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Capítulo 5

Author: Luz Reyes
Horas antes, esa misma madrugada, Martín, que seguía acompañando a Lilia, sintió una punzada repentina en el pecho.

Ella levantó la cabeza de inmediato.

—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal? Estás pálido.

Él respiró hondo. La punzada tardó unos momentos en disminuir.

—No es nada. Quizá me alteré demasiado al enterarme de que estabas en peligro y ahora tengo palpitaciones.

Después le sirvió un vaso de agua y se lo entregó para que se tranquilizara. Al recordar lo ocurrido aquella noche, ella todavía se
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  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 8

    Cuando llegué, Martín seguía tendido en la cama del hospital con los ojos cerrados y el rostro muy pálido.En los cinco años que habíamos estado juntos, jamás lo había visto así. Aun así, solo lo observé un instante. Esperaba que no muriera; no quería cargar con semejante culpa.Estaba a punto de marcharme cuando abrió los ojos con dificultad. Su voz era áspera.—Clara…Me detuve y me volví. Nuestras miradas se encontraron: la mía serena; la suya, llena de dolor.—¿De verdad me odias tanto?Conocía a Martín lo suficiente para imaginar qué recuerdos podían estar atormentándolo.Cada vez que le dolía el estómago o tenía fiebre, yo me quedaba a su lado para cuidarlo. Durante aquellos años le preparé personalmente todas las comidas y, poco a poco, sus crisis se hicieron menos frecuentes.Muchas veces me quedaba dormida junto a su cama, con una mano aferrada a la suya. En ocasiones, antes de cerrar los ojos, creía notar que mis cuidados lo conmovían; sin embargo, al despertar, él ya había r

  • Cuando Dejé de Esperarte   Capítulo 7

    Las estaciones siguieron su curso y, cuando quise darme cuenta, había transcurrido un año. Ya me había adaptado por completo a mi nueva vida y a mi trabajo en Valdoria.No sabía nada de lo que había ocurrido en mi país: había bloqueado y eliminado de mis contactos a todas las personas relacionadas con Martín.Nunca creí que volvería a ver a Martín. Tampoco quería volver a verlo.Pero el destino parecía dispuesto a burlarse de mí.Una tarde, al regresar del trabajo, distinguí desde lejos una figura solitaria bajo la luz amarillenta de un farol frente a mi edificio.Me detuve. Martín también me vio. Su mirada reflejaba emociones tan intensas que no pude descifrarlas.Estaba a punto de alejarme cuando corrió hacia mí y me abrazó con fuerza, temblando.—Perdóname…Sus palabras me sorprendieron. Había creído que venía a exigirme explicaciones, no a disculparse.Me limité a apartarlo con suavidad.—Ya te escuché.Luego me di la vuelta para marcharme. Cuando pasé junto a él, Martín me sujetó

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    Martín se quedó atónito al leer el mensaje.Era imposible. La noche anterior todavía habían estado hablando del vestido de novia.Sin embargo, los dedos empezaron a temblarle. Entró en el perfil de Clara con una mezcla de pánico e incredulidad.Estaba casi vacío. Solo había una publicación:"Quiero disculparme con todos los familiares y amigos que recibieron una invitación a nuestra boda. Nuestro compromiso ha terminado y la boda queda cancelada. Gracias por su comprensión".Sintió que se le iba el aire. Pasó cinco minutos leyendo una y otra vez aquellas frases.Los estudiantes lo observaron y empezaron a intercambiar miradas.—¿Qué le pasa a Martín? Parece que hubiera visto un fantasma. Debe de haber recibido una noticia terrible.—Quién sabe. Si no necesitara los créditos, ni siquiera vendría a su clase. Es un hipócrita.En ese momento, Martín salió abruptamente del aula ante la mirada atónita de todos.La noticia de que había abandonado su propia clase desató otra ola de comentarios

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    Horas antes, esa misma madrugada, Martín, que seguía acompañando a Lilia, sintió una punzada repentina en el pecho.Ella levantó la cabeza de inmediato.—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal? Estás pálido.Él respiró hondo. La punzada tardó unos momentos en disminuir.—No es nada. Quizá me alteré demasiado al enterarme de que estabas en peligro y ahora tengo palpitaciones.Después le sirvió un vaso de agua y se lo entregó para que se tranquilizara. Al recordar lo ocurrido aquella noche, ella todavía sentía miedo.—Gracias. Si no hubieras llegado, quizá yo…De pronto pensó en algo.—No se lo cuentes a Teresa. No quiero que se preocupe.Martín asintió. Lilia seguía acostada, demasiado asustada para cerrar los ojos.—Duerme. Me quedaré aquí. No voy a irme.Lilia ocultó una sonrisa de satisfacción.—Está bien.Cerró los ojos y se aferró con fuerza a la mano de Martín.Él frunció el ceño e intentó retirar la mano, pero, al notar que Lilia seguía intranquila, desistió.Entonces pensó en Clara. Él h

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    De regreso, Lilia volvió a ocupar el asiento del copiloto. Martín la llevó primero a su casa, mientras yo, desde el asiento trasero, conversaba con un arrendador en Valdoria.—Ven a sentarte adelante —dijo Martín de pronto.Ni siquiera levanté la cabeza.—No hace falta.Guardó silencio un momento.—Como quieras.No le presté atención. Me encantó el departamento que había encontrado: parecía muy luminoso, así que pagué de inmediato el depósito.Cuando llegamos a casa, Martín sacó un catálogo de su maletín y se acercó a mí.—¿Quieres verlo?Lo recibí con curiosidad y descubrí que era un catálogo de vestidos de novia.—Elige uno cuanto antes. Falta solo un mes para la boda y el taller necesita tiempo para confeccionarlo.Señaló un vestido decorado con lirios bordados.—Creo que este está muy bien.Me limité a asentir con calma.—De acuerdo. Ese está bien.Al fin y al cabo, me marcharía a la mañana siguiente. ¿Qué tenía que ver conmigo una boda que se celebraría dentro de un mes?Martín pa

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