LOGINPunto de vista de VanessaLos neumáticos chirriaron contra la grava del camino de entrada, lanzando piedrecillas por los aires, mientras estacionaba el Porsche de golpe detrás del Maybach negro de Damon.Las puertas principales de la finca estaban abiertas de par en par.No me molesté en agarrar mi bolso. Abrí la puerta del coche de un empujón y subí corriendo los escalones de piedra caliza, con los tacones resonando frenéticamente. En el gran vestíbulo, dos lacayos permanecían inmóviles junto a las columnas, con el rostro pálido, mientras el ama de llaves retorcía su delantal al pie de la escalera de caracol.En el rellano de arriba, Damon ya estaba bajando.Se había quitado la corbata, tenía los primeros botones de la camisa desabrochados y el pelo oscuro revuelto. En la mano que no tenía lastimada sujetaba el pequeño abrigo rosa de invierno de Chloe y una carpeta de manila repleta de expedientes de la clínica. Llevaba a Chloe agarrada de su pequeña muñeca, prácticamente arrastrándo
Punto de vista de VanessaEl invernadero privado en la residencia de Eleanor era sofocante, cargado con el olor penetrante de la tierra húmeda y las orquídeas blancas.Había conducido directamente desde nuestra finca, con las manos aún temblando sobre el volante tras mi pelea con Damon. En mi mente, Eleanor era mi única línea de defensa que me quedaba. Hacía apenas una hora, había visto a Damon amenazar con excluirla del fideicomiso, tratando a la matriarca de la dinastía Blackwood como una molestia cualquiera solo porque se había atrevido a mencionar el honor de la familia. Yo había intervenido, intentando suplicarle, recordándole quién era Eleanor, y lo único que conseguí fue que volviera ese mismo veneno frío contra mí.Esperaba que Eleanor estuviera tan alterada como yo. Esperaba que convocara a los abogados de la familia, que exigiera la presencia de Damon, que le recordara a su hijo que ninguna mujer de su pasado tenía derecho a desmantelar el legado familiar. En cambio, Eleanor
**Punto de vista de Damon**Las pesadas puertas de roble del ala principal se abrieron de golpe antes de que pudiera terminar de abrocharme los puños de mi camisa color carbón.Vanessa estaba en el umbral, ya vestida con un ajustado vestido azul marino, las perlas atrapando la luz de la mañana, el rostro tallado en porcelana y bilis.—Amenazaste a tu madre —dijo. No era una pregunta. Su voz era plana, cortante, cargada de toda esa fría autoridad que tanto le gustaba exhibir ante el personal de la casa—. Me llamó a mi línea privada llorando, Damon. ¿Le dijiste a la matriarca de esta familia que le prohibirías la entrada a la propiedad?No me detuve. Alcancé mis gemelos de plata sobre el tocador y deslicé el primer pasador en su sitio sin mirarla.—Mi madre necesita aprender los límites de mi casa. Y tú también.—¿Tu casa? —Vanessa dio dos pasos secos hacia el interior de la habitación, y el aroma de su perfume de jazmín sofocó la quietud—. Esta casa se sostiene sobre el apellido Blackw
**Perspectiva de Damon**El sol de la mañana se arrastraba por el amplio techo de mi dormitorio, áspero y frío.Vanessa y yo habíamos dejado de compartir cama hacía meses. Ahora ocupábamos extremos opuestos de la planta superior, cruzándonos en los pasillos como educados desconocidos obligados a habitar el mismo museo. A mí me parecía bien. El silencio de mi ala era pesado, pero mejor que la tensión asfixiante que parecía seguirla a cada habitación.Me tumbé de espaldas, viendo las motas de polvo flotar en la luz. El vendaje blanco alrededor de mi palma palpitaba con un escozor sordo y persistente allí donde el cristal me había cortado hondo la noche anterior.Mis pensamientos seguían regresando cinco años atrás, sin invitación y afilados.Aún recordaba la expresión exacta del rostro de Mara la noche en que salió de esta casa. En aquel entonces, cuando Vanessa se presentó en nuestra casa asegurando que llevaba a mi bebé, Mara no me había combatido con veneno. Se había quedado en medio
**Maras Perspektive**Oben im Kinderzimmer war es endlich still.Es hatte zwei zusätzliche Gutenachtgeschichten gebraucht und einen Blick unter beide Betten, um Liam und Adriel davon zu überzeugen, dass sich kein „böser Mann" in ihrem Zimmer versteckte. Als ich ihre Tür schloss, hielt Adriel seinen Stoffhasen im Arm, und Liam schlief tief und fest, seine Buntstifte ordentlich mit den Kappen verschlossen auf dem Nachttisch.Ich ging hinunter in die Bibliothek im Erdgeschoss und fand Ethan am Schreibtisch stehen.Er hatte sein Sakko abgelegt und die Ärmel seines schiefergrauen Hemdes bis zu den Ellbogen hochgekrempelt. In der Hand hielt er ein Glas Bourbon, völlig entspannt, trotz der bewaffneten Wachen vor den Toren der Villa.„Schlafen sie?", fragte Ethan leise.„Endlich", seufzte ich und ließ mich aufs Sofa sinken. Ich rieb mir die Stirn, die Erschöpfung des Nachmittags holte mich ein. „Adriel hat gefragt, ob wir auf dem Weg zum Kindergarten von jetzt an die Eisdiele meiden können."
**Perspectiva de Damon**Las pesadas puertas de roble de la entrada de la mansión se cerraron a mis espaldas con un gemido, y el pestillo hizo clic con la rotundidad de la celda de una prisión.Arrojé las llaves sobre la bandeja de plata del vestíbulo. La casa estaba asfixiantemente silenciosa y olía levemente a caoba pulida y a lirios frescos.Tenía el cuello abierto y la corbata metida en el bolsillo del abrigo. Mis rodillas aún conservaban el fantasma de aquel pavimento duro y sucio, un dolor que nada tenía que ver con los huesos y todo con el orgullo.—No llevaste tu coche al garaje de la oficina.La voz de Vanessa llegó flotando desde el arco del salón formal.No me giré de inmediato. Respiré hondo y eché los hombros hacia atrás para forzar una compostura que no sentía. Cuando por fin la miré, estaba de pie con los brazos cruzados sobre una blusa de seda marfil confeccionada a medida, la postura rígida y la mirada clavada en







