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LA CADENA

Penulis: S. Dal Santo
last update Tanggal publikasi: 2026-09-16 00:43:28

[JULIAN]

Elara llega a la oficina doce minutos después que yo.

Lo sé porque llevo doce minutos mirando el reloj. No porque esté preocupado. Eso es lo que intento decirme mientras reviso por tercera vez el mismo correo sin comprender una sola palabra.

Anoche respeté lo que me pidió. No fui a buscarla, no llamé y tampoco cometí la estupidez de aparecer frente a su apartamento después de salir de Obsidian. Dominic acababa de vernos juntos durante casi dos horas y, aunque no hubo nada en nuestro co
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  • EL PRECIO DE MIRARLA   EL PUNTO CIEGO (PARTE 2)

    [JULIAN]Son casi las siete cuando Mateo vuelve a llamarme. Estoy solo en mi despacho y su tono me basta para comprender que no se trata de una actualización rutinaria.—Necesito que Elara escuche esto.—¿Encontraste algo relacionado con su hermano?—Indirectamente. Prefiero explicárselo a los dos.Quince minutos después, Elara entra en mi despacho. Cierro la puerta y comprobamos que podemos hablar antes de que ella cruce directamente la distancia entre nosotros y me bese.No es un beso apresurado ni especialmente largo. Tiene algo cansado, casi íntimo en su sencillez, como si después de todo el día necesitara comprobar que seguimos siendo nosotros cuando nadie está mirando.—Necesitaba hacer eso —murmura.Rodeo su cintura.—Puedes repetirlo todas las veces que consideres necesario.—No me tientes.—No estaba intentando evitarlo.Elara sonríe apenas y vuelve a besarme. Esta vez el beso dura un poco más y, cuando se separa, mantiene las manos sobre mi pecho.—¿Mateo?Asiento.—Encontró

  • EL PRECIO DE MIRARLA   EL PUNTO CIEGO (PARTE 1)

    [JULIAN]Despierto unos minutos antes que Elara y durante un rato permanezco completamente quieto, disfrutando de una tranquilidad que sé que no durará demasiado.La claridad que entra por las cortinas todavía es débil y el apartamento permanece en silencio. Ella duerme de lado, con la espalda apoyada contra mi pecho y una de mis manos atrapada debajo de la almohada. En algún momento de la noche debió acercarse más, porque ahora nuestras piernas están entrelazadas y apartarme sin despertarla requeriría un esfuerzo que no tengo ninguna intención de hacer.Anoche necesitábamos esto. No el apartamento ni las precauciones absurdas que tuvimos que tomar para llegar hasta aquí, y mucho menos otra noche escondidos como si estar juntos fuera algo que debiéramos explicar. Nos necesitábamos el uno al otro. Después de escuchar lo que Dominic hizo, de comprender finalmente que el hermano de Elara no es simplemente alguien a quien amenaza cuando necesita asustarla, sino el rehén con el que lleva a

  • EL PRECIO DE MIRARLA   DONDE NADIE NOS CONOCE

    [ELARA]Julian no me dice adónde vamos. Poco después de las ocho recibo una dirección acompañada por un mensaje que me hace sonreír mientras termino de cambiarme.No vengas directamente desde tu apartamento.Ya lo sé, respondo mientras me pongo los pendientes.La contestación llega casi inmediatamente.Déjame fingir que todavía puedo darte alguna instrucción.Puedes intentarlo.Los tres puntos aparecen en la pantalla y, unos segundos después, llega otro mensaje.Te extraño. Date prisa.Dejo el teléfono sobre la cama y me miro en el espejo. Han pasado menos de seis horas desde la última vez que estuvimos solos y, sin embargo, yo también lo extraño. Quizá sea una de las consecuencias más absurdas de tener que esconder una relación: uno termina midiendo el tiempo de otra manera. Podemos pasar una jornada completa en el mismo edificio, cruzarnos varias veces por un pasillo, sentarnos frente a frente en una reunión y escucharnos hablar durante una hora, pero nada de eso significa que realm

  • EL PRECIO DE MIRARLA   LA CADENA

    [JULIAN]Elara llega a la oficina doce minutos después que yo.Lo sé porque llevo doce minutos mirando el reloj. No porque esté preocupado. Eso es lo que intento decirme mientras reviso por tercera vez el mismo correo sin comprender una sola palabra.Anoche respeté lo que me pidió. No fui a buscarla, no llamé y tampoco cometí la estupidez de aparecer frente a su apartamento después de salir de Obsidian. Dominic acababa de vernos juntos durante casi dos horas y, aunque no hubo nada en nuestro comportamiento que pudiera revelar lo que existe entre nosotros, no pienso regalarle una razón para mirar en la dirección correcta.Aun así, dormí poco.Tenemos que hablar. No por teléfono.Cinco palabras bastaron para asegurarme de que la conversación con Dominic no terminó bien.La veo atravesar el pasillo desde mi despacho. Lleva el cabello recogido, un pantalón oscuro y una blusa color crema. Saluda a Andrea, se detiene a responder una pregunta y continúa hasta su oficina como cualquier otra m

  • EL PRECIO DE MIRARLA   LAS REGLAS YA NO SON LAS MISMAS (PARTE 2)

    [ELARA]No es una petición.La palabra despierta una reacción antigua en alguna parte de mí, una que durante años aprendió a reconocer las órdenes de Dominic incluso antes de que terminara de pronunciarlas.Me vuelvo lentamente.—¿Ocurre algo?—Tenemos asuntos pendientes.Julian permanece junto a la puerta. No interviene.Dominic lo mira y después vuelve a mí. Durante un instante tengo la impresión de que espera que Julian simplemente desaparezca porque él lo ha decidido.Julian, en cambio, me mira.Su expresión no revela nada.—¿Necesitas que te espere?La pregunta podría hacerla cualquier socio o compañero de trabajo. Sin embargo, yo escucho todo lo que no puede decir.¿Estás bien? ¿Quieres que me quede? ¿Quieres marcharte conmigo?Podría hacerlo. Pero sé que Dominic interpretaría demasiado rápido cualquier insistencia de Julian.—No. Nos vemos mañana en la oficina.Julian sostiene mi mirada apenas un segundo antes de asentir.—Buenas noches, Dominic.—Buenas noches, Julian.Después

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    [ELARA]Obsidian sigue exactamente igual.Eso es lo primero que pienso cuando el automóvil se detiene frente a la entrada.Las mismas puertas oscuras, la misma iluminación discreta y los mismos hombres vestidos de negro controlando quién entra y quién no. Incluso el movimiento de los vehículos parece responder a ese orden silencioso que Dominic convirtió en parte de la identidad del club.Durante años pensé que había algo intimidante en esa perfección. Esta noche descubro que nunca fue el edificio.Era lo que yo sabía que me esperaba dentro.Julian desciende de su automóvil unos minutos antes que yo. No hemos venido juntos ni nos hemos encontrado antes de llegar. Dominic nos invitó a los dos, pero eso no significa que vayamos a regalarle una imagen que pueda interpretar de una manera distinta a la que nos conviene.Cuando entro, Julian ya atraviesa el vestíbulo.No me espera.Yo tampoco intento alcanzarlo.Nos comportamos exactamente como lo hacemos cada mañana en Morel: dos personas

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