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Capítulo 100

Autor: Carla A
last update Fecha de publicación: 2026-09-24 11:27:48

El baño principal era inmenso, revestido en mármol negro y con una bañera de piedra volcánica. El agua caliente ayudó a lavar el olor a pólvora y sudor frío que se había adherido a su piel, pero no logró borrar las imágenes de la emboscada.

Cuando Isabella salió, envuelta en una gruesa bata blanca, encontró a Dante sentado en el borde de la cama. Ya s

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  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 100

    El baño principal era inmenso, revestido en mármol negro y con una bañera de piedra volcánica. El agua caliente ayudó a lavar el olor a pólvora y sudor frío que se había adherido a su piel, pero no logró borrar las imágenes de la emboscada.Cuando Isabella salió, envuelta en una gruesa bata blanca, encontró a Dante sentado en el borde de la cama. Ya se había cambiado la camisa sucia por una simple camiseta negra de algodón y unos pantalones de chándal. Sobre la mesa de noche había un botiquín de primeros auxilios abierto.Ella caminó hacia él y se sentó a su lado. Dante tomó una gasa empapada en antiséptico y, con una delicadeza que contrastaba brutalmente con el hombre que había ejecutado a tres sicarios una hora antes, comenz&oacu

  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 99

    El trayecto duró poco más de dos horas, pero para Isabella, el tiempo se había deformado.La limusina blindada había sido reemplazada en un helipuerto clandestino por un helicóptero negro sin marcas, que los llevó directamente hacia la cordillera. Aislada del mundo por los auriculares con cancelación de ruido, Isabella observó las montañas nevadas recortándose contra el cielo nocturno. Dante no la había soltado en ningún momento. La mantenía pegada a su costado, su brazo rodeándola como un escudo de titanio, su mirada escaneando el horizonte negro como si esperara que el cártel apareciera volando entre las nubes.Finalmente, aterrizaron en una plataforma oculta entre un bosque de pinos centenarios. A escasos metros, excavada casi en la ladera de la montaña, se erguía una mansi

  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 98

    El sonido de un golpe sordo contra la puerta del baño hizo que Isabella retrocediera hasta chocar contra el espejo.—Está encerrada aquí —dijo uno de los sicarios al otro lado de la madera—. ¡Abre la maldita puerta, niñata, o la echo abajo a tiros!Isabella apretó las tijeras con ambas manos, respirando agitadamente. —¡La policía ya está en camino! —gritó ella, intentando proyectar la voz firme de la Vicepresidenta, aunque le temblaba el cuerpo—. Si me tocan, Industrias Sterling los cazará hasta debajo de las piedras.Una risa áspera respondió desde el pasillo de la suite. —Tu marido te echó a la calle anoche, reina. No le importas a nadie.El sonido de una bota golpeando la cerradura res

  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 97

    La lluvia golpeaba con violencia los ventanales de la suite ejecutiva en el piso veinte del Hotel Continental.Isabella estaba sentada en el suelo, rodeada de carpetas y con la tableta encriptada sobre la mesa de centro. No había dormido. Sus ojos estaban enrojecidos, pero su mente trabajaba con la precisión de un reloj suizo. Estaba armando el dossier final que enviaría al FBI con toda la ruta del dinero de Valeria y Astrid Van Der Berg.El dolor en su pecho por la desconfianza de Dante seguía allí, latiendo como una herida abierta. Cada vez que recordaba la mirada de decepción en los ojos de plata de su marido, el aire le faltaba. Pero la Reina de Hielo se negaba a romperse antes de terminar su trabajo.El teléfono sobre la mesa vibró. Era Julián.—Bela, ¿cómo estás? —la voz del abogado sonaba cansada pero protectora.—Terminando el informe, Julián. Lo enviaré a tu servidor cif

  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 96

    A las nueve de la mañana, la sala de juntas de Industrias Sterling estaba preparada para un golpe de estado.Víctor Thorne revisaba unos documentos de pie junto a la cabecera. Valeria Santoro ocupaba el asiento de la derecha, el que hasta el día anterior pertenecía a la Vicepresidenta de Estrategia. Llevaba un traje color crema y la expresión de quien ya ganó. La silla de Isabella seguía vacía.Las puertas de cristal se abrieron.Dante Ferrara entró sin saco ni corbata, con la camisa oscura arremangada sobre los antebrazos y los ojos de plata inyectados en sangre después de una noche sin dormir. No irradiaba la autoridad fría de un CEO. Irradiaba la inestabilidad de un animal herido.Caminó hasta la cabecera y arrojó una tableta sobre el cristal.—Estás en el asiento equivocado, Valeria.Ella cruzó las piernas con calma.—Dante, querido, asumo que recibiste el correo. Isabella envió su renuncia a las seis de la mañana. Con ese vacío de poder, Víctor y yo preparamos una moción de emerge

  • EL TRONO QUE ELLA SE LLEVÓ   Capítulo 95

    El lujoso bar del Hotel estaba casi vacío a la una de la madrugada. En un reservado oscuro, Emilio Valcázar brindaba con una copa de whisky puro.Frente a él, Valeria Santoro revisaba su teléfono con una sonrisa triunfal que iluminaba su rostro perfectamente maquillado.—Mis contactos en el vestíbulo de Sterling acaban de confirmarlo —anunció Valeria, dejando el teléfono sobre la mesa de caoba—. Isabella Montenegro abandonó el edificio principal hace una hora con una maleta. Se registró bajo un nombre falso en el hotel de la cadena en el distrito financiero. Está sola.Emilio soltó una carcajada baja y satisfecha. —Te lo dije, Valeria. Dante es un animal territorial. Solo tenías que sembrar la du

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