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Capítulo 2

Author: Nata Suave
Abrí los ojos de golpe, lleno de esperanza.

Antes de que pudiera darle las gracias, el sistema continuó:

[Sin embargo, el accidente provocó una insuficiencia multiorgánica en su cuerpo original. Cuando regrese, le quedarán como máximo tres días de vida.]

Se me llenaron los ojos de lágrimas, pero no me importó.

—No importa. Gracias. Al menos podré volver a ver a mis padres.

Solo podía pensar en ellos. Ignorando el dolor que recorría mi cuerpo, me puse de pie y traté de lanzarme de nuevo al lago.

Pero antes de que pudiera acercarme a la orilla, Carolina perdió la paciencia y me dio una patada por detrás de la rodilla.

La patada me tomó por sorpresa y caí de rodillas con un golpe seco.

—Bruno, ¿qué demonios estás tratando de hacer? Aunque mueras, nada va a cambiar. No te amo y nunca te amaré.

Empapado y cubierto de barro, acabé tendido en el suelo. Sonreí con amargura.

—No me importa con quién te cases. Así que no te metas en mis asuntos.

Carolina frunció el ceño. Parecía incapaz de creer que el hombre siempre dócil y amable que conocía pudiera hablarle con tanta hostilidad.

En ese momento, Victoria Alvarado corrió hacia mí y me sujetó del cuello.

—Mateo desapareció. ¿Adónde se lo llevaron tus hombres?

La mirada de Victoria era aterradora.

—¡No permitiré que vuelvas a hacerle daño!

Sus dedos se cerraron alrededor de mi garganta. Privado de oxígeno, cerré los ojos mientras la asfixia se apoderaba de mí.

No intenté resistirme. Sí, estrangúlame. Así podré volver a casa. Casi podía percibir el aroma de la comida de mi madre…

Pero al instante siguiente, Victoria me soltó y empecé a toser sin control.

Desesperado, la golpeé y la pateé.

—¿Por qué me soltaste? ¿Por qué no me mataste de una vez? ¡Por fin tenía la oportunidad de volver a casa!

La expresión de Victoria se volvió gélida mientras me miraba fijamente.

—¿Qué clase de farsa estás montando ahora? Dime de una vez adónde se llevaron a Mateo tus hombres.

La miré con desprecio. Como ya no tenía nada que perder, respondí:

—Tú eres la perra faldera de Mateo. Si ni siquiera tú sabes dónde está tu amo, ¿cómo esperas que yo lo sepa?

Victoria, mi hermana mayor, era mi segundo objetivo.

Aunque era la heredera, se había rebajado a trabajar como secretaria personal de Mateo solo para estar cerca de él y evitar que yo pudiera hacerle daño. Siempre decía que lo hacía para compensar el daño que, según ella, yo le había causado a Mateo.

Durante los últimos diez años, Victoria me había vigilado como si yo fuera un delincuente.

Sin embargo, aún recordaba cuánto me había querido cuando éramos niños. Siempre compartía conmigo lo mejor de cuanto recibía, ya fuera comida o algo con lo que pudiéramos divertirnos.

Todo cambió cuando apareció Mateo.

Era el hijo del primer amor de mi madre. Después de que su padre murió, ella lo llevó a vivir con nosotros.

Al principio, Victoria lo detestaba tanto como yo. Pero un día, después de una discusión entre mis padres, mi padre salió de casa llevándose a Victoria. Poco después, ambos sufrieron un accidente. Él murió en el acto y Victoria sufrió una lesión tan grave en una pierna que casi tuvieron que amputársela.

Canjeé mis puntos para que pudiera volver a caminar con normalidad.

Victoria me abrazó y prometió que siempre me protegería.

Pero después también empezó a oír los pensamientos de Mateo.

Su índice de afinidad cayó a cero de inmediato.

Victoria eligió creerle a él. Se convenció de que yo había provocado el accidente en el que nuestro padre murió y ella casi perdió la vida, y de que había sido Mateo quien encontró la manera de curarle la pierna.

Cuando yo aún era menor de edad, Victoria, furiosa, consiguió que me internaran en un centro de reeducación donde sometían a los internos a electrochoques.

Allí me encerraban en aislamiento, me dejaban sin comer, me sometían a toda clase de humillaciones y me administraban descargas todos los días.

Cuando por fin salí, había perdido la capacidad de dibujar y, durante mucho tiempo, ni pude hacer mis necesidades con normalidad.

Mi madre y Victoria se limitaron a mirarme con frialdad y dijeron que me lo había buscado.

Después me abandonaron en la casa vieja y nunca volvieron a ocuparse de mí.

Si no hubiera sido por el sistema y por la misión que aún debía completar, probablemente no habría encontrado fuerzas para seguir con vida.

Ahora Victoria seguía acusándome, convencida de que todo era culpa mía.

Como de todas formas iba a morir, ya no tenía por qué soportarlo.

Me incorporé a medias, le escupí y luego reí con frialdad.

—Solo unas idiotas como ustedes podrían creerse esa farsa montada por el propio Mateo. Les guste o no, nunca le he hecho daño a Mateo en todos estos años.

Victoria abrió los ojos de par en par, furiosa.

—¡A estas alturas sigues mintiendo! Estás podrido hasta la médula. Nunca reconocerás tus errores.

Luego me dio una patada en el pecho.

Cuando se disponía a golpearme de nuevo, la voz de Mateo sonó detrás de ella.

—¿Qué hacen todos aquí?

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