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Capítulo 3

Author: Nata Suave
"Aunque Bruno hizo que me encerraran, no puedo dejar que se preocupen por mí. Seguramente ha estado sometido a mucha presión últimamente. Será mejor que lo defienda".

Alcé la cabeza, incrédulo. Después de fracasar en la misión, yo también podía oír los pensamientos de Mateo.

Tal como esperaba, las expresiones de las protagonistas cambiaron de inmediato. Todas me miraron con odio, como si fueran a despedazarme en cualquier momento.

Victoria se limpió el rostro con el dorso de la mano y sonrió con frialdad.

—Parece que este mentiroso necesita una lección.

Carolina también alzó la voz.

—Te lanzaste al lago para distraernos mientras tus hombres secuestraban a Mateo.

Fuera de sí, Carolina me agarró del cabello, me arrastró lejos de Victoria y me hundió la cabeza en el lago.

Me sacaba la cabeza del agua justo antes de que me asfixiara y volvía a hundírmela, una y otra vez.

—¡Querías fingir que te ahogabas! Esta vez te daré una lección que no olvidarás.

Después de fracasar con los objetivos anteriores, había elegido a Carolina.

Era la única hija de una de las familias más poderosas de la capital. Aunque su familia desaprobaba esa afición, Carolina adoraba los cómics de acción e incluso soñaba con convertirse en dibujante.

Nos conocimos en una convención de cómics y nos enamoramos.

Me prometió que siempre creería en mí y que me apoyaría pasara lo que pasara.

Pero entonces apareció Mateo. Carolina descubrió con sorpresa que él era el niño que la había salvado de un secuestro cuando era pequeña.

Por eso decidió creer en sus pensamientos. Se convenció de que yo había robado los dibujos de Mateo y de que, además, había contratado a unos delincuentes para humillarlo y desacreditarlo.

Carolina apretó los dientes.

—Esta vez no te dejaré escapar.

Sus palabras me hicieron recordar lo ocurrido años atrás. Esbocé una sonrisa cansada.

En aquella ocasión, Carolina había renunciado a castigarme, pero no por compasión, sino porque había descubierto que las empresas de su familia atravesaban una crisis de liquidez.

Para quedarse con la herencia que mi padre me había dejado, Carolina fingió amarme y se casó conmigo.

Tres años después, ya controlaba por completo los negocios de su familia y había agotado la herencia de mi padre. Naturalmente, ya no necesitaba seguir tratándome bien.

Reuní todas mis fuerzas para apartarla y hablé con voz ronca.

—Hay cámaras en el jardín. Revisen las grabaciones y sabrán quién se llevó a Mateo.

Mateo dejó entrever un instante de inquietud.

—No hace falta revisar nada. Estoy bien y no te culpo.

Su expresión, como si hubiera sufrido toda clase de agravios pero no quisiera hablar, despertó de inmediato la compasión de las protagonistas.

Carolina declaró:

—Aquí están los papeles del divorcio. Fírmalos. Desde hoy, se acabó lo nuestro.

Victoria añadió:

—Si tuvieras siquiera la mitad de la bondad de Mateo, no me repugnarías tanto.

Mi madre ordenó:

—¡Lárgate de una vez! A partir de hoy, dejo de considerarte mi hijo.

Las personas a quienes había querido con todo mi corazón estaban ahora delante de Mateo, mirándome con odio.

Todo me pareció ridículo.

Ya no volvería a entregarles nada a quienes no me amaban.

Llamé al sistema en mi mente.

—¿Puedo recuperar todo lo que invertí en ellas?

Había entregado diez años de mi vida en el mundo de origen para que el sistema ayudara a mi madre a reflotar su empresa.

También había gastado la mayor parte de mis puntos para que Victoria volviera a caminar.

En cuanto a la herencia de mi padre, Carolina creía haberla obtenido gracias a sus propias maquinaciones. Lo que no sabía era que nunca habría podido apoderarse de una suma tan grande si yo no le hubiera permitido descubrir la contraseña.

Cuando el sistema me confirmó que iniciaría la recuperación de todo lo que había invertido, hablé despacio, con tono burlón.

—Tienen miedo, ¿verdad? Miedo de descubrir que ese amor puro que tanto idealizan no es más que un montón de basura putrefacta.

Todas me miraron con asco.

Los ojos de Mateo se llenaron de lágrimas.

—¿Cómo puedes decir algo así de mí? Sé que me odias, pero nunca he intentado quitarte nada durante todos estos años. Ya lo dije hace diez años: no vine a destruir esta familia, sino a formar parte de ella.

Mientras todas lo consolaban y me fulminaban con la mirada, repetí:

—Tienes miedo.

Entonces volví a oír los pensamientos de Mateo.

"Ya les desagrada bastante Bruno. No puedo permitir que descubran todo el daño que me ha hecho".

—Bruno, las cámaras están averiadas y no se pueden revisar. Deja de hacer escenas y volvamos a casa.

Al oírlo, las protagonistas lo miraron con aún más compasión.

Aparté la mano con la que intentaba sujetarme y saqué el celular.

—Qué extraño. Tengo acceso a esas cámaras desde mi celular. ¿Por qué no vemos juntos la grabación?

Abrí el video y levanté el celular para que todas vieran la pantalla.

Las imágenes mostraban que, en cuanto todos corrieron hacia el lago y dejaron de prestarle atención, el rostro de Mateo se deformó de rabia. Miró a ambos lados y escapó cuando creyó que nadie lo veía.

No parecía en absoluto que lo hubieran secuestrado.

Con una sonrisa irónica, levanté la mirada hacia las protagonistas.

Sus pupilas se contrajeron y todas miraron a Mateo con incredulidad.

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