LOGIN—Antes fui un ciego que no supo valorarte, ¿me darías otra oportunidad?Sentí un rechazo inmediato, tanto que hasta se me torció la boca. ¿En serio estuve tan ciega como para enamorarme de un tipo así? Pero antes de que pudiera rechazarlo, Matías también se puso ansioso. Me sujetó de la otra mano y empezó a enumerar todo lo que yo había hecho por él, incluso sacó el dije de jade que le había regalado.—Elena, ¿recuerdas esto? Cuando tuve aquella fiebre alta, subiste más de mil escalones, arrodillándote uno por uno, solo para conseguir este amuleto bendecido para mí. Elena, lo admito, es verdad que al principio sí te utilicé, pero después me di cuenta de que realmente me había enamorado de ti. Cinco años de matrimonio… ¿de verdad puedes tirarlos así como así?El estómago se me revolvió, y sentí ganas de vomitar. De verdad que había sido una tonta, ¿cómo se me ocurrió buscar pareja en la basura? Y para colmo, estos dos hermanos me trajeron como tonta de un lado a otro.En ese momento
Sin darme tiempo a reaccionar, me subió el pantalón y, al ver la cicatriz en mi pantorrilla, sus ojos se enrojecieron al instante. Con la voz un poco ronca, me dijo:—Elena… qué cruel fuiste conmigo. ¿Sabes cómo he vivido estos tres años? No he podido dormir ni comer bien. Pensaba en ti todas las noches… incluso hubo veces en que quise morir para ir a buscarte. Elena, lo siento, nunca debí utilizarte, ha sido mi culpa. Pero lo que sentía por ti era real, eso nunca fue mentira. Ya castigué a Victoria como se merece. Además la bloqueé y la borré; te prometo que no volveré a tener más ningún contacto con ella. ¿Puedes perdonarme por esta vez… y volver conmigo?Mientras hablaba, tomó mi mano con cuidado. Y en el momento en que sus dedos tocaron los míos, la aparté con desdén.—Matías, no importa quién sea, para mí, lo nuestro ya no tiene vuelta atrás. Hace mucho que dejamos de tener cualquier relación.Sus ojos se enrojecieron aún más. Con la voz entrecortada, dijo:—¿Cómo que no tene
A Victoria, de tantas bofetadas, le sangraba la boca. Pero también se enfureció y respondió sin contenerse:—¿Y ahora me echas la culpa? ¿No eras tú el que venía rogando, y suplicando ser mi perrito faldero? Cuando Elena estaba viva no la supiste valorar. Ibas de una en otra… y ahora que está muerta te arrepientes. ¡Eres un hipócrita!Apenas se publicó el video, causó un escándalo enorme. Todo el mundo se enteró de que Matías había sido infiel durante el matrimonio. La opinión pública dio un giro total, y esos mismos que antes lo defendían, ahora lo insultaban sin piedad.[¿De qué vas, fingiendo ser un hombre enamorado? ¡Das asco!][Tal para cual, un imbécil y una cualquiera.][Asqueroso, bien hecho que Elena te haya dejado!]Y cuando el escándalo aún no terminaba, Adrián también apareció y no tardó en convertirse en tendencia. Al ver el video, y enterarse en las noticias de lo ocurrido, regresó de su viaje de trabajo de inmediato. Y en la puerta de la casa, los tres terminaron f
Después de llegar a Lunavia, empecé desde cero. Con mi nueva identidad como Renata Montoya, envié currículums, busqué trabajo y comencé una nueva vida.Antes de enredarme con los hermanos Cárdenas, yo también había sido una diseñadora talentosa, muy valorada por mi tutor. Tenía un don natural para el diseño. Lástima que, en ese entonces, estaba completamente cegada por el amor, y por culpa de ellos dejé pasar grandes oportunidades.Durante la época en que perseguía a Adrián, mi tutor quiso darme una plaza para estudiar en el extranjero. Pero yo, completamente obsesionada con él, la rechacé sin dudar. Y el día en que Matías me propuso matrimonio, mi tutor volvió a tenderme la mano. Me invitó a unirme a su equipo y seguir desarrollándome en el diseño. Pero yo me dejé engañar por sus palabras bonitas.Quería quedarme a su lado, formar un hogar con él. Así que, una vez más, rechacé la oportunidad.Ahora que lo pienso, fui increíblemente tonta. Por suerte, aún tenía una segunda oportuni
Contesté la llamada, pero sin querer activé el altavoz y, la voz del otro lado se escuchó claramente:—Señorita Montoya, todo está listo. Solo falta su firma. Una vez firme, podrá irse con total tranquilidad.Al oír eso, Matías se detuvo en seco. Dio media vuelta y me tomó de la mano.—¿Irte? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Te vas a ir?Le sonreí.—No pienses de más. Es una amiga que se va del país, solo la estoy ayudando con unos trámites.Al escuchar mi explicación, soltó un suspiro de alivio. Me miró fijamente, como si quisiera decir algo. Dudó por un momento pero al final, volvió a elegir a Victoria.En realidad, bastaba con que hubiera insistido un poco más, o simplemente hubiera tomado mi teléfono para revisar. Entonces habría descubierto que no estaba tramitando ningún viaje al extranjero, sino que se trataba de mi plan de desaparecer… pero no lo hizo; Y mejor así. De ese modo, podía irme sin ninguna carga.Después de que se fueran, tomé un taxi hacia el centro donde se enc
Matías me miraba con una sonrisa radiante.—No es solo un vestido. Incluso si mi esposa lo deseara, y me pidiera la luna, yo sería capaz de bajársela del cielo.Mientras hablaba, ya me había entregado el vestido para que fuera a probármelo. Pero en ese momento, Victoria también entró a la tienda. Al verla, sus dedos se tensaron ligeramente, y su mirada se desvió, casi sin darse cuenta, hacia la puerta.Eran tan evidentes. ¿Por qué no me había dado cuenta antes? Pensándolo bien, las señales siempre habían estado ahí. En cada reunión familiar, la mirada de Matías siempre estaba sobre ella.Hubo una vez, cuando Adrián estaba de viaje, Victoria se quedó en nuestra casa. Esa noche hubo una tormenta eléctrica y, apenas sonó el trueno, él se levantó de golpe y corrió a su habitación, cubriéndole los oídos y abrazándola para consolarla. Dijo que, como su hermano no estaba, él debía cuidarla. Pero olvidó algo. Yo también le tenía miedo a los truenos. Y esa noche, me quedé acurrucada, tembla







