LOGINEl engaño destruyó su corazón; el poder de su tío destruirá su orgullo. Abigail entregó cinco años de su vida a Brandon, creyendo en sus promesas de amor eterno. Todo se derrumbó una semana antes de su boda, al descubrirlo en la cama con su mejor amiga. Humillada y con el corazón roto, Abigail huye, decidida a no ser una víctima. La oportunidad de vengarse aparece de la forma más inesperada y peligrosa: Sebastian Laurent. Sebastian es el patriarca de la familia, un magnate implacable, frío y el tío multimillonario de Brandon. Él necesita una esposa de conveniencia para asegurar el control total del imperio familiar. Ella necesita un aliado lo suficientemente poderoso como para hacer temblar a su ex prometido. El trato es simple: un matrimonio falso de un año. Sin sentimientos. Sin intimidad. Sin embargo, cuando Brandon ve a su ex prometida del brazo del hombre al que más teme y respeta, el caos estalla. Lo que comenzó como un frío acuerdo de negocios se transforma en un juego de seducción oscuro y posesivo. Sebastian no planea dejar ir a su nueva esposa, y Abigail descubrirá que la venganza es un plato que se sirve frío... y en la cama del tío.
View MorePOV: SebastianNo conseguía encontrar un solo lugar de aquella suite donde mi cabeza dejara de recordarme que Abigail ya no estaba allí. Habían pasado horas desde que vi el coche alejarse por las calles de Manhattan, llevándosela lejos de mí, y aun así seguía esperando escuchar sus pasos al otro lado de la puerta. Caminaba de un lado a otro por el salón, con las manos hundidas en los bolsillos de mi pantalón, incapaz de quedarme quieto durante más de unos segundos. Había intentado sentarme, revisar algunos documentos e incluso distraerme con el teléfono, pero nada conseguía apartar de mi cabeza la imagen de ella marchándose.Lo que más me atormentaba no era haberla dejado marcharse, sino imaginar lo que debía estar pensando de mí. No soportaba la idea de que Abigail creyera que había sido un reemplazo de Elena. Cuando la conocí, su parecido sí me había golpeado. Durante unos segundos me devolvió una nostalgia que llevaba años evitando, pero aquello terminó ahí. Abigail no era Elena. N
Avancé por el pasillo de madera con una mano apoyada sobre la baranda, todavía intentando despejar la cabeza. Tenía el estómago vacío y, aunque no me apetecía comer, sabía que debía hacerlo. Ya no podía pensar únicamente en lo que había ocurrido con Sebastian. Había alguien más que dependía de mí, y esa pequeña vida dentro de mi vientre merecía que hiciera el esfuerzo de cuidarme. Al llegar a la cocina, encontré a mi padre terminando de colocar unas tazas sobre la encimera. El olor a café recién preparado llenaba el espacio y, al verme, dejó lo que estaba haciendo para mirarme con atención.—Te preparé un poco de pan y fruta, Abigail —dijo, señalando la comida que había dejado sobre la mesa—. Después de tantas horas de carretera, necesitas comer algo antes de hacer cualquier otra cosa. Tengo que salir un rato a revisar los cercados y hablar con los trabajadores antes de que se haga más tarde. No debería tardar demasiado. ¿Estarás bien mientras estoy fuera?—Ve tranquilo, papá —respond
Después de varias horas de carretera, el coche se detuvo finalmente frente a la casa de mi infancia. Habíamos dejado Manhattan muchas horas atrás, junto con la tormenta y todo lo que había ocurrido aquella noche. Miré a través del cristal tintado y sentí que el pecho se me aflojaba al reconocer la casa que se alzaba frente a nosotros. Los primeros rayos del amanecer bañaban la fachada con una luz dorada, iluminando el porche, las ventanas y la llanura que se extendía alrededor. Era exactamente como la recordaba, y contemplarla después de todo lo ocurrido me hizo sentir que, al menos por unas horas, podía dejar atrás el mundo que acababa de romperse.El aire fresco del norte entró en cuanto Marcus abrió la puerta trasera, y durante un instante cerré los ojos para sentirlo. Los escoltas se mantuvieron cerca mientras comenzaban a sacar nuestras maletas del vehículo. Sebastian había dejado instrucciones para que nos acompañaran durante el trayecto, y aunque ya estábamos lejos del hotel, a
Durante unos segundos, el salón de invitados quedó sumido en una calma extraña después de todo lo ocurrido. Me separé despacio del pecho de mi padre y respiré profundamente, intentando recomponerme antes de volver a salir de aquella habitación. Anthony me observó con atención, recorriendo mis ojos hinchados antes de inclinarse para tomar las asas de nuestras maletas. No preguntó nada. Simplemente se encargó de preparar nuestra partida mientras yo intentaba reunir el valor suficiente para abandonar aquella habitación y no mirar atrás.—¿Estás lista, mi niña? —me preguntó mi padre, buscando mis ojos con cariño—. Si ya decidiste marcharte conmigo, no tenemos que quedarnos aquí más tiempo del necesario. El coche debe estar esperándonos abajo y todavía nos queda un largo camino hasta casa. No quiero que cambies de opinión por miedo a lo que pueda pasar después. Si esto es lo que necesitas ahora, yo voy a acompañarte.—No quiero seguir aquí, papá —respondí, acomodándome el abrigo sobre los












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