LOGINLeonardo había pasado toda la noche rezando para que su madre superara aquella crisis, pero ni siquiera habían alcanzado a entrar en casa cuando tuvo que llevarla de urgencia al hospital otra vez.Debido al profundo daño emocional que había sufrido, Sofía cayó en coma. Esta vez, el médico negó con la cabeza y suspiró, sin saber si lograría salvarla.—Señor Leonardo, las lesiones internas de su madre son demasiado graves. Acaba de someterse a una cirugía y su cuerpo todavía no se ha recuperado, además, ha sufrido varios golpes emocionales seguidos y ha tomado grandes cantidades de medicamentos, por lo que tuvimos que hacerle un lavado gástrico. Me temo que esta vez será muy difícil que logre superar la crisis.Leonardo sintió que el corazón se le encogía. Con voz suplicante, le pidió al médico:—Por favor, haga todo lo posible por salvar a mi madre. No importa cuánto cueste ni lo que tengamos que hacer, solo quiero que siga viva.Hacía más de diez años que había perdido a su padre. Ahor
—Ahora que ya sabes que Rocío está embarazada, lo mejor que puedes hacer es aceptar la situación sin armar escándalos. Voy a tener a ese bebé, eso no está en discusión. Si te quedas tranquila y dejas de causar problemas, seguirás siendo la Señora Sánchez, pero, si no, puedes regresar con tu familia.Las palabras despiadadas de Eduardo hicieron que Liliana rompiera a llorar. Furiosa, lo señaló con el dedo y lo increpó.—¡Encima resulta que la tonta soy yo! Eduardo, ¿de verdad crees que por tener un cargo importante puedes pisotear a los demás? No olvides que, cuando nos casamos, tú apenas eras un funcionario de poca monta, mientras que yo venía de una familia adinerada. Si mi papá no hubiera quebrado y sufrido aquel accidente, mi familia seguiría siendo una de las más prestigiosas de ciudad Mar. Cuando nos casamos, fui yo quien se rebajó al casarme contigo. Ahora que mi familia está en decadencia, ¡resulta que ya no soy lo suficientemente buena para ti! ¡En aquel entonces, a mí no me im
Avanzó de puntillas hasta la ventana de celosía tallada y acercó lentamente el oído para escuchar lo que hablaban los dos dentro de la habitación.Rocío creía que nadie se daría cuenta de su presencia, sin imaginar que el papel de la ventana era tan fino y translúcido que, con la habitación a oscuras, su silueta se distinguía con toda claridad desde el interior.Los dos hombres, que hasta entonces conversaban en secreto, de pronto vieron una sombra proyectada junto a la ventana.Intercambiaron una mirada cómplice.Eduardo tomó la palabra.—Cuando nazca el bebé de Rocío, tendré que darle el lugar que le corresponde. Ella está conmigo desde los dieciocho años. Si no me hubiera empeñado en enviarla al extranjero, nunca se habría casado con otro hombre a la ligera para luego divorciarse. Al final, el que le ha fallado soy yo.Tomás Valdivia, su secretario, miró la sombra y asintió.—Señor Eduardo, algún día la señorita Rocío comprenderá todo lo que usted ha hecho por ella.—Con la posición
—Me creas o no, te estoy diciendo la verdad. No creo haber hecho nada malo. Y si de algo me arrepiento, es de no haber podido dejar atrás esos recuerdos.Intenté casarme con otro hombre para olvidarte, pero no pude. Han pasado siete años y sigo enamorada de ti. Quizá para ti no sea más que una de tantas mujeres con las que has estado, pero para mí eres el único hombre al que he amado de verdad.Eduardo soltó una risa cargada de sarcasmo al escuchar semejantes mentiras.Se acercó a ella poco a poco y le sujetó la barbilla con fuerza.—¿Cuántos hombres en Albión habrán escuchado esas mismas palabras de tu boca? ¿De verdad crees que no sé cómo te has comportado allá?Rocío sintió que el corazón le daba un vuelco.¿Acaso Eduardo había mandado a alguien a vigilar cada uno de sus movimientos en Albión?Al recordar todo lo que prefería olvidar y ver el desprecio con el que él la miraba en ese momento, la vergüenza y la rabia se apoderaron de ella. De pronto, sintió que la sangre le hervía. Sa
Entre besos y caricias, el tiempo pasó hasta que las luces de la ciudad comenzaron a encenderse.Cecilia estaba completamente agotada. Sebastián la llevó en brazos hasta la habitación y la acostó en la cama.Después de pasar toda la noche anterior sin apenas descansar y de haber agotado sus últimas fuerzas hacía un momento, apenas tocó el colchón, cayó profundamente dormida.Entre las sábanas persistía el suave aroma amaderado y fresco de Sebastián, una fragancia que la hacía sentirse segura y tranquila.No sabía cuánto tiempo había dormido cuando el delicioso olor de la comida la despertó.Al abrir los ojos, vio a Sebastián sentado al borde de la cama, sosteniendo un plato de comida.Por un instante, se preguntó si todavía seguía soñando.Hasta que Sebastián le pellizcó suavemente la mejilla y le habló con ternura.—Levántate y come algo antes de volver a dormir. Es la primera vez que cocino, así que dime qué te parece.Solo entonces Cecilia terminó de despertarse.Se incorporó de gol
Cecilia abrió los ojos, desconcertada. ¿Acaso Sebastián había instalado cámaras para vigilarla?—¿Cómo te enteraste de que...?—No soy un acosador ni tengo una obsesión enfermiza por controlarte. Ya te había dicho que no desaparecieras de repente sin avisarme. Tú solo tenías ojos para la familia de tu exmarido, pero, ¿alguna vez se te ocurrió pensar que alguien también podría preocuparse por tu seguridad?Cecilia se quedó paralizada durante un par de segundos, pero enseguida comprendió lo que quería decir.Se levantó de inmediato y se sentó a su lado, ansiosa por explicarse.—Señor Sebastián, me ha malinterpretado. Las cosas no son como piensa.Le contó con todo detalle lo que había ocurrido aquel día en casa de los Chaves y dejó muy claro que solo había ido a presenciar el drama.No sabía si Sebastián le creía, pero su expresión se había suavizado bastante.—Señor Sebastián, por favor, créame. Todo lo que le he contado es verdad. Si no me cree, puede mandar a alguien al hospital para







