LOGINEste libro reúne historias cortas de romance prohibido, en las que la línea entre lo correcto y lo incorrecto se difumina cada vez más, hasta que ya no hay vuelta atrás.
View MoreMI HIJASTRO.
No sabía que Lucien había vuelto del campamento cuando llegué temprano del trabajo.
Llevaba el bolso bien sujeto en el pliegue de mi brazo derecho. Estaba a punto de meter la llave en la cerradura cuando noté que la puerta ya estaba abierta.
Kenny estaba de viaje de negocios y Lucien, su hijo, se suponía que estaba en el campamento.
Entré, me quité los tacones y el frío de las baldosas me recorrió las piernas desnudas.
Entonces lo vi. Lucien. Mi hijastro. Estaba de pie junto a la encimera, sin camisa, preparándose unos huevos revueltos en la cocina.
De espaldas a mí. Un metro noventa y tres de músculos duros y bien ganados tras años de entrenamientos intensos y carreras matutinas. Era muy musculoso y sólido, nada que ver con su padre.
Kenny era un hombre amable con una sonrisa cálida y dulce, pero Lucien era diferente. Solía ser distante, seco, arrogante. Sus ojos siempre tenían un tono oscuro, como una advertencia que no necesitaba palabras.
Los pantalones de chándal le caían bajos en las caderas, dejando ver la profunda V de sus abdominales, y su cabello negro azabache estaba revuelto, como si se hubiera pasado las manos sin cuidado.
Mirándolo desde atrás, viendo cómo sus hombros se flexionaban con cada movimiento, se me secó la boca.
Toda mi vida había buscado hombres dulces y gentiles. Pero el día que vi a Lucien, no hubo duda: él no era mi tipo.
Nada en él era dulce, gentil ni amable. Era todo lo contrario. Aun así, mi cuerpo siempre reaccionaba a él.
Me descubría mirándolo a escondidas, intentando llamar su atención de cualquier forma. Yo era solo cuatro años mayor que él, pero siempre me mantenía a distancia, lo cual era frustrante.
Hacía siete meses completos que me había casado con su padre. Siete meses de fantasías secretas en las que me tocaba en mi habitación imaginando sus manos rudas y fuertes sobre mí, esa voz profunda susurrándome cosas que ningún hijastro debería susurrarle a su madrastra.
—¿Anna? —Se giró para mirarme. La sorpresa cruzó su atractivo rostro antes de volver a una expresión neutra. Pero no antes de que pillara sus ojos recorriendo mi cuerpo rápidamente.
Llevaba una falda de cuero ajustada y una blusa de seda. La blusa se pegaba a mi cuerpo a la perfección, con el sujetador empujando mis tetas hacia arriba y mostrando un buen escote.
Mi cuerpo se tensó bajo su mirada, pero intenté disimularlo.
—Hola, Lucien —colgué el bolso en el perchero, intentando sonar casual a pesar de que el corazón me latía a mil—. No esperaba que volvieras este fin de semana.
—Pues sí. Hubo un problema en el sitio, así que cancelaron y reprogramaron.
—Vaya, qué fastidio.
Sirvió los huevos y los puso en la encimera, cruzando los brazos sobre el pecho. El movimiento hizo que sus bíceps se marcaran y no pude evitar quedarme mirándolos. Mi coño se contrajo con fuerza, recordándome cuánto necesitaba esas manos sobre mí.
—Has vuelto temprano hoy. ¿Algún problema en el trabajo? —me sacó de mis fantasías.
—No. Todo está bien. —No sé qué me pasó. Solo sabía que lo deseaba en ese momento. No quería esperar más.
Dejé caer las llaves al suelo justo delante de él.
—Ups —reí bajito, y me agaché lentamente a recogerlas, ofreciéndole una vista completa del curvado de mis tetas al inclinarme. Me incorporé despacio y lo pillé mirando mis pechos. Justo lo que quería.
Noté cómo tragaba saliva con dificultad y apartaba la mirada rápidamente, parpadeando varias veces.
—Papá dijo que estaría fuera un mes, ¿no? —intentó romper la tensión que se había vuelto espesa en solo unos segundos.
—Sí, supongo que eso nos da tiempo.
—¿Tiempo? ¿Para qué? —Se sentó frente a sus huevos revueltos, listo para comer, y se giró hacia mí esperando una respuesta.
—Para acercarnos un poco. Ya sabes… como madre e hijo —ronroneé mientras daba pasos firmes hacia él.
Su mandíbula se tensó. Parpadeó varias veces, como intentando procesar lo que acababa de decir.
—Deberías descansar. Debes estar cansada —bufó.
—No, no lo estoy —di otro paso. Ya estaba lo suficientemente cerca como para olerlo: sudor mezclado con su aroma único que llevaba meses persiguiéndome en mis fantasías.
Me miró con esos ojos oscuros, como advirtiéndome que me alejara, pero lo ignoré.
Le quité el tenedor de las manos, tomé un poco de su comida y me lo llevé a la boca sin dejar de mirarlo, con una sonrisa de puta en los labios. Estaba dispuesta a arriesgarlo todo. Quería saber hasta dónde me dejaría llegar.
Se quedó sentado, mirándome desde abajo, siguiendo el tenedor con la mirada hasta que entró en mi boca. Tragó con fuerza, con los ojos fijos en mis labios mientras masticaba.
—Anna —su voz sonó gruesa, entrecortada y cargada de advertencia al pronunciar mi nombre, haciendo que mi coño se contrajera violentamente.
—Sí, Lucien —respondí, colocando mi mano izquierda en su hombro y subiéndome lentamente a la silla con él. Coloqué una rodilla a cada lado de sus muslos, quedando frente a él.
Esperaba que reaccionara, que me detuviera, pero no lo hizo. Solo se quedó mirándome como si estuviera indefenso, como si no pudiera moverse. Sentí una oleada de adrenalina mientras me sentaba completamente en su regazo, con la falda subiéndose por mis muslos, y dejé el tenedor en el plato. Puse ambas manos a los lados de su cuello, mirándolo directamente a los ojos.
Empecé a mover las caderas lentamente contra él, de lado a lado y luego adelante y atrás, sintiendo su polla ya dura clavándose contra mis muslos internos.
—Anna, tú… —intentó hablar, respirando con dificultad. Le puse un dedo en los labios para callarlo.
—Shhh —ronroneé, inclinándome hacia adelante y capturando su labio inferior con los míos.
Chupé su labio inferior con urgencia, sin meter la lengua todavía, solo succionando, concentrada solo en ese labio.
Justo cuando él iba a entregarse al beso, me aparté. Sus manos volaron a mi cabeza de inmediato, sujetándome mientras su boca se estrellaba contra la mía. Sin advertencia, sin suavidad. Solo pura y sucia posesión. Su lengua invadió mis labios, lamiendo dentro de mí como si ya fuera dueño de cada centímetro.
Gemí antes de poder contenerme, saboreando huevo, sal y deseo puro. Mis manos se enredaron en su cabello y tiré con fuerza. Él gruñó contra mi boca y me mordió el labio inferior hasta que gemí.
Se apartó del beso, jadeando suavemente. Nos miramos durante tres segundos más antes de que nuestras bocas volvieran a chocar, intentando saciar nuestro hambre.
Sus grandes manos rudas tiraron con fuerza de ambos lados de mi blusa, haciendo que los botones saltaran por todo el suelo de la cocina.
El sujetador fue lo siguiente: lo abrió de un brutal tirón. Mis tetas se liberaron, rebotando pesadas. El aire fresco rozó mis pezones, que se endurecieron al instante.
Se apartó para mirarme las tetas sin aliento, como si fueran mejores de lo que había imaginado.
USANDO A MI HERMANASTRA 5.Jadeó y se estremeció ante mis palabras, el coño apretándose alrededor de mi polla mientras imaginaba la humillación y la excitación de que la pillara su marido. Sabía que lo tabú de la situación la estaba volviendo loca de lujuria.—Por favor, no digas eso… —suplicó en voz baja—. Joder, se siente demasiado bien…Gimió fuerte, el cuerpo temblando entre el miedo y la excitación ante la idea.Sabía que la excitaba. Podía sentirla contraerse a mi alrededor como si la idea de que papá entrara y la viera también la excitara tanto como a mí.Una puta absoluta.—Joder —maldecí entre dientes al salirme de golpe con un chasquido húmedo.Se desplomó sobre el mármol, respirando con dificultad mientras se giraba a mirarme, la
USANDO A MI HERMANASTRA 4.Jadeó y se estremeció ante mis palabras, el coño apretándose alrededor de mi polla mientras imaginaba la humillación y la excitación de que la pillara su marido. Sabía que lo tabú de la situación la estaba volviendo loca de lujuria.—Por favor, no digas eso… —suplicó en voz baja—. Joder, se siente demasiado bien…Gimió fuerte, el cuerpo temblando entre el miedo y la excitación ante la idea.Sabía que la excitaba. Podía sentirla contraerse a mi alrededor como si la idea de que papá entrara y la viera también la excitara tanto como a mí.Una puta absoluta.—Joder —maldecí entre dientes al salirme de golpe con un chasquido húmedo.Se desplomó sobre el mármol, respirando con dificultad mientras se giraba a mirarme, la
USANDO A MI HERMANASTRA 3.Sin previo aviso, me retiré y le di una fuerte nalgada en el culo. El sonido resonó por la cocina, seguido de su grito de sorpresa. Le froté la piel enrojecida, amasando sus mejillas regordetas antes de azotarla otra vez, más fuerte esta vez.—Quédate quieta —le recordé.Gimoteó mientras la azotaba una y otra vez, cada palmada dejando una marca roja brillante en su piel pálida.Le separé las nalgas y también le azoté los labios del coño, haciéndola saltar y gritar. Sus jugos empezaron a fluir todavía más abundantes.—Abre más las piernas…Obedeció al instante, abriendo más las piernas para mí, y aproveché para azotarle el coño más fuerte y más rápido.El sonido de mi mano chocando contra sus pliegues mojado
Sus caderas se mueven contra mí, frotando su coñito caliente contra mi boca hasta que me empapa la barbilla con sus jugos dulces.Gruño contra ella, la lengua trabajando cada vez más rápido en su clítoris y los dedos entrando y saliendo, hasta que sus gritos empiezan a ahogar toda la habitación. Paso la lengua una vez más por su clítoris duro, gimiendo contra ella mientras mis dedos empujan profundo, y de pronto ella explota.Grita cuando el orgasmo la atraviesa, las caderas saltando salvajemente de la cama contra mi boca exigente y las manos aferrando las sábanas con los nudillos blancos. Soy implacable, y además jodidamente adicto a su sabor, así que sigo jugueteando con la boca a través de todo su clímax, hasta que su cuerpo entero tiembla en la cama.Gimotea cuando me separo, el cuerpo temblando y el pecho subiendo y bajando mientras busca aire.&md












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