ANMELDENElla regresó a la comisaría con un solo pensamiento que se negaba a abandonar su mente.
Las once y diecisiete. No porque la hora en sí fuera inusual, sino porque Elias Park la había recordado con absoluta precisión. Se sentó en su escritorio y volvió a abrir el expediente. Mia Laurent, veinticuatro años, modelo y miembro de la alta sociedad, encontrada muerta dentro del penthouse privado de Elias Park. Ella observó fijamente la fotografía de la víctima. La habitación había sido manipulada, pero quien lo hubiera hecho no había sido descuidado. El asesino había entendido exactamente qué buscarían los investigadores y había organizado la escena en consecuencia. La lámpara rota. La silla volcada. La copa de vino hecha añicos. El pendiente de perla desaparecido. El lápiz labial en la segunda copa. Todo sugería un encuentro entre Mia y alguien más. Pero había una cosa que Ella no podía ignorar. La violencia parecía fabricada. No había habido una lucha real. Ningún intento desesperado de escapar. Y, sobre todo, ninguna herida defensiva. Alguien había querido que los investigadores creyeran que había ocurrido una discusión que terminó en asesinato. Pero ¿por qué Elias? Ella se inclinó hacia delante. Sabía una cosa con certeza. La respuesta tenía que estar en algún lugar de la vida de la víctima. Su teléfono sonó. —Harrison. —¿Sigues en la oficina? —Sí. —¿No te has ido a casa? —¿Alguna vez me has visto abandonar una investigación por asesinato sin terminarla? Él suspiró. —No. Por eso te llamo. —¿Qué encontraste? —Terminamos de revisar los registros financieros de Mia. Ella se incorporó. —¿Y? —Hay varias transferencias inexplicables. —¿Cuánto? —Lo suficiente para hacer la situación interesante. —Envíamelas. Unos segundos después, los documentos aparecieron en su pantalla. Ella los revisó y sus ojos se detuvieron. —¿Qué es esto? —Eso es lo que estamos intentando averiguar. Las transferencias procedían de tres cuentas diferentes y todas terminaban conduciendo a una empresa registrada en el extranjero. Ella hizo clic sobre la información. —¿Quién es el propietario de la empresa? —Está oculta detrás de una estructura de sociedades. —Encuentra al verdadero propietario. —Estamos trabajando en ello. Ella continuó desplazándose por la pantalla. Entonces encontró algo más. Una serie de pagos había sido realizada a Mia durante las seis semanas anteriores. Los montos aumentaban cada vez. Ella miró a Harrison. —¿Mia estaba chantajeando a alguien? —No lo sabemos. —Entonces averígualo. Terminó la llamada y volvió a mirar la pantalla. Mia había estado recibiendo dinero de alguien. Pero todavía no había pruebas de que Elias le hubiera pagado. De hecho, nada vinculaba financieramente a Elias con Mia. Eso hacía que el asesinato fuera aún más extraño. Ella se recostó. Alguien se había esforzado mucho por colocar a Mia dentro del penthouse de Elias Park. Y ahora había otra pregunta. ¿Por qué Elias había dado una hora tan precisa para su supuesta salida? 11:17. Volvió a abrir los registros del hotel. La hora estaba allí. Pero también había algo más. El registro no demostraba que Elias hubiera abandonado realmente el hotel. Solo registraba un movimiento. Ella miró fijamente la pantalla. Un movimiento no era una salida. Hizo una anotación y cerró el expediente. Por ahora, las 11:17 seguían siendo solamente una marca de tiempo. Nada más. Al menos, eso era lo que se decía a sí misma. ⸻ Elias Park no estaba teniendo un buen día. Su equipo legal había pasado la tarde lidiando con los medios. La junta directiva quería garantías. Su departamento de seguridad se había visto obligado a revisar cada punto de acceso del hotel. Y su empresa ya había perdido millones en negocios proyectados después de que los rumores sobre el asesinato comenzaran a circular. Sin embargo, ninguno de esos problemas le preocupaba tanto como la fotografía que descansaba sobre su escritorio. Mia Laurent. La había conocido tres semanas atrás, cuando ella se acercó a él durante una gala benéfica. Él la había rechazado de manera educada, firme y pública. Al parecer, eso había sido suficiente para enfadarla. Elias había rechazado a otras mujeres antes, pero nunca había esperado que una de ellas terminara muerta. La puerta se abrió y Stephen Cho entró. —¿Me buscabas? —Sí. Stephen colocó una carpeta sobre el escritorio. —La cronología. Elias la abrió. —¿Estás seguro? —Sí. —¿Recibiste mi llamada a las 11:14? —Sí. —¿Y el sistema registra movimiento a las 11:17? Stephen asintió. —Eso dice el informe. Elias lo miró. —¿No me viste salir? Stephen vaciló. —No. La expresión de Elias se endureció. —Entonces no lo escribas como un hecho. Stephen bajó la mirada hacia el informe. —Entendido. Elias volvió a mirar la cronología. 11:17. El sistema del hotel había registrado que entró en un ascensor exactamente a las 11:18. Después, el sistema de vigilancia se había apagado. Y había vuelto a funcionar exactamente a las 11:41. La secuencia parecía impecable. Demasiado impecable. Elias no era detective, pero podía reconocer un informe falsificado cuando veía uno. Años en el mundo empresarial le habían enseñado eso. —¿Quién verificó las grabaciones? —El equipo de seguridad del hotel. —¿Daniel Mercer? —Sí. La mandíbula de Elias se tensó. —¿Y qué hay del apagón? —Lo llaman una falla del sistema. —¿Tú te lo crees? Stephen lo miró. —No, señor. Elias cerró la carpeta. —Yo tampoco. La cronología les daba a los policías algo que parecía una prueba. Pero no lo era. Todavía no. Los registros demostraban movimiento, pero no demostraban dónde había estado antes o después. Y esa distinción le preocupaba más de lo que quería admitir. —¿Algo más? Stephen vaciló. —La junta pregunta si existe un motivo personal. Elias levantó la mirada. —¿Qué les dijiste? —Que no lo sabemos. —Bien. Stephen asintió. —Una cosa más, señor. La detective Whitmore está aquí para verlo. Elias se recostó. —¿Cuándo llegó? —Hace casi una hora. Sigue esperando en el vestíbulo. Una expresión apenas perceptible cruzó su rostro. Ella. Había estado pensando en ella más de lo que debería. No por la noche que habían compartido. Al menos, eso era lo que se decía a sí mismo. Era porque ella era diferente. Lo había mirado dentro de la escena del asesinato sin reconocerlo hasta que él habló. Y cuando descubrió quién era, no se puso nerviosa. No se impresionó. Simplemente lo trató como a un sospechoso. Él respetaba eso. Quizá más de lo que debería. ⸻ Ella llegó a la oficina de Elias poco después. La recepcionista la condujo al interior. Elias estaba de pie junto a las ventanas cuando ella entró. Se giró. Durante un momento, ninguno habló. Ella cerró la puerta. —Necesito respuestas. —Supuse que por eso viniste. Colocó el expediente sobre su escritorio. —Mia Laurent. La expresión de Elias se endureció. —¿Qué pasa con ella? —He estado investigando sus antecedentes. —¿Y? —Recibía dinero de una empresa offshore. Elias frunció el ceño. —No lo sabía. —Te creo. Sus cejas se elevaron ligeramente. —¿Me crees? —Sobre eso. Ella abrió el expediente. —También hay fotografías de ella siguiéndote durante la gala benéfica. —Las he visto. —La rechazaste. —Sí. —Públicamente. —Sí. —¿Por qué? —Porque se acercó a mí. —¿Y? —Le dije que no estaba interesado. Ella estudió su rostro. —¿Cómo reaccionó? —Estaba avergonzada. —¿Enfadada? —Mucho. —¿Te amenazó? —No. Ella hizo una pausa y escribió algo en su libreta. La respuesta importaba. —¿Estás seguro? —Sí. —¿Sabía dónde estaba tu suite privada? —Podría haberlo descubierto. —¿Alguna vez te visitó allí? —No que yo sepa. Ella cerró el expediente. —Entonces tengo otra pregunta. Elias esperó. —¿Tienes a alguien en mente? Su expresión cambió. Entendió exactamente lo que ella quería decir porque él también había pensado en ello. Quien hubiera hecho aquello debía odiarlo lo suficiente. Alguien con los recursos necesarios para organizar un asesinato. Alguien capaz de manipular personas y pruebas. Elias caminó hacia su escritorio. Permaneció en silencio durante varios segundos. Entonces pronunció un nombre. —Seraphina Voss. Ella lo observó cuidadosamente. —¿Por qué ella? —Lleva años intentando acercarse a mí. —¿Cómo? —A través de negocios, eventos sociales y conexiones familiares. —¿Y tú la rechazaste? —Sí. —¿Públicamente? —Varias veces. Los ojos de Ella se entrecerraron. —¿Qué tiene de diferente? Elias miró hacia la ventana. —La familia Voss no acepta bien el rechazo. Ella conocía el nombre. Casi todo el mundo de sus círculos lo conocía. La familia Voss tenía una riqueza que se extendía por continentes y una influencia que alcanzaba lugares de los que la gente respetable prefería no hablar. Pero la riqueza por sí sola no era una prueba. —Eso no es suficiente para acusarla. —Lo sé. —Entonces, ¿por qué ella? Elias se volvió hacia ella. —Porque Mia no era la única mujer con la que ella tenía un problema. Ella se quedó inmóvil. —¿Qué quieres decir? —Seraphina vio a Mia hablando conmigo durante la gala. —¿Y? —La confrontó. —¿Dónde? —Fuera del salón de baile. —¿Lo presenciaste? —No. —Entonces, ¿cómo lo sabes? —Porque Mia me lo contó. Los ojos de Ella se agudizaron. —¿Cuándo? —Al día siguiente. —¿Qué dijo? Elias hizo una pausa. —Dijo que Seraphina le advirtió que se mantuviera alejada de mí. Ella abrió lentamente su libreta y volvió a escribir. —¿Esas fueron sus palabras exactas? —No recuerdo la frase exacta. —Pero recuerdas la advertencia. —Sí. Ella lo anotó. —¿Por qué no se lo dijiste a la policía? —Porque no pensé que fuera importante. —Alguien está muerto, Elias. Todo es importante. —Ahora lo entiendo. Ella lo estudió. No había arrogancia en su expresión. Solo frustración. Odiaba no saber. Eso era evidente. —Dijiste que Seraphina lleva años persiguiéndote. —Sí. —¿Alguna vez te pidió que te casaras con ella? La mandíbula de Elias se tensó. —Sí. —¿Y? —Me negué. —¿Por qué? —Porque no quiero un matrimonio construido alrededor del poder. El bolígrafo de Ella se detuvo. Por primera vez, algo casi personal entró en su voz. —No me caso por negocios. Ella tomó nota mentalmente de aquello. Lo miró. Ninguno habló durante varios segundos. Entonces cerró su libreta. —Voy a investigar a Seraphina Voss. Elias asintió. —Pero no lo haré porque tú la nombraste. —Lo sé. —Lo haré porque hay suficientes elementos a su alrededor que justifican una investigación. —Entiendo. Ella tomó el expediente. Entonces se detuvo. —Lo que haya ocurrido entre nosotros no tiene nada que ver con esta investigación. La mirada de Elias no se apartó de la suya. —Estoy de acuerdo. —Bien. Abrió la puerta. Entonces su voz volvió a detenerla. —Ella. Ella se quedó inmóvil. Era la primera vez que él decía su nombre. Se giró lentamente. La expresión de Elias era ilegible. —Eres muy buena en lo que haces. Ella lo observó durante un momento. —Por eso eres un sospechoso. Una leve sonrisa apareció en sus labios. —Ya empezaba a preguntármelo. Ella salió. La puerta se cerró detrás de ella. Elias permaneció inmóvil. Por primera vez desde el asesinato, sintió algo peligrosamente parecido a la esperanza. No porque Ella le creyera. No lo hacía. Sino porque había escuchado. Y, en algún lugar bajo todas las pruebas que apuntaban hacia él, ella había visto lo mismo que él había visto desde el principio. Alguien había diseñado aquel crimen.Ella se despertó con el acuerdo firmado en su mesita de noche.Por varios segundos, simplemente lo miró.La habitación estaba tranquila. La luz de la mañana cortaba limpio a través del piso de roble, atrapando el borde dorado de la carpeta donde estaba sobre mármol. Todo lo demás era perfecto. Demasiado perfecto.Seis meses.Había firmado un acuerdo para casarse con un hombre que había conocido por primera vez sin saber su nombre. Un hombre que se convirtió en sospechoso de asesinato en menos de 24 horas de conocerlo.Un hombre con el que ya se había acostado antes de saber cualquiera de esas cosas sobre él.Los solteros más elegibles de la ciudad, oo ¡incluso piensas que es un puto multimillonario!Ella se sentó lentamente, el edredón acumulándose alrededor de su cintura."¿Qué he hecho?"La pregunta no era aterradora, era irritante. Porque sabía exactamente lo que había hecho.Había tomado una decisión y Ella Whitmore odiaba arrepentirse de sus decisiones.Alcanzó el acuerdo. La cub
"Has cambiado algo."Ella fingió no entender. "¿Qué?""Tu ropa.""Me cambié de ropa.""No así."Sus labios se torcieron. "Como no estoy trabajando, se me permite recordar que soy una mujer."Sus ojos se oscurecieron. "Eso es bueno.""¿Qué?""Estaba empezando a pensar que la detective se había tragado entera a Ella Whitmore.""Ella aún existe.""Puedo ver eso." Su mirada cayó de nuevo, solo brevemente, antes de contenerse.Ella de repente deseó haber elegido algo menos efectivo. No porque lamentara el vestido. Porque estaba funcionando demasiado bien."Te ves hermosa."El cumplido era simple. La forma en que lo dijo no lo era."Gracias.""¿Eso es todo?""¿Qué más debería decir?""No sé." Dio un paso hacia ella. "Te estás volviendo muy confiada.""Siempre fui confiada.""No. Siempre estuviste protegida."Las palabras golpearon más cerca de lo que le gustaba, cruzó los brazos, lo que solo empeoró."Quizás decidí que estaba cansada de estar protegida.""¿Esta noche?""Quizás."Su mirada v
Ella esperaba resistencia.Esperaba que Elias Park mirara su propuesta, se riera en su cara, y le dijera que finalmente había perdido lo que quedaba de su buen juicio.Lo que no había esperado era silencio.Han pasado tres días, tres días sin una llamada, tres días sin un mensaje.Tres días en los que Ella repetidamente se dijo a sí misma que no le importaba si el arrogante multimillonario aceptaba su ridícula proposición.Y tres días en los que revisó su teléfono mucho más a menudo de lo que le importaba admitir.En la cuarta mañana, su teléfono sonó, Elias. Miró su nombre hasta el segundo timbre."¿Hola?" Exhaló, su voz sorprendentemente calmada para alguien abrumada con ansiedad hace pocos minutos."Buenos días." Su voz era calmada, exasperantemente calmada."¿Entonces?""¿Entonces qué?""Sabes exactamente qué."Una pausa. Podía escuchar la sonrisa en su voz, "Quería escucharte preguntar."Ella cerró los ojos, Por supuesto que sí, "Tu respuesta, Elias.""Sí."Sus ojos se abrieron,
El aire en el restaurante de repente se sintió pesado para Ella porque está dejando entrar más de lo que debería pero luego continuó de todos modos."No quiero que mi padre catalogue cada decisión privada que tome."Elias asintió lentamente."Justo."Lo estudió. "No has dicho que no.""Tampoco he dicho que sí.""Lo sé."Se inclinó hacia adelante lo suficiente para que ella tuviera que quedarse quieta para no inclinarse hacia atrás."¿Por qué yo, Ella?" El tono burlón se había ido. Genuino, tranquilo. "¿Por qué yo?""Porque me necesitas.""¿Sí?""Todo el mundo necesita una coartada que no parezca comprada.""¿Y si digo que no?""Entonces encontraré a alguien más que sí.""No suenas preocupada.""No lo estoy.""Estás mintiendo."Sus ojos se entrecerraron. "¿Disculpa?""Te preocupa que pueda negarme."Se recostó, cruzando las piernas. El cambio fue deliberado. Armadura."¿Por qué lo estaría? Construí esto alrededor de beneficio mutuo.""¿Y si me niego?""Me voy.""¿Así de simple?""Sí."
Las siete llegaron demasiado pronto.Ella había pasado toda la tarde convenciéndose de que había tomado la decisión más racional de su vida. A las seis cuarenta y cinco, estaba reconsiderando cada decisión que la había traído a este momento.Estaba sentada dentro de su auto frente al restaurante que había elegido, mirando a través del parabrisas.Elias Park ya estaba dentro.Lo sabía porque su detalle de seguridad había llegado diez minutos antes. Por supuesto que tenía seguridad.Por supuesto que el hombre no podía simplemente entrar a un restaurante como un ser humano normal.Ella exhaló.Se miró en el espejo retrovisor.Sin nerviosismo, sin vacilación, sin arrepentimiento. Tenía una proposición, él tenía un problema, ella tenía un problema.Eso era todo lo que esto era. Una transacción.Tomó su bolso y salió.El restaurante era lo suficientemente discreto para mantener su reunión privada sin parecer que se escondía del mundo. La anfitriona la reconoció inmediatamente y la guió a tr
A la mañana siguiente, Elias Park entró en su oficina y encontró tres abogados esperándolo.Se detuvo, "¿Por qué están aquí?"Su abogado principal se puso de pie, "La junta quiere emitir una declaración.""No.""Los inversores están nerviosos.""Se recuperarán.""La prensa está empeorando.""Lo sé."Uno de los abogados colocó una carpeta sobre la mesa, "Hay otro asunto."Elias la miró. "¿Cuál?""La detective."Sus cejas se levantaron, "¿Ella Whitmore?""Sí."La sala se quedó en silencio, Elias caminó hacia las ventanas. "¿Qué pasa con ella?""Ha sido removida de la investigación.""Lo sé.""Y los medios los han vinculado a los dos.""Eso también lo sé."Su abogado dudó, "Hay rumores de que ella puede haber mostrado favoritismo."La expresión de Elias se endureció, "¡Ella no lo hizo! Sabes eso.""Lo sé, pero probarlo puede ser difícil."Elias se giró, "Ella no necesita que yo pruebe nada.""Quizás."Su abogado pausó, "Pero ella es la única persona que puede colocarte en otro lugar dura







