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Capítulo 5

Autor: Paz Maré
last update Fecha de publicación: 2026-09-27 09:27:18

El eco de los últimos pasos se apagó en la galería cuando el último invitado finalmente abandonó la mansión. Un silencio pesado, casi solemne, envolvía los salones que pocas horas antes rebosaban de música, risas y brindis.

Evelina, agotada pero aún envuelta en el vértigo de emociones, caminó en silencio por el pasillo principal. La habitación asignada a la nueva marquesa se encontraba en el ala este, apartada del resto de las estancias familiares. Allí la esperaba su doncella, dispuesta a prepararla para la noche que, según las expectativas del protocolo y la tradición, sellaría su unión con el heredero de Blackmoor.

La habitación estaba iluminada por la suave luz de los candelabros. Cortinas de encaje cubrían los ventanales, y una tenue fragancia de jazmín flotaba en el aire. Su doncella, Margaret, la ayudó a quitarse el vestido de novia y colocarse su ajuar de seda blanca, delicadamente bordado.

—¿Estás lista, mi lady? —preguntó Margaret, cepillando con cuidado el largo cabello de Evelina.

—Lista… es una palabra muy fuerte —respondió con un suspiro, observándose en el espejo.

Antes de que pudiera añadir algo más, un golpe suave en la puerta interrumpió la quietud. Margaret se acercó con cautela y abrió. Del otro lado, todavía vestido con su traje de gala pero con el rostro enrojecido y un evidente estado de embriaguez, se encontraba el duque de Blackmoor.

—Buenas noches. ¿Puedo hablar a solas con mi nuera? Traigo un obsequio —dijo con su habitual tono cortés, aunque su presencia imponía más que tranquilizaba.

Evelina, sorprendida, se puso de pie.

—Claro, excelencia —dijo Margaret con una rápida reverencia. Miró brevemente a Evelina, como buscando su aprobación. La joven asintió, y la doncella salió cerrando la puerta tras ella.

—No quiero molestarte, Evelina —dijo el duque, caminando con lentitud hacia ella—. Esta noche es especial, y como muestra de mi aprecio… quería entregarte algo que ha pertenecido a mi familia por generaciones.

Abrió una pequeña caja de terciopelo y, en su interior, brilló una gargantilla de diamantes.

—Perteneció a mi difunta esposa. Y ahora, es tuya.

Evelina la observó, atónita por el gesto.

—Es… es hermosa, excelencia. No sé qué decir…

—Déjame ponértela yo mismo —dijo, dando un paso más cerca.

Ella, aún incrédula, se giró dándole la espalda y se recogió el cabello. El duque colocó con destreza la joya alrededor de su cuello, pero cuando la cerró, sus manos no se retiraron. Se quedaron allí, firmes, sobre sus hombros.

—¿Sabes? Esta joya representa poder, belleza… y posesión —susurró él, su voz muy cerca de su oído.

Evelina se tensó.

—No entiendo…

—No tengas miedo —susurró él, acariciando su cuello—. Pronto lo entenderás.

Sus manos comenzaron a descender lentamente por sus brazos hasta su cintura, acariciándola con una lentitud medida. Evelina sintió cómo el aire abandonaba sus pulmones.

—¿Qué está haciendo? —preguntó, con voz trémula.

—Evitando un error —susurró él contra su oído—. No puedo permitir que Nathaniel te toque. Esa oportunidad me pertenece. Llevo cuatro años esperándote, Evelina. Cuatro años soñando con este momento. Y no permitiré que mi hijo me quite lo que tanto he deseado. Tú darás herederos a Blackmoor, sí, pero serán mis hijos, no los de él.

Ella intentó apartarse, pero el duque la sostuvo con más fuerza.

—¡Suélteme! —gritó, forcejeando.

Él la empujó contra la pared suavemente al principio, pero su fuerza aumentó cuando Evelina trató de liberarse con desesperación. La bata de seda se deslizó un poco por su hombro al forcejear, y la joya en su cuello centelleó bajo la luz de las velas.

—No luches. Será más fácil si no lo haces —murmuró, presionándola contra la pared.

—¡NO! —exclamó Evelina, usando toda la fuerza que tenía para empujarlo con ambos brazos, pero él apenas se movió. Las lágrimas comenzaban a acumularse en sus ojos.

—¡Nathaniel! —gritó, con un hilo de voz cargado de pánico.

El duque la sujetó con fuerza por la muñeca.

—Grita cuanto quieras, nadie vendrá. Esta ala está vacía…

Pero no sabía que, del otro lado de la puerta, una joven doncella corría por el pasillo en dirección al heredero de Blackmoor…

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