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Capítulo 5

Author: Amaro Duero
Para entonces, además de un cadáver falso, no le dejaré ningún otro recuerdo. Apenas terminé de quemarlo todo, Matías llegó justo a tiempo para ver la escena.

—Amor, ¿qué estás quemando?

Al ver los restos de joyas entre las cenizas, sus ojos se tensaron de golpe.

—¿No son las cosas que te regalé? ¿Por qué las quemaste?

Lo miré con total calma, y le respondí:

—Ya no me gustan, así que las quemé.

Pero no era solo eso lo que había dejado de gustarme, también él. Pensé que al escuchar eso se enojaría. Pero, para mi sorpresa, no solo no se molestó, sino que sonrió con ternura y me rozó la punta de la nariz.

—Si no te gustan, entonces quémalas. Mañana te llevo a comprar otras nuevas. De paso, elegimos el vestido para la fiesta de aniversario.

Su sonrisa era cálida, como siempre. Antes me hubiera hecho latir el corazón. Pero ahora, por dentro no podía dejar de burlarme. Matías parecía haber olvidado el acuerdo que hicimos en el pasado.

Habíamos dicho que, si algún día uno de los dos quería separarse, no hacía falta decir nada, bastaba con destruir todos nuestros recuerdos. Y ahora, eso era exactamente lo que estaba haciendo. Pero a él no parecía importarle en lo más mínimo. Era evidente que lo había olvidado, o tal vez simplemente estaba demasiado seguro de sí mismo. Hasta el punto que creía que había ocultado todo tan bien que yo jamás lo descubriría.

Pero fuera cual fuera la razón, ya no importaba. Nuestros recuerdos ya se habían convertido en cenizas. Y lo nuestro también había terminado. Mientras estaba distraída, Matías de pronto me rodeó con sus brazos y hundió el rostro en mi cuello.

—Estos días te he hecho sufrir… lo siento. Es mi culpa. Cuando pase esta etapa, te compensaré bien como se debe.

De no ser por el rastro de ese perfume barato, inconfundiblemente de Victoria, que aún llevaba encima, quizás habría creído sus mentiras. Contuve el asco y forcé una leve sonrisa.

—Está bien.

Tomé su teléfono y programé una alarma para dentro de dos días, a las dos de la tarde. Matías me miró, curioso.

—Amor, ¿esto es…?

Sonreí y le dije:

—Cuando suene, recibirás la sorpresa que te preparé.

Al oír eso, sus ojos se iluminaron. Me abrazó y empezó a girar conmigo.

—¿Es mi regalo de aniversario? ¡Lo espero con ansias!

Lo miré fijamente.

—Yo también lo espero.

Pero lo que yo esperaba era verlo perder la razón frente a mi cadáver.

Al día siguiente, muy temprano, Matías me despertó para salir. Fuimos de compras, tuvimos una cita y hasta fuimos al cine. Parecía que quería compensarme, porque durante todo el día no se separó de mí ni un instante, como si fuera mi sombra.

Cuando fuimos a elegir el vestido, la dependienta no dejaba de halagarnos.

—Hacen una pareja perfecta, de verdad… son el uno para el otro.

Incluso sacó la pieza más exclusiva de la tienda para que me la probara. El vestido era deslumbrante, estaba cubierto de perlas y diamantes, tan brillante que incluso yo, acostumbrada a ver todo tipo de lujos, no pude evitar quedarme mirándolo.

La dependienta entusiasmada nos explicó:

—Este vestido está confeccionado con hilos de oro y diamantes rosados de altísimo valor. Solo en diamantes, lleva 9,999 piezas. Por eso se llama “Único Amor”. Su precio es de nueve millones…

Antes de que terminara, Matías ya había sacado su tarjeta negra y se la entregó.

—Lo compro. Es para mi esposa.

La dependienta tomó la tarjeta con una sonrisa, mirándome con evidente envidia.

—Señora Cárdenas, el señor realmente la adora.
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