Se connecterAunque la mujer pasó en un abrir y cerrar de ojos, Sofía tenía buena vista y sabía que no se equivocaba.—¿Camila? ¿Ella también está aquí?Diego estaba totalmente confundido. Para cuando miró hacia la dirección que señalaba Sofía, allí ya solo quedaban los guardias de seguridad.—¡No, la que acaba de bajarse de ese auto es Camila! —exclamó Sofía con urgencia.Diego soltó una carcajada y dijo:—¿Acaso te volviste loca con la idea de ajustar cuentas con Camila? Incluso si ella viniera, ¿crees que tendría tanta presencia? Seguro viste mal.Al escuchar las palabras del hombre, Sofía también empezó a dudar de sí misma.Sin embargo, de inmediato se dio la vuelta y corrió hacia la zona de registro. Tal como sospechaba, la mujer estaba firmando su asistencia, rodeada de guardaespaldas y asistentes.—¡Camila!Como no podía acercarse, optó por gritar el nombre de la otra mujer con todas sus fuerzas.Camila escuchó vagamente que alguien la llamaba. La voz le resultaba un tanto familiar, así que
Diego ya se estaba arrepintiendo de haberla traído.Sofía de verdad no tenía ni un poco de cabeza. Con la situación actual de la familia Jiménez, ponerse a repartir tarjetas apenas llegar era básicamente buscar que la gente la mirara con desprecio.—Cuando entremos, los asientos estarán por zonas. No me quedaba de otra —respondió Sofía con cierto fastidio.Pero no estaba dispuesta a rendirse. Si ella no podía lograr nada, aún estaban su mamá y su abuela.Marina había sido en su momento una socialité muy famosa. Aunque durante todos estos años se había dedicado a quedarse en casa jugando las cartas, muchas de las amigas que había hecho en privado tenían maridos con bastante poder. Tal vez muchos evitaban a la familia Jiménez, pero con ella todavía guardaban algo de consideración.Y Doña Jiménez aún más podía sostener el prestigio de la familia.Cuando Don Jiménez estaba construyendo su imperio, había tratado con muchos inversionistas importantes de Puerto Azul. Siempre había sido genero
—Este... Señor Valerio, es usted demasiado amable.—No pasa nada. Yo mismo hablaré con tus padres. Al final son familia. Si ya regresaste, ¿qué hay que no se pueda aclarar conversando con calma?Las palabras de Sebastián hicieron que Laura se sonrojara levemente. Por cómo lo decía, parecía saber que ella tenía problemas con sus padres.—¿Usted sabe lo que pasa en mi familia?Sebastián no confirmó ni negó nada.—Tenía que hacer una verificación de antecedentes. En realidad solo era un trámite. Fui a hablar un momento con tus padres. No me dijeron mucho. Solo comentaron que cuando eras joven eras un poco impulsiva, que llevabas muchos años fuera de casa y que esperaban que yo pensara bien antes de dejarte entrar a la empresa.Los problemas familiares no se suelen ventilar ante extraños. Por supuesto, los padres de Laura no iban a andar contando la vida de su hija por ahí.Pero, por muy correctas que hubieran sonado sus palabras, su postura dejaba todo bastante claro.Durante años, Laura
Y también porque ya se habían conocido una vez por pura casualidad.Seis meses atrás, mientras visitaba una exposición de arte en Puerto Azul, Laura y él habían coincidido en comprar el mismo cuadro.La pintura trataba sobre niños en un orfanato y utilizaba colores muy llamativos para exagerar y reflejar su soledad.A Laura le atrajo la paleta de colores tan peculiar, pero ese no fue el caso de Sebastián.Incluso ahora recordaba lo que le había dicho en ese momento, la única razón por la que le gustaba ese cuadro era porque tenía una hermana menor a la que nunca había conocido.Años atrás, su madre la había dejado en un orfanato, y ahora él había viajado a Puerto Azul siguiendo el último deseo de su madre para buscarla.Pero había pasado tanto tiempo y tratar de encontrar a alguien en una ciudad tan grande sin ninguna pista era como buscar una aguja en un pajar.Sebastián había viajado varias veces sin éxito. Por casualidad, asistió a la exposición de un amigo y, al ver esa pintura sob
Al escuchar a Diego hablar así, la furia de Sofía disminuyó un poco.Ir a buscarle problemas a Camila solo serviría para desahogarse, pero únicamente si la familia Jiménez volvía a la cima lograrían que esa cualquiera se diera cuenta de quién era en realidad.¿De verdad creía que por haberles robado sus bienes ya podía cantar victoria?Aunque el celular de Camila no daba línea, el de Laura sí.Al llegar a casa, Sofía llamó de inmediato a Laura.Como no contestó a la primera, siguió llamando una y otra vez. Después de un bombardeo de llamadas, por fin le contestaron.—Sofía, más te vale que algo sea importante.En cuanto se estableció la conexión, la voz de Laura, que denotaba un ligero enfado, se escuchó con claridad.Sofía resopló con desdén y dijo:—Claro que es algo importante. Pero aunque no lo fuera, sigues siendo la nuera de la familia Jiménez, así que si te llamo, tienes que contestar, y más te vale hablarme con respeto.Del otro lado se escuchaba mucho ruido, parecía que Laura
A lo sumo, había perdido una fuente de apoyo.Sin embargo, su paciencia con Sofía se estaba agotando cada vez más.Para ser honesto, Sofía solo era medio bonita, y de su capacidad profesional mejor ni hablar. Esa niña mimada no había trabajado ni un solo día de su vida después de terminar la escuela.En cambio, desde que se casaron, él había empezado a ver a Camila con otros ojos.Era hermosa, capaz y, además, una excelente esposa.Cuando Camila rompió relaciones con la familia Jiménez, Diego pensó que solo era un berrinche de su parte. Pero ahora veía que Camila era una mujer que amaba con intensidad y odiaba con la misma fuerza, alguien que no se andaba con juegos.Aunque una mujer así podía ser intimidante, también despertaba el instinto de conquista en cualquier hombre. El arrepentimiento que mostraba Alejandro en ese momento era la mejor prueba de ello.Diego a veces pensaba que, si hubiera tenido a una mujer así a su lado desde el principio, tal vez le habría importado un comino
—¿No será...? —el ceño de Alejandro se contrajo, ni siquiera se atrevía a pensarlo—. ¿La familia Díaz?—¿La familia Díaz, los más ricos? —Marina corrió enseguida hasta el lado de Julián, con una luz incrédula brillándole en los ojos—. Julián, ¿de verdad son ellos?—Así es —respondió Julián con tono
¿Quién va al supermercado y se lleva los productos estante por estante?También notó que había varias personas siguiéndolos, mirando las cosas en su carrito. Era evidente que les habían quitado lo que querían comprar.—Disculpen, llévense esto ustedes.Camila devolvió los productos de inmediato al v
—Huevos fritos, tocino, un poco de ensalada y pan tostado.Camila sintió que el ritmo de su corazón se desordenaba. Intentó disimular bajando la vista, pero terminó enfocándose en lo que no debía, el escote de su camisa abierta y el movimiento pausado de su garganta al pasar saliva.—Ajá.Gabriel re
Camila temía que las lágrimas la traicionaran, así que bajó la cabeza de inmediato.—Has hecho tantas cosas por mí que ya no sé qué podría hacer yo por ti.Al escucharla, Gabriel por fin se sintió tranquilo.—No te preocupes. Habrá cosas que sí puedas hacer por mí. Cuando llegue el momento, te lo di







