. Lástima que la excepción no fuera yo, su prometida.

Cuando regresé a la habitación, Martín ya tenía los ojos cerrados y parecía dormido. Fue entonces cuando comprendí el significado de dos detalles que hasta ese momento había pasado por alto: el celular boca abajo y el discreto auricular negro que llevaba en la oreja derecha.

Apagué la luz. En la oscuridad, respondí al mensaje sobre la asignación en el extranjero que mi superior me había propuesto la semana anterior. Había pedido unos días para pensarlo porque iba a casarme con Martín y no quería empezar nuestro matrimonio a distancia.

Pero ahora todo había terminado.

Mi superior no tardó en responder:

"¿Ya lo decidiste? El puesto en la embajada en Valdoria exige una permanencia mínima de cinco años. Es una asignación urgente y el Ministerio puede acelerar los trámites. Si estás segura, presenta mañana la documentación pendiente. Sales pasado mañana".

Contesté: "Sí".

A mi lado, la respiración de Martín seguía siendo serena. Imaginé que Lilia también debía de sentirse muy tranquila en ese momento.

Me acosté. Entre nosotros parecía extenderse una frontera invisible. Me quedé en silencio un momento y luego cerré los ojos hasta quedarme dormida.

A la mañana siguiente, Martín estaba de pie en el vestidor. Me incorporé y toqué su celular: estaba muy caliente.

Reuní los documentos necesarios para tramitar la visa, miré a Martín por un instante y me dirigí a la puerta. Cuando pasé junto a él, me preguntó con evidente sorpresa:

—¿No vas a hacerme el nudo de la corbata?

Esbocé una sonrisa.

—Ya no. Tendrás que aprender a hacerlo tú —respondí.

Hice una pausa.

—O puedes pedirle a tu asistente que lo haga.

Martín dejó lo que tenía en las manos y se acercó, confundido.

—¿Te refieres a Lilia?

Con solo pronunciar su nombre, su expresión severa se suavizó y un destello de alegría le cruzó la mirada.

—Es verdad, sabe hacerlo muy bien. Es una chica muy atenta, pero ¿qué tiene eso que ver con que tú ya no quieras hacerme el nudo?

Guardé silencio un instante. Ni siquiera sabía por dónde empezar, así que decidí no explicarle nada.

—Nada. Simplemente ya no quiero hacerlo.

Martín apretó los labios, molesto.

—Como quieras. Por cierto, hoy no hace falta que me lleves el almuerzo. Lilia acaba de escribirme para decirme que ella me lo llevará.

Mi mano se detuvo un instante sobre la manija de la puerta.

—Está bien.

Martín tenía frecuentes problemas estomacales debido al estrés laboral. Por eso, por muy ocupada que estuviera, siempre le preparaba la comida personalmente.

Mejor así. Al menos me ahorraría el esfuerzo.

Ya no tenía por qué preocuparme por cómo se sentiría. Salí y cerré la puerta tras de mí.

Primero fui al Ministerio de Relaciones Exteriores a recoger la carta de asignación. Después pasé por el consulado de Valdoria para completar la documentación pendiente de la visa diplomática.

Guardé todo en el bolso y contemplé los cerezos que comenzaban a florecer frente al ministerio. Por primera vez en mucho tiempo, me sentí ligera y libre.

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