تسجيل الدخولLa mano de Liam se cerró con más fuerza alrededor de la cintura de Anna, sujetándola como si temiera que pudiera desaparecer en cuanto la soltara. Anna rodeó su cuello con los brazos y lo atrajo más hacia ella.Ahora estaban en el dormitorio, bajo la tenue luz de una lámpara que proyectaba sombras suaves sobre las paredes. Anna yacía debajo de él, con la respiración cada vez más entrecortada y el pecho subiendo y bajando con mayor rapidez a cada segundo que pasaba.—Te quiero, Honey… —murmuró Liam con voz grave y ronca, cargada con todo aquello que había estado reprimiendo.Sin esperar una respuesta, inclinó la cabeza y capturó sus labios.El beso fue profundo, cargado de emoción. No era solo deseo. Había anhelo en él, y algo mucho más profundo, algo que Liam jamás había sabido expresar con palabras.Anna no dudó en corresponderle.Sus dedos se enredaron en el cabello de Liam, aferrándose a él como si temiera que aquel momento pudiera escapársele. Cerró los ojos y se dejó envolver por
—¡Doctora Anna! —la llamó Nina, apresurándose detrás de ella justo cuando Anna estaba a punto de entrar en su despacho.El sonido de sus pasos apresurados resonó por el pasillo del hospital, que comenzaba a quedar en silencio mientras caía la noche. Detrás de ella, Erika caminaba a un ritmo más tranquilo, aunque se dirigía hacia el mismo lugar.Anna se detuvo y se giró, alzando ligeramente una ceja.—¿Qué ocurre? —preguntó.Nina se detuvo frente a ella y respiró profundamente para recuperar el aliento antes de hablar. Había una expresión esperanzada en su rostro.—¿Tiene planes para esta noche, doctora? Erika y yo vamos a salir a cenar. ¿Quiere venir con nosotras?Anna esbozó una pequeña sonrisa, aunque un destello de reticencia cruzó sus ojos.—Creo que esta noche no podré. Lo siento.La expresión de Nina decayó por un instante, pero Erika le dio un suave codazo.—Está bien, doctora. Habrá otra oportunidad —dijo con naturalidad.Nina, que nunca se rendía tan fácilmente, entrecerró lo
—Buenos días —dijo Liam mientras Anna abría lentamente los ojos.—Buenos días —respondió ella, con la voz todavía ligeramente ronca. Parpadeó varias veces, intentando deshacerse de los últimos vestigios del sueño—. ¿Llevas mucho despierto?—Unos cinco minutos —respondió Liam con naturalidad. Luego, como si acabara de recordarlo, añadió—: Por cierto, perdón por lo de anoche. El ramo era de rosas rojas, no blancas.Anna sonrió suavemente.—No pasa nada. Me gustan.Y fue entonces, en aquel tranquilo instante, cuando comprendió que no era el color de las flores lo que realmente le importaba… sino quién se las había regalado.Liam se inclinó y depositó un breve beso en sus labios. Cálido, suave, apenas un instante antes de apartarse.—Voy a ducharme —dijo mientras salía de la cama.Anna simplemente asintió, siguiendo con la mirada su espalda hasta que desapareció tras la puerta del baño.—Hoy necesito comer bastante… Tengo tres cirugías programadas —murmuró Anna mientras entraba al comedor
Cuando Anna abrió la puerta de su habitación, una cálida sonrisa apareció de inmediato en su rostro. Sobre la cama descansaba un hermoso ramo de rosas rojas, con los pétalos frescos y fragantes, como si acabaran de ser recogidos. Sus pasos se volvieron más ligeros mientras se acercaba, y sus dedos se extendieron con cuidado para tomar el ramo.Entre los tallos había una pequeña tarjeta. Anna la abrió lentamente.Solo había una palabra escrita:“Perdón.”Y, aun así, de alguna manera, aquella sencilla palabra hizo que su sonrisa se ensanchara todavía más, llenándole el pecho de una calidez que no sabía explicar.Sin pensarlo, Anna tomó su teléfono, le hizo una foto al ramo y se la envió a Liam.“Ya estoy en casa.”El mensaje fue enviado mientras una sonrisa seguía dibujándose en sus labios. Anna soltó una pequeña risita.“Es un poco lindo”, murmuró para sí misma.Pero no se quedó ahí. Anna también publicó la foto en sus redes sociales. No añadió ninguna palabra, solo un sencillo emoji d
Anna caminaba lentamente hacia su despacho después de atender a su último paciente. El cansancio comenzaba a apoderarse de su cuerpo, instándola a tomarse unos minutos para descansar antes de continuar con su ronda. El pasillo del hospital, que antes había estado lleno de actividad, se encontraba mucho más tranquilo. Solo el suave eco de sus pasos rompía el silencio.Justo cuando puso la mano sobre el pomo y abrió la puerta, una mano la agarró de repente y tiró de ella hacia el interior. La puerta se cerró de golpe, seguida por el nítido sonido de la cerradura.Anna soltó un jadeo, con la respiración entrecortada. Estuvo a punto de gritar, hasta que sus ojos se encontraron con el hombre que tenía delante.—¡Liam! —exclamó, golpeándole instintivamente el pecho.Estaba acorralada entre la pared y los brazos de él, completamente atrapada.—¿Qué haces aquí? —preguntó, todavía sobresaltada.—¿Tu ex puede venir a verte, pero tu marido no? —respondió Liam con frialdad.La intensidad de su mi
—Rendy, ¿por qué estás tan inquieto? ¿Acaso no te gusta acompañarme a mi revisión? —preguntó Lusi, con un dejo de irritación en la voz. Frunció el ceño, como si intentara encontrar una respuesta que él se empeñaba en no darle. Rendy soltó el aire lentamente. La mano con la que sujetaba el teléfono tembló ligeramente. —¿Por qué últimamente estás siendo tan insoportable? Las palabras salieron de su boca antes de que pudiera detenerlas, y el ambiente entre ambos se volvió gélido al instante. —¿Qué quieres decir con eso? —respondió Lusi. Su voz sonaba suave, pero temblorosa. Sus ojos se humedecieron y sus labios comenzaron a temblar mientras luchaba por contener las lágrimas. —He estado callado todo este tiempo y tú no paras de acusarme de cosas que no son ciertas. Pero en cuanto digo algo, resulta que ahora eres tú la que se siente herida —dijo Rendy con voz baja, aunque firme. Lusi rompió a llorar. Bajó la cabeza y sus hombros comenzaron a sacudirse. —Lo siento… Sé que he estado s







