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Capítulo 94

Author: Paz Maré
last update publish date: 2026-10-27 23:15:30

El padre de Evelina permaneció en Blackmoor Hall durante una semana, antes de regresar a Londres para atender sus asuntos. Por su parte, Aurelia emprendió un viaje a Escocia, alegando que necesitaba un «cambio de aire». Con el paso de los días, la vida en la mansión recuperó una tranquilidad que durante demasiado tiempo les había sido ajena.

Los meses transcurrieron sin sobresaltos. El vientre de Evelina fue creciendo y el embarazo avanzó favorablemente, bajo la atenta mirada d
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  • Destino Impuesto   Epílogo

    Evelina permanecía sentada, con la espalda apoyada en el respaldo de la cama, su hija dormida entre los brazos, mientras la ternura y la maravilla se reflejaban en su rostro. Había rechazado la idea de contratar una nodriza. Quería alimentar a su hija por sí misma, vivir cada instante de la maternidad y sentir cada latido y cada suspiro de su pequeña. Su pequeña llevaba veinticuatro horas de vida y ya era la alegría de la casa. Lydia y Celia discutieron sobre quién debía cuidar a la bebé, ante la mirada atónita de Nathaniel y Evelina. Ellas aseguraron que estaban completamente capacitadas para hacer de niñeras, pero cuando llegó el momento de cambiarle la ropa salieron corriendo de la habitación, alegando que no estaban preparadas para tal responsabilidad. Isolda estuvo muy atenta con los dos padres, e incluso se ofreció a quedarse con la pequeña en lo que Evelina se daba un baño. Aurelia, que había regresado hace una semana de sus viajes, se mostró muy emocionada por la nueva

  • Destino Impuesto   Capítulo 95

    El médico comenzó a dar instrucciones para preparar la habitación y, cuando estuvo dispuesto a atender a Evelina, se dirigió al marqués. —Milord, necesito espacio para trabajar. Le agradecería que esperase fuera mientras atiendo a su esposa. Nathaniel lo miró con incredulidad. —No pienso salir. —Comprendo su preocupación, pero su presencia podría dificultar mi trabajo. Este es un momento delicado y necesito que siga mis indicaciones. —Entonces las seguiré. Me quedaré donde usted me diga, pero no voy a abandonarla. El médico abrió la boca para replicar, pero Evelina estrechó la mano de su esposo. —Por favor… déjelo quedarse. El doctor observó a la joven y después al marqués. Finalmente, accedió con un suspiro. —Muy bien. Puede permanecer a su lado, siempre que no interfiera cuando necesite atenderla. —Así lo haré —respondió Nathaniel sin vacilar. Margaret ayudó a Evelina a ac

  • Destino Impuesto   Capítulo 94

    El padre de Evelina permaneció en Blackmoor Hall durante una semana, antes de regresar a Londres para atender sus asuntos. Por su parte, Aurelia emprendió un viaje a Escocia, alegando que necesitaba un «cambio de aire». Con el paso de los días, la vida en la mansión recuperó una tranquilidad que durante demasiado tiempo les había sido ajena. Los meses transcurrieron sin sobresaltos. El vientre de Evelina fue creciendo y el embarazo avanzó favorablemente, bajo la atenta mirada de Nathaniel. Por insistencia suya, el médico acudía con regularidad para comprobar que todo marchara bien. Y cuando la gestación se acercó a sus últimas semanas, Nathaniel tomó una decisión que apenas admitía discusión: el médico se alojaría en Blackmoor Hall hasta que naciera el bebé. —No puedes pretender que el pobre hombre abandone su casa durante semanas —le comentó Evelina una tarde, divertida por la determinación de su esposo. —No le he pedido que lo haga dura

  • Destino Impuesto   Capítulo 93

    El silencio amable de la sala fue interrumpido por un golpecito en la puerta. Un criado se asomó, con el rostro serio. —Milord —dijo inclinándose—, ha llegado el abogado del difunto duque de Blackmoor. Solicita audiencia con el nuevo duque. Nathaniel, que hasta entonces se hallaba de pie junto a la ventana, bebiendo su té con expresión pensativa, se volvió despacio. Dejó la taza con cuidado sobre la mesa de centro y, al pasar tras el sillón donde Evelina reposaba, inclinó la cabeza hacia ella. Le susurró unas palabras apenas audibles, a las que Evelina respondió con un leve asentimiento. Nathaniel rozó entonces la coronilla de su cabeza con un beso breve, antes de enderezarse y dirigirse hacia la puerta. El conde, testigo del gesto, enarcó apenas una ceja. Recordaba con claridad el recelo con que su hija había recibido en un inicio la idea de aquel matrimonio. Esperó unos segundos en silencio, dejando que la puerta se cerrara detrás del joven,

  • Destino Impuesto   Capítulo 92

    El cielo gris de aquel verano inglés parecía una premonición, aunque el sol se esforzaba por filtrarse entre las nubes mientras los invitados llegaban a la capilla familiar. La entrada se llenaba de carruajes y criados de luto riguroso, cada gesto medido, cada reverencia calculada según la etiqueta que exigía la nobleza. Dentro de la capilla, el féretro de roble descansaba rodeado de coronas de flores blancas y lilas, el escudo de armas de los Blackmoor recordando a todos su estatus y linaje. Para la mayoría de los presentes, el difunto duque era un hombre respetable, un pilar de la nobleza, un ejemplo a seguir. Evelina permanecía a la sombra de su esposo, los ojos fijos en el féretro. Su padre, el conde de Fairburn, llegó con pasos firmes, y al verla, la emoción lo venció: la abrazó con fuerza, consciente de que habían pasado meses sin verse. Fue un instante breve, discreto, pero cargado de afecto contenido. Aurelia, con su semblante pálido, se manten

  • Destino Impuesto   Capítulo 91

    Isolda lo miró, contrariada, la frente ligeramente fruncida. —Nathaniel… no es necesario que me pida tal cosa por un sentimiento de deuda. Yo nunca esperé… Él la interrumpió, adelantando un paso y sosteniendo su mirada con firmeza. —No le estoy pidiendo que se quede por deber, ni por gratitud. Se lo pido porque no puedo imaginar esta casa sin usted. Por un instante, la compostura de Isolda vaciló; la seguridad que siempre la acompañaba se quebró en un silencio cargado de significados. Isolda lo miraba como si no reconociera al joven que había crecido bajo aquel mismo techo. Nathaniel, conmovido por esa mirada entre incrédula y recelosa, dio un paso hacia ella y, sin pensarlo, tomó sus manos entre las suyas. El contacto la sobresaltó: nunca antes él había buscado ese gesto. —Isolda… —murmuró, la voz grave pero temblorosa—. Durante años la traté con frialdad, con dureza… con injusticia. Usted lo sabe mejor que yo. No podí

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