ログインALAYA: Reynolds tomó al bebé y se asomó a la ventana. Soltó un fuerte aullido anunciando la llegada del heredero. Un aullido resonó desde afuera. Luego otro. Y otro. Toda la manada estaba aullando, celebrando el nacimiento de su futuro Alfa. Podía sentir su alegría a través de los lazos que nos conectaban a todos, cada corazón latiendo con emoción y esperanza renovada. —¿Cómo lo llamaremos? —pregunté mirando a Reynolds. Mi Alfa contempló a nuestro hijo con expresión seria, pensando cuidadosamente. El nombre de un Alfa era importante, definía su destino tanto como su sangre. —Aiden —dijo finalmente—. Significa "pequeño fuego" en el idioma antiguo. Porque lleva el fuego del poder ancestral en sus venas, pero también la luz esmeralda del Elyndor. Es fuego y magia combinados. —Aiden —repetí probando el nombre—. Es perfecto. —Me gusta —dijo papá tomando el bebé de los brazos de mi Alfa. —Le enseñaré bien a ser un lobo poderoso. Lo miré sin decir nada. Cristín tenía razón, papá no
ALAYA:Seis meses habían pasado desde aquella noche bajo la luna sangrienta. Seis meses desde que la diosa luna nos bendijo a todos con su presencia. Seis meses desde que me convertí oficialmente en la Luna de esta manada. La boda había sido tres semanas después de la batalla, una celebración íntima pero hermosa. No necesitábamos la pompa de una ceremonia tradicional después de haber sido bendecidos por la propia diosa. Pero la manada insistió en festejar nuestra unión con música, comida y baile que duró tres días completos. Cristín, recién convertida en loba y aún aprendiendo a controlar sus transformaciones, había sido mi dama de honor. Simón había estado al lado de Reynolds como su Beta, con el orgullo brillando en sus ojos. Recordaba ese día con cariño. El vestido blanco que había elegido, esta vez sin manchas de sangre ni tierra. Las flores que decoraban todo el territorio, algunas creadas por mí con mi poder Elyndor, otras cultivadas con amor por las lobas de la manada. El m
REYNOLDS: Levanté mi cabeza hacia el cielo, mientras sentía lágrimas correr por mis mejillas sin poder controlarlas. La diosa luna en persona, manifestándose en nuestra ceremonia. Algo que sólo sucedía una vez cada mil años, según las leyendas.—"Reynolds, mi Alfa elegido. Alaya, mi Luna destinada. Vuestra unión no es convencional, pero es correcta. Rompisteis las reglas de los hombres, pero seguisteis las leyes del corazón. Y eso es lo que más valoro." La luz que nos envolvía comenzó a cambiar. Podía ver dentro de ella imágenes, recuerdos. El momento en que vi a Alaya por primera vez. Cuando la marqué. Cuando unimos nuestra sangre en secreto. Cuando descubrimos que estaba embarazada. Cuando ella se transformó en Licandor por primera vez. Cada momento importante de nuestra historia juntos se desplegaba en la luz como una película viviente que toda la manada podía ver.—"Vuestra sangre ya está unida" —continuó la voz de la diosa—. "Vuestros destinos ya están entrelazados. Vuestras al
REYNOLDS:Ante mi amenaza, los enemigos que no habían sido vencidos dejaron caer sus armas y volvieron a transformarse en humanos cayendo de rodillas con las cabezas inclinadas en sumisión ante mí. Algunos habían intentado escapar. Pero fue inútil, mis guerreros los atraparon en cuestión de minutos. La lucha había durado poco y habíamos salido vencedores. Los aullidos de victoria resonaron por todo el territorio. Miré hacia el cielo, la luna sangrienta estaba alcanzando su cenit. Busqué a Arix, lo vi avanzar con una de aquellas vasijas que utilizaba para encerrar a los brujos y lo supe. Había atrapado a Mara.—Tenemos que apurarnos, mi Alfa, o perderemos la luna sangrienta —dijo Simón apareciendo a mi lado con algunas heridas—. Mira a quién vencí. Arix, creo que está hechizado. Miré al lobo negro con la cabeza gacha. ¿Roger? Eso fue inesperado, creía que me había traicionado de verdad. Arix lo golpeó en la cabeza con su bastón y al momento sus ojos se tornaron dorados.—¿Reynolds,
REYNOLDS:Miré a mi Luna que había tomado el control de su loba Elara, rodeada de una energía verde, y lo supe. No tenía que ayudarla. Yo tenía mi propia presa. Busqué a Lirión, que retrocedía confundido, su expresión de triunfo reemplazada por shock y luego por furia pura.—¡TÚ! —rugió Lirión transformándose en su lobo negro—. ¡Sabías que veníamos! ¡Nos tendiste una trampa!—Siempre fuiste tonto, Lirión. Lo eras de niño, lo seguiste siendo de joven por creer que mi padre te elegiría sobre mí, su hijo. Pero sobre todo, por no aceptar que soy más fuerte que tú. ¿Creías que no sabría lo que planeabas? —hablaba sin dejar de avanzar transformado en Ragnar—. Tu patético plan da pena. ¿Cómo pudiste dejarte engañar por esa tonta bruja? Te atreviste a desear lo que no te pertenece. Ahora vas a pagar por cada vida que tomaste en tu ataque anterior. Vas a pagar por la muerte de mi padre.Cedí el control a Ragnar. Mi lobo emergió amenazante bajo la luz de la luna que comenzaba a volverse sangrie
REYNOLDS:Ragnar los sintió antes de que se hicieran visibles. Elara gruñó a mi lado lista, reprimiendo el susto en ella. La daga de obsidiana en mi mano parecía haber cortado mi mano y la de mi Luna, pero no era así. La sangre que goteaba era solo mía. La bruja Mara apareció justo en ese momento levitando en el centro y lanzó un conjuro hacia Simón que soltó un aullido agudo paralizando a todos con la ayuda de Arix. Teníamos poco tiempo antes de que apareciera la luna sangrienta.La risa estridente de la bruja se dejó escuchar junto a los aullidos de victoria de los lobos que los acompañaban. Era impresionante ver a los doscientos guerreros emergiendo de todas direcciones entre los árboles. El bosque que rodeaba la colina de la luna se había convertido en una marea de enemigos que nos rodeaban completamente. Lograba verlos a todos claramente bajo la luz carmesí de la luna sangrienta y el brillo dorado de las flores que Alaya había creado.Lirión estaba al frente, su sonrisa arrogante







