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Capítulo 4

Author: Amaro Duero
Después de eso, quizás al notar que estaba demasiado callada, Matías intentó sacar conversación una y otra vez. Pero yo solo respondía con indiferencia. No pasó mucho tiempo antes de que su teléfono sonara.

Aunque giró el teléfono ligeramente para contestar, intentando evitar que viera la pantalla, el reflejo en el cristal de la ventanilla lo delató. Ahí estaba, la foto de un pequeño conejito, que Victoria tenía como fondo de pantalla de su chat.

[Matías, la tubería en la casa se rompió… estoy completamente empapada. ¿Puedes venir?]

Al leer el mensaje, tragó en seco, visiblemente tenso. Pero al notar que yo estaba ahí, apagó la pantalla de inmediato y me sonrió, intentando ocultar la culpa que cruzó fugazmente por sus ojos.

Desde ese momento, se volvió evidente que ya no estaba concentrado. Varias veces estuvo a punto de pasarse un semáforo en rojo y, cuando íbamos a mitad del camino, frenó de repente y me miró con culpabilidad.

—Amor, surgió algo urgente en la empresa. ¿Qué tal si tomas un taxi y te vas a casa primero? En cuanto termine, regreso a acompañarte, ¿sí?

Sonaba como una pregunta pero claramente no lo era. Antes de que pudiera responder, ya había bajado del auto, abrió mi puerta y me dejó a un lado de la carretera antes de arrancar de vuelta sin mirar atrás.

Me quedé observando el humo que dejaba el coche al alejarse y, sentí una amargura difícil de describir. Él parecía haber olvidado que estábamos en las afueras… y que, con la nieve cayendo, era prácticamente imposible conseguir un taxi.

Hubo un tiempo en que creí que él era mi salvación. Después de todo, se había peleado por mí hasta romperse tres costillas. Incluso había bebido en mi lugar hasta provocarse una hemorragia estomacal. Recordaba cada una de mis fechas… y sus redes sociales estaban llenas de mí. Sus amigos se burlaban, diciendo que estaba completamente loco de amor por mí.

Y sin embargo, quien me salvó fue él, y quien volvió a empujarme al abismo también fue él.

El día que caímos al agua, todo había sido planeado por Victoria. Ella me arrastró a la piscina y luego me acusó falsamente de haberla empujado. Yo luchaba desesperadamente en el agua, trataba de explicarme pero lo único que recibí fue la mirada fría de Matías y, su espalda mientras nadaba hacia ella. Su engaño y su traición me dolieron incluso más que el rechazo indiferente de Adrián.

Al final, sin poder conseguir un taxi, solo pude caminar de regreso a casa poco a poco, bajo el viento y la nieve.

Apenas llegué, recibí un mensaje de Victoria. Había muchas fotos, fotos de Matías dormido y otras de ambos en situaciones íntimas.

[Elena, ¿de qué te sirve ser tan bonita? Al final, no eres más que un reemplazo; solo recoges mi basura.]

Cada palabra era una provocación. Y aunque ya estaba preparada mentalmente, al ver esas imágenes mis ojos se enrojecieron sin poder evitarlo. Una sensación de dolor e injusticia me envolvió por completo, pero aun así, me obligué a ver todos los mensajes que me había enviado.

Luego, froté mis ojos, cansados de tanto llorar y, apagué el teléfono… después entré a la casa para empezar a hacer mi equipaje.

Había demasiadas cosas, me tomó dos horas organizar todo. Pero al final, solo guardé unas cuantas mudas de ropa en la maleta. El resto lo arrojé todo a la chimenea que aún estaba apagada.

Entre esas cosas estaban las noventa y nueve cartas de amor que él había escrito a mano para mí, con una letra torpe pero llena de sentimientos. También la corona que mandó a diseñar especialmente para mí, prometiendo convertirme en su princesa y las perlas del Mar del Sur que compró en una subasta a un precio exorbitante, jurando que estaríamos juntos hasta envejecer.

Después de eso, encendí el fuego y lo reduje todo a cenizas. Si iba a fingir mi muerte para desaparecer de su vida… entonces debía borrar por completo cualquier rastro de mi existencia aquí.
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