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Capítulo 81: El poder de la influencia

مؤلف: Cece Walken
last update تاريخ النشر: 2026-08-18 12:31:16

La cerradura electrónica emitió un clic detrás de mí y, al girarme, vi que la puerta había quedado completamente cerrada. Frente a mí se encontraba la pequeña oficina lateral de la mansión, revestida de madera oscura y apenas iluminada por la claridad gris que entraba desde el exterior. A través del panel de cristal que daba al salón principal, todavía podía distinguir al abuelo Maximilian. Permanecía de pie, apoyado en su bastón, siguiendo cada movimiento desde el otro lado del cristal con una
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    POV: SebastianNo conseguía encontrar un solo lugar de aquella suite donde mi cabeza dejara de recordarme que Abigail ya no estaba allí. Habían pasado horas desde que vi el coche alejarse por las calles de Manhattan, llevándosela lejos de mí, y aun así seguía esperando escuchar sus pasos al otro lado de la puerta. Caminaba de un lado a otro por el salón, con las manos hundidas en los bolsillos de mi pantalón, incapaz de quedarme quieto durante más de unos segundos. Había intentado sentarme, revisar algunos documentos e incluso distraerme con el teléfono, pero nada conseguía apartar de mi cabeza la imagen de ella marchándose.Lo que más me atormentaba no era haberla dejado marcharse, sino imaginar lo que debía estar pensando de mí. No soportaba la idea de que Abigail creyera que había sido un reemplazo de Elena. Cuando la conocí, su parecido sí me había golpeado. Durante unos segundos me devolvió una nostalgia que llevaba años evitando, pero aquello terminó ahí. Abigail no era Elena. N

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    Avancé por el pasillo de madera con una mano apoyada sobre la baranda, todavía intentando despejar la cabeza. Tenía el estómago vacío y, aunque no me apetecía comer, sabía que debía hacerlo. Ya no podía pensar únicamente en lo que había ocurrido con Sebastian. Había alguien más que dependía de mí, y esa pequeña vida dentro de mi vientre merecía que hiciera el esfuerzo de cuidarme. Al llegar a la cocina, encontré a mi padre terminando de colocar unas tazas sobre la encimera. El olor a café recién preparado llenaba el espacio y, al verme, dejó lo que estaba haciendo para mirarme con atención.—Te preparé un poco de pan y fruta, Abigail —dijo, señalando la comida que había dejado sobre la mesa—. Después de tantas horas de carretera, necesitas comer algo antes de hacer cualquier otra cosa. Tengo que salir un rato a revisar los cercados y hablar con los trabajadores antes de que se haga más tarde. No debería tardar demasiado. ¿Estarás bien mientras estoy fuera?—Ve tranquilo, papá —respond

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    Después de varias horas de carretera, el coche se detuvo finalmente frente a la casa de mi infancia. Habíamos dejado Manhattan muchas horas atrás, junto con la tormenta y todo lo que había ocurrido aquella noche. Miré a través del cristal tintado y sentí que el pecho se me aflojaba al reconocer la casa que se alzaba frente a nosotros. Los primeros rayos del amanecer bañaban la fachada con una luz dorada, iluminando el porche, las ventanas y la llanura que se extendía alrededor. Era exactamente como la recordaba, y contemplarla después de todo lo ocurrido me hizo sentir que, al menos por unas horas, podía dejar atrás el mundo que acababa de romperse.El aire fresco del norte entró en cuanto Marcus abrió la puerta trasera, y durante un instante cerré los ojos para sentirlo. Los escoltas se mantuvieron cerca mientras comenzaban a sacar nuestras maletas del vehículo. Sebastian había dejado instrucciones para que nos acompañaran durante el trayecto, y aunque ya estábamos lejos del hotel, a

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    Durante unos segundos, el salón de invitados quedó sumido en una calma extraña después de todo lo ocurrido. Me separé despacio del pecho de mi padre y respiré profundamente, intentando recomponerme antes de volver a salir de aquella habitación. Anthony me observó con atención, recorriendo mis ojos hinchados antes de inclinarse para tomar las asas de nuestras maletas. No preguntó nada. Simplemente se encargó de preparar nuestra partida mientras yo intentaba reunir el valor suficiente para abandonar aquella habitación y no mirar atrás.—¿Estás lista, mi niña? —me preguntó mi padre, buscando mis ojos con cariño—. Si ya decidiste marcharte conmigo, no tenemos que quedarnos aquí más tiempo del necesario. El coche debe estar esperándonos abajo y todavía nos queda un largo camino hasta casa. No quiero que cambies de opinión por miedo a lo que pueda pasar después. Si esto es lo que necesitas ahora, yo voy a acompañarte.—No quiero seguir aquí, papá —respondí, acomodándome el abrigo sobre los

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    —Ya me voy, Sebastian —dije, reuniendo el poco valor que me quedaba—. Necesito estar lejos de ti durante un tiempo. Mi padre me espera y voy a marcharme con él esta misma noche. No sé qué pasará después de esto, pero ahora mismo no puedo quedarme aquí y fingir que todo sigue igual.Fue en ese preciso segundo cuando el corazón del hombre que tenía frente a mí pareció romperse de una manera que me resultó casi insoportable. Sebastian acortó la distancia con un paso desesperado, quedando detrás de mí antes de que pudiera alcanzar la salida del dormitorio. Sus manos grandes y cálidas se posaron sobre mis hombros, deteniéndome con cuidado, mientras su respiración entrecortada dejaba escapar todo el miedo que intentaba ocultar.Se colocó frente a mí con un movimiento rápido, tomó mi rostro entre sus manos con una delicadeza que me desarmó y apoyó su frente contra la mía. Cerró los ojos y permaneció así unos segundos, como si necesitara reunir fuerzas para aceptar que realmente estaba a punt

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    —Me prometiste que no me dejarías, Abigail —dijo Sebastian, avanzando un paso hacia mí antes de detenerse.Permanecía frente a mí, en medio de nuestra habitación, con los hombros tensos y las manos abiertas a los costados. Sus ojos grises, que tantas veces había visto tranquilos incluso en los momentos más difíciles, estaban llenos de una angustia que no intentaba esconder. Ya no quedaba mucho del hombre seguro que conocía. Parecía agotado, como si aquella conversación estuviera arrancándole algo que llevaba demasiado tiempo guardando. Y verlo así me dolió más de lo que quería admitir.Sostuve su mirada mientras sentía que algo dentro de mí volvía a romperse. Quería creerle. Una parte de mí deseaba acercarse, olvidar la fotografía y dejar que me abrazara como tantas otras veces. Pero no podía hacerlo. Di un paso hacia él, aunque mantuve la distancia que todavía necesitaba.—Eso fue antes de saber la verdad, Sebastian —respondí, tragando el nudo que tenía en la garganta—. Antes de entr

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