LOGINAl día siguiente, Jack ayudaba a Grace a caminar lentamente por los jardines de la mansión. Ella todavía llevaba un vendaje rodeando parte de su torso y avanzaba con cuidado para no resentir las costillas, mientras Jack caminaba a su lado sujetándola apenas de la cintura para que no perdiera el equilibrio.En la terraza, Olivier revisaba unos documentos junto a Kassandra. Levantó la vista por un instante y los vio a lo lejos.Grace sonreía.Jack caminaba despacio, adaptando el paso al de ella para que no se lastimara. En un momento sacó algo del bolsillo de su chaqueta y se lo ofreció.Era un pequeño chocolate, Grace soltó una risa bajita y lo aceptó, el rostro de la muchacha se iluminó con los rayos del sol que atravesaban las ramas de los árboles.Olivier los observó unos segundos más.—¿Quién es?Kassandra levantó la vista.—Ah... Jackson. Es la mano derecha de Baltazar. Cuando lleguemos a América trabajará junto a Grace. Ella seguirá siendo mi mano derecha y él la de Baltazar.—Ya
La tarde dio paso lentamente al atardecer y, por fin, la yegua que Fabiano había rescatado llegó a la mansión. Después de varias horas de revisión veterinaria, el diagnóstico confirmó lo evidente: deshidratación severa, estrés extremo y múltiples lesiones superficiales producto del maltrato que había sufrido. Una vez estabilizada, fue trasladada hasta las amplias caballerizas de la finca.Fabiano ya la esperaba.Vestía pantalones de equitación, botas de cuero hasta las rodillas y una camisa blanca de mangas arremangadas. Caminó directamente hacia el box de Azabache y acarició su frente con una enorme sonrisa.—Oye, me debes una muy grande. Te traje una novia... nada más y nada menos que una preciosura. Está hermosísima. Será tu princesita, así que más te vale comportarte a la altura. Me la cuidas, ¿escuchaste?Azabache relinchó suavemente, Fabiano rió.—Eso quería escuchar.Sacó varios cubitos de azúcar de su bolsillo.—Toma, campeón.El semental los comió encantado mientras Fabiano p
Fabiano venía llegando a la mansión más feliz que nunca. Había conseguido más caballitos y ya estaba imaginando la expresión de Azabache cuando conociera a su nueva novia. Venía silbando, con una enorme sonrisa y las llaves girando sobre uno de sus dedos, pero apenas cruzó la entrada su expresión cambió por pura curiosidad.A unos metros de la puerta principal había un tremendo gorila de casi dos metros de altura, cabeza baja y los hombros caídos, exactamente igual que un perro regañado. Frente a él estaba Kassandra con los brazos cruzados y esa mirada fría que hacía temblar hasta a los hombres más peligrosos de Europa.Fabiano sonrió. Un buen chisme jamás se dejaba pasar.Disminuyó el paso y se acercó con total naturalidad, justo cuando la voz de Kassandra retumbó por todo el jardín.—¡Tenías que ser tan hijo de puta para decirle que no sentías nada por ella! Grace jamás te ha pedido nada. Ella solo te amó en silencio, y su amor fue tan grande que apenas vio que estabas en peligro no
Era mediodía cuando las botas de Curtis comenzaron a resonar por las caballerizas. Caminaba con ese aire soberbio que siempre lo acompañaba, una fusta de cuero golpeando suavemente contra su pierna y el traje de doma impecable, como si fuera a protagonizar un espectáculo. Los hombres se apartaban de su camino sin atreverse a levantar demasiado la vista, mientras él mantenía los ojos clavados en la yegua azabache que llevaba tres días sin comer ni beber una sola gota de agua. El animal apenas se mantenía en pie, pero aun así seguía mirando a todos con desafío. Curtis sonrió con satisfacción. —¿Está lista? —Sí, señor. La meteremos al brete para ponerle la montura. A pesar del cansancio y la evidente debilidad, la yegua seguía luchando. Fueron necesarios cuatro hombres para obligarla a entrar al brete de contención. El animal se revolvía intentando lanzar coces mientras aseguraban la montura y ajustaban las correas. Curtis subió con tranquilidad. Apen
Al llegar, Kassandra encontró a Grace exactamente donde la había dejado. Permanecía sentada sobre la cama con la espalda apoyada en las almohadas, los ojos hinchados y la mirada completamente perdida a través de la ventana, como si observar el paisaje fuera la única manera de no pensar.Kassandra sonrió con dulzura y dejó la bolsa que traía sobre la mesa.—Hola, cariño. ¿Cómo te sientes?Grace giró apenas la cabeza y le regaló una pequeña sonrisa que no alcanzó a llegar a sus ojos.—Bien, señorita.—¿Y Olivier?—Se acaba de ir... tenía algo que hacer.—Oh... ya veo. Te traje algo dulce. Ven, siéntate y come.—Gracias.Grace se incorporó con cuidado, conteniendo una mueca de dolor mientras Kassandra acomodaba la bandeja sobre sus piernas. Apenas levantó la vis
La sala del hospital olía intensamente a desinfectante. El único sonido que rompía el silencio era el constante pip... pip... pip... del monitor cardíaco que marcaba el ritmo de los latidos de Grace. La luz blanca del techo iluminaba el lugar con frialdad, mientras la joven permanecía inmóvil sobre la cama, con el brazo vendado y varias cintas sujetando los sensores sobre su pecho.A lo lejos comenzó a escuchar aquel sonido insistente. Poco a poco sus párpados se movieron hasta que logró abrir los ojos lentamente. Todo se veía borroso. Parpadeó varias veces intentando enfocar el techo y un suave quejido escapó de sus labios al sentir un dolor punzante recorrerle el costado.Kassandra se levantó de un salto de la silla donde había permanecido durante horas sin despegarse de ella.—¡Grace! Cariño, ¿cómo estás? ¿Te duele mucho?Grace giró apenas la cabeza para verla y trató de sonreír.—Mmm... señorita... siento que me atropelló un camión.—Tres costillas rotas, niña. ¿Cómo se te ocurre







