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Capítulo 7

Author: Amaro Duero
Contesté la llamada, pero sin querer activé el altavoz y, la voz del otro lado se escuchó claramente:

—Señorita Montoya, todo está listo. Solo falta su firma. Una vez firme, podrá irse con total tranquilidad.

Al oír eso, Matías se detuvo en seco. Dio media vuelta y me tomó de la mano.

—¿Irte? ¿Qué quieres decir con eso? ¿Te vas a ir?

Le sonreí.

—No pienses de más. Es una amiga que se va del país, solo la estoy ayudando con unos trámites.

Al escuchar mi explicación, soltó un suspiro de alivio. Me miró fijamente, como si quisiera decir algo. Dudó por un momento pero al final, volvió a elegir a Victoria.

En realidad, bastaba con que hubiera insistido un poco más, o simplemente hubiera tomado mi teléfono para revisar. Entonces habría descubierto que no estaba tramitando ningún viaje al extranjero, sino que se trataba de mi plan de desaparecer… pero no lo hizo; Y mejor así. De ese modo, podía irme sin ninguna carga.

Después de que se fueran, tomé un taxi hacia el centro donde se encargarían de todo. Cuando vi el cuerpo de silicona —idéntico a mí hasta en la textura de la piel— no pude evitar sorprenderme por lo impecable de su trabajo.

Mientras estaba distraída, me entregaron un contrato.

—Señorita Montoya, ya reservamos su vuelo a Lunavia y eliminamos todos sus datos de identidad. El cuerpo está listo y, ese día, según su solicitud, lo haremos caer desde la azotea del salón de eventos. Después de eso… en este mundo ya no existirá Elena Montoya. Solo existirá Renata Montoya. Si está segura, firme aquí.

Renata Montoya, es el nuevo nombre que elegí para mí. Significa renacer, convertirme en mi propia luz.

En ese momento, Victoria publicó algo en redes:

[Con solo decir que lo quería… fuiste y lo compraste para mí.]

En la foto aparecía, claramente, el vestido que Matías decía haber devuelto. Solté una risa sarcástica y firmé sin dudar.

Y finalmente, llegó el día de nuestro quinto aniversario.Matías y yo estábamos siguiendo el programa del evento según lo planeado cuando, de repente, dijo que le dolía la barriga y se retiró a mitad de todo. Al segundo, recibí un mensaje de Victoria:

[Ven al vestidor.]

De todas formas, ya me iba a ir y no había nada que me pudiera detener. Así que fui y, a través de la puerta entreabierta, los vi. Victoria llevaba puesto mi vestido y estaba besándose con Matías, completamente entregados.

—Todos estos años, debiste haber sufrido mucho al verme vivir tan feliz—dijo ella.

Las orejas de Matías se sonrojaron.

—Mientras tú lo quieras, yo estoy dispuesto a hacer lo que sea para dártelo.

Los observé muy seria, saqué mi teléfono y grabé todo en silencio. Cuando guardé el video, ya casi era la hora de mi vuelo. Así que me quité el vestido y se lo entregué a quienes se encargarían de mi desaparición, para que se lo pusieran al cuerpo falso que ya teníamos preparado. Luego tomé un taxi de regreso a casa. Dejé sobre la mesa la carta de despedida, los papeles de divorcio y las capturas de pantalla de los mensajes provocadores de Victoria.

Después de hacer todo eso, tomé mi maleta y me fui sin mirar atrás.

Apenas llegué al aeropuerto, la noticia de mi “muerte” ya estaba en todos los titulares. En el video, se podía ver claramente el momento en el que supuestamente “yo” caía desde lo alto, el rostro de Matías se quedó completamente pálido. Solté una risa fría, sin ningún remordimiento y apagué el teléfono y me subí al avión.

Matías… a partir de ahora, en este mundo ya no existe Elena Montoya; solo existe Renata Montoya. Y esta vez, seré mi propia estrella. Ojalá no volvamos a vernos nunca más.
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