Mag-log inEl doctor Ramírez llegó puntual a la cita.Era un hombre de mediana edad, con canas en las sienes y una expresión amable que no lograba ocultar la seriedad de su profesión. Llevaba una maleta pequeña con los instrumentos necesarios para retirar los puntos de Maximilian, y cuando entró al penthouse, lo hizo con la eficiencia de quien ha visitado muchos hogares de pacientes adinerados.—Señor King —Saludó, inclinando ligeramente la cabeza—. ¿Cómo se ha sentido estos días?—Bien —La respuesta de Maximilian fue breve y concisa. No tenía ánimos de platicar y yo sabía por qué..Estaba sentado en el sofá de la sala, con el torso descubierto y la herida aún visible en su abdomen.La herida estaba sanando, ya no se veía roja e inflamada alrededor de la gasa. El doctor comenzó a acomodarse cuando Maximilian se arrancó la gasa sin el menor esfuerzo y la dejó sobre la mesa, indiferente y tranquilo. Ambos lo vimos al instante, en silencio. Sin creer lo que estaba sucediendo.Parpadeé repetidas v
Maximilian me sostenía contra su pecho, su respiración profunda y tranquila, su corazón latiendo contra el mío en un ritmo que poco a poco se fue sincronizando. O, ¿fue mi imaginación?Tuve cuidado de no dejar caer mi peso sobre su herida. Yo quería quedarme así, en ese espacio seguro donde no había problemas, donde no había miedos, donde solo estábamos él y yo.Pero sabía que no podía. Yo también tenía un secreto que le estaba ocultando. Y después de todo lo que habíamos pasado, después de que él me confesara algo tan íntimo y doloroso, no podía seguir callándolo.—Maximilian… —Me separé ligeramente para poder mirarlo a los ojos—. Hay algo que yo también tengo que decirte.Tragué saliva, teniendo las palabras que iba a decir. Después de haberme confesado la posibilidad de no tener hijos, la noticia que estaba a punto de darle solo podría hacerlo recaer, pero necesitaba saber la verdad. No podía dejarlo ilusionarse por más tiempo. —¿Qué pasa?Respiré hondo. Mis manos temblaban lig
••Narra Vienna•• Dos días. Dos días desde que Maximilian salió del hospital. Dos días desde que volvimos al penthouse. Dos días en los que él había estado... distante. No frío. No cruel. Solo... ausente. Como si estuviera allí físicamente, pero su mente estuviera en otro lugar. Como si hubiera un muro invisible entre nosotros que no podía derribar. Primero pensé que era yo quién lo estaba evitando, ya que no sabía cómo darle la noticia de que no estaba embarazada. Pero al ver un poco más cerca, me di cuenta de que era él quién me estaba apartando. Quise culpar al dolor. La herida aún estaba sanando, y los médicos habían dicho que necesitaría tiempo para recuperarse y analgésicos fuertes. Así que me dediqué a cuidarlo. Le preparaba el desayuno, le cambiaba los vendajes, me aseguraba de que tomara sus medicamentos a tiempo. Le leía en voz alta cuando no podía dormir, le acariciaba el cabello cuando se quedaba dormido en el sofá. No podía negarlo. Me gustaba cuidarlo. Él cuidó muc
••Narra Maximilian••Terminé de cambiarme mientras el doctor terminaba el acta médica. Después de cinco días en el hospital, ya estaba preparado para largarme de este lugar y no regresar jamás. No me gustaban para nada los hospitales. Vienna debía estar esperándome en la sala de espera como le pedí.Bastaron diez minutos para que el doctor apareciera con la autorización ya hecha. Me la entregó y la comencé a llenar en silencio, harto de que inclusive en el hospital esté rodeado de papeles y firmas.Sin embargo, la incomodidad creció en mí al sentir la mirada insistente del doctor, perforando mi rostro. Pasé la tercera hoja cuando no pude soportarlo más. Clavé el bolígrafo en la planilla. —¿Qué quieres decirme? —Me dirigí al doctor.El hombre se sobresaltó, pero se recompuso rápidamente, metiendo las manos en los bolsillos de su bata. —Señor King… como sabrá, ayer le hicimos unos análisis complementarios para poder darle el alta. Y… hace una hora llegaron los resultados. Un esca
••Narra Vienna••Habían pasado cinco días desde el atentado y por fin le darían el alta a Maximilian esta tarde. Cinco días de paz. Cinco días de recuperación. Cinco días en los que el mundo parecía haber dejado de conspirar contra nosotros. Theodore no estaba en el panorama. O al menos, ya no he sabido nada de él más que el hecho de que está siendo buscado por la policía por rapto y por nuestro abogados ya que tampoco ha firmado el divorcio. Mis padres estaban en prisión preventiva, enfrentando cargos que los mantendrían encerrados por años. Pietro había desaparecido de la esfera pública, y la empresa King estaba en manos de Maximilian, quien la dirigía desde el penthouse con la ayuda de Elliot y un equipo de abogados.Todo estaba tomando forma. Tanta forma que me daba miedo. La última vez que me relajé así, terminé secuestrada. Alessya insistió a acompañarme al hospital. Se supone que íbamos por Maximilian, pero primero haría algo más. Algo que he estado retrasando. —¿Estás segu
••Narra Vienna••El hospital estaba más concurrido de lo habitual.Lo noté desde que el coche de Elliot se detuvo frente a la entrada principal. Había más policías de lo normal, más periodistas, más cámaras. Incluso más que ayer, si eso era posible. Aunque había algo diferente. Los periodistas murmuraban entre si. El ambiente lucia… agitado. —¿Qué está pasando? —pregunté, mirando por la ventanilla.—No lo sé, señorita Harlow —respondió el guardaespaldas que Elliot me había asignado—. Pero creo que lo mejor será que entre por la puerta trasera. El señor King ha insistido en que evitemos cualquier exposición innecesaria.Asentí, aunque algo en mi interior me decía que debía averiguar qué ocurría. Los periodistas no se agolpaban frente a un hospital por casualidad. Algo grande estaba pasando.El chófer comenzó a dar reversa. ¿Y si Maximilian había….? Negué con la cabeza, considerando ese escenario imposible. Con la ventanilla abajo, podía escuchar mejor los murmullos. —Se han decla







