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Capítulo 5

ผู้เขียน: Cristina López
last update วันที่เผยแพร่: 2026-09-01 16:18:30

Tres meses pasaban demasiado rápido, o demasiado lento, dependiendo de qué lado se lo mirase, para Helena el mundo en general parecía haberse congelado 3 meses atrás, desde el momento en que su hermano fue sepultado, Helena parecía haber perdido la posibilidad de sentir algo, no solo en lo sentimental, en lo físico pasaba lo mismo, no sentía el frío, o el calor, podría pasar horas sentada en un mismo lugar, hasta que Roger llegaba y la sacudía, la sacaba de ese trance en el que ella sola se sumergía, imaginando quizás las diferentes formas que tendría para acabar con los Rivers, porque para su suerte, Marcus estaba muerto, y aunque no debería alegrarse de la muerte de aquel hombre, pues no lo conocía de nada, y al menos le había perdonado la vida, aquella noche en la que totalmente fuera de control había osado a llevar un arma a la mansión de los Jackson, aunque por supuesto nunca pasó de la reja principal, aun así, aquel episodio hubiese sido más que suficiente no solo como para romper el compromiso con Larry, como para borrar a los Evans de Nueva York y aun así no lo hizo.

Pero como el propio señor Williams había dicho el día que enterraron a Ethan, la vida funciona así, un día estás, y al otro día ya no, eso mismo es lo que había pasado con los Jackson, Marcus había muerto en un terremoto en Moscu, y Helena no pudo evitar pensar en lo irónico de la situación, aquel hombre que pensaba expandir su reino, había muerto aplastado buscando una nueva frontera, pero como dice el dicho, a rey muerto, rey puesto, y ahora ella sería la señora Jackson, si incluso estaba ansiosa de casarse con Larry.

—Por favor, cambia la cara, recuerda que estamos yendo a arreglar los últimos preparativos de la boda, no a un funeral.

La regañó su padre, ese mismo que había estado envenenando su cabeza durante los últimos 3 meses para que buscara venganza por su hermano, como si eso fuese necesario, como si el veneno de la venganza no abundara en Helena.

—Si te soy honesta, estamos de camino a organizar el funeral de los Rivers.

Por supuesto, Helena lo había comprendido a la perfección, Larry era un payaso, un incompetente en su máxima expresión, y así como dicen que, tras un gran hombre, hay una gran mujer, en este caso sería aún mejor, porque entre sus manos, o mejor dicho entre sus piernas, tendría un ser sumamente manipulable, o eso era lo que creía Helena, hasta que finalmente llegaron a la mansión Jackson.

—Señor Evans, querida Helena. — comenzó a decir Arthur. —Debemos de serles honesto, la boda no podrá llevarse a cabo.

Helena mantuvo su rostro imperturbable, aunque en esta ocasión no era porque manejase cada uno de sus músculos, sólo era el hecho de sentirse vacía, nada hacía acelerar su corazón, nada le hacía enojar o entristecer, mucho menos alegrarse, desde que Ethan había sido asesinado, Helena había quedado vacía, pero su padre era otra cosa.

—¿A qué se refiere señor Arthur?, ¿qué clase de broma es esta?

—No es ninguna broma, no me pienso casar con su hija, porque mi esposa será Cecilia.

A Larry de pronto la valentía le sobraba, y para Helena no fue difícil adivinar de dónde venía esa petulancia, sólo bastaba con ver el rostro sonriente de Cecilia.

—¿Qué?, eso no es justo…

—Por favor, señor Evans, el amor nunca es justo, la única realidad aquí es que, ante la muerte de Marcus, Cecilia y Larry, lo sintieron tanto, el vacío, el luto, que poco a poco en ello surgió…

La explicación de Verónica murió en su boca en el mismo instante en qué Helena liberó una risa nada divertida y sí cargada de soberbia.

—En verdad que es muy raro cómo llevan el luto la familia Jackson, en nuestra familia, aunque sentimos el vacío que dejó Ethan, mi hermano Roger no ha sentido la necesidad de meterse en la cama de mi cuñada.

—Cuida tu boca, porque no te voy a permitir…

Williams se creía con algún derecho de mostrar decencia, o así sea exigirla, pero Helena había comprendido demasiado bien cómo se movían las fichas en aquella mansión, William ni siquiera fue considerado para el puesto de líder, y si Larry lo poseía ahora, simplemente era por suerte, porque el verdadero líder ya no estaba.

—Es una lástima señor William que no me permita decir, la verdad.

—¿Qué es lo que puedes saber tú?, como para sentirte tan libre de decir cualquier cosa.

—No es decir cualquier cosa señor Williams, solo es ser franca, al reconocer que en este caso el destino se equivocó, y aunque no debería señor Arthur, creo que el error fue suyo, porque como yo veo las cosas, esa noche en realidad tendría que haber dejado que Marcus hiciera la elección, porque aún entre un matrimonio concertado, hay niveles, si yo me hubiese desposado con Marcus, le puedo asegurar que le hubiese guardado luto toda la vida, porque un hombre como él, merece al menos una viuda que lo llore por siempre.

William estuvo a punto de refutar aquellas palabras, pero Arthur no lo permitió, solo bastó un movimiento de su mano y Helena supo que había hablado con la persona indicada.

—Es fácil decirlo, cuando no eres tú quién debería…

—Puedo serlo, era lo pactado ¿verdad?, entraría a los Jackson, el hecho de que a Larry se le hubiese ocurrido lanzar una moneda, no cambia el hecho de que el destino ya había marcado que yo debía pertenecer a ustedes, ¿en verdad van a dejar que el mundo en el que nos movemos susurre tras sus espaldas, lo poco filial que son?, hasta donde tengo entendido, todo el mundo sabe que un Jackson se casaría con una Rivers, y otro con una Evans, si a eso le sumamos que el matrimonio de la señorita Rivers pasó casi desapercibido para todos, bien se podría decir que ese matrimonio fue con Larry, y que la viuda de Marcus soy yo.

Charlie veía a su hija, más que con orgullo, con respeto, comprendía a la perfección lo que estaba haciendo, mantenerse dentro de esa mansión, comenzar a tirar los hilos de a poco, aunque no de una forma tan escandalosa como lo había hecho Cecilia por supuesto, porque su hija tenía una mente brillante.

—Tú lo único que quieres es aferrarte a nosotros…

—Por favor, no me compares con alguien como tú Cecilia, a mí me criaron de otra forma, la lealtad, sobre todo, aun aguantando la soledad, porque puede ser que sea un matrimonio concertado, pero ¿ni siquiera 3 meses pudiste mantener tu cama vacía?

—¡Maldita perra!, No te pienso permitir que le hables de esa forma a mi mujer.

—¿Tu mujer?

Sólo fue una pregunta, sólo fueron dos palabras, sólo fue la voz de Marcus retumbando por la sala, para que todos comprendieran, que los muertos a veces regresan del más allá.

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