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Capítulo 5: El apellido Vitale

last update Data de publicação: 2026-09-29 23:13:41

No volví a dormirme.

Así que me quedé en la oscuridad y escuché.

No de forma obvia. No con la oreja pegada al piso ni nada que se sintiera tan desesperado como en realidad era. Solo... escuché. De la forma en que escuchas cuando tu cuerpo está demasiado agotado para hacer cualquier otra cosa pero tu cerebro se niega a detenerse. Voces abajo, bajas, ocasionales, el tipo de conversación que tenía historia detrás, una familiaridad, el ir y venir fácil de dos personas que habían estado en los mismos cuartos suficientes veces como para no necesitar llenar el silencio.

Su risa otra vez. Dos veces más antes de que parara.

Me quedé mirando el techo y me dije que no importaba. Me dije que tenía cosas más grandes en qué pensar, gemelos, y una puerta con seguro, y una cita con el doctor a las nueve de la mañana, y el mensaje de Bryan ahí en mi celular como algo que necesitaba contestar pero todavía no encontraba las palabras. Me dije que lo que fuera que estuviera pasando abajo no era asunto mío, porque Luca Wolfe no era asunto mío, excepto en el sentido específico, ineludible y biológico en el que definitivamente sí lo era.

No funcionó. Lo de que no importaba. Se caía cada vez que ella se reía.

Me quedé dormida cerca de las cuatro, y desperté con luz gris colándose por los bordes de las cortinas blackout y con el sonido de la casa en silencio, pero de una forma distinta, el silencio de la mañana en lugar del de la noche, más vacío de alguna manera, como si lo que fuera que había llenado la casa se hubiera ido.

Mi puerta seguía con seguro.

La probé de todos modos, después fui y me senté en el borde de la cama y miré mi celular. El mensaje de Bryan seguía ahí, exactamente donde lo había dejado, esas últimas tres palabras esperando al final de la pantalla como una pregunta que todavía no había contestado.

Siempre había sido real.

Lo leí tres veces. Puse el celular boca abajo sobre el colchón.

El seguro hizo clic a las ocho cuarenta y cinco.

Luca abrió la puerta sin tocar, nunca tocaba, y se quedó parado en el marco con una camisa oscura y las mangas remangadas, viéndose exactamente tan compuesto como siempre, como si no hubiera pasado media noche abajo con una mujer cuya risa yo había memorizado en contra de mi voluntad.

"Vístete," dijo. "Nos vamos en diez minutos."

Lo miré. Miré su calma completa e indiferente. La forma en que estaba parado en mi puerta como si no hubiera pasado nada la noche anterior, ni Bryan, ni la conversación que había escuchado a través del piso, ni la mujer, nada de eso.

"¿Quién estuvo aquí anoche?" pregunté.

Algo le cruzó la cara. Ahí y desaparecido tan rápido que casi no lo noto. "Vístete, Natalie."

"La oí." Mantuve la voz firme. "Estuve despierta casi toda la noche. Oí su risa y oí que tu voz se..." Me detuve. Suavizaba. Había estado a punto de decir suavizaba. No lo dije. "Solo quiero saber quién estuvo en esta casa mientras yo estaba encerrada arriba."

Me miró un buen rato. Después entró al cuarto, cosa que no había hecho desde la noche anterior, y cerró la puerta detrás de él con un clic suave, y tuve la conciencia repentina y específica de lo pequeño que se sentía el cuarto con él adentro.

"Se llama Selene," dijo. "Selene Vitale."

El apellido cayó como una piedra en agua quieta.

Vitale. Todavía no conocía ese apellido, no del todo, no con el peso que merecía, pero algo en la forma en que lo dijo, en la mandíbula tensa que puso al decirlo, me dijo que era importante. Me dijo que era el tipo de apellido que cambiaba la forma de un cuarto.

"Vitale," repetí. "Como en..."

"La hija de don Adriano Vitale." Lo dijo simplemente, de la forma en que se dicen las cosas que ya son hechos asentados. "Ella es... era... un arreglo. Entre su padre y el mío, años antes de que yo tuviera algo que decir al respecto. Negocios. Alianza. Nada más."

Lo miré. Su cara cuidadosamente neutral. "No sonaba como nada."

"Conoce esta casa," dijo. "Eso es distinto a que importe."

No supe qué hacer con esa distinción. La guardé en algún lugar del fondo de mi cabeza junto a todas las demás cosas de Luca Wolfe que todavía no sabía qué hacer con ellas.

"Y su padre," dije despacio. "Don Vitale. Es tu..."

"Mi jefe." Una pausa. "El hombre para el que trabajo. El hombre cuyo nombre abre puertas y cierra gargantas, dependiendo de cuál decida que es necesaria." Sostuvo mi mirada. "El hombre que todavía no sabe que existes."

El cuarto se sintió más pequeño.

"¿Y cuando se entere?" Mi voz salió más firme de lo que en realidad me sentía. "¿De los gemelos?"

Luca se quedó callado un momento, del silencio de quien está pensando, no del evasivo. "El apellido Vitale carga un legado," dijo con cuidado. "Sucesión. Herencia. Don Adriano ha pasado treinta años construyendo algo que planea heredar. Selene era parte de ese plan. Nuestro arreglo era parte de ese plan." Sus ojos bajaron a mi vientre por un segundo. "Dos herederos con mi sangre y con conexión a su linaje cambian bastante la estructura de ese plan."

Lo miré fijo. "¿Me estás diciendo que mis bebés, nuestros bebés, son herederos de su...?"

"De todo lo que él construyó," dijo Luca en voz baja. "Sí."

La palabra se quedó flotando en el cuarto entre los dos y la dejé ahí porque todavía no tenía nada que decirle. Tenía veintiún años y llevaba despierta desde las siete de la mañana anterior y estaba embarazada de gemelos y, al parecer, esos gemelos acababan de heredar un lugar en un mundo cuya existencia yo ni siquiera sabía hasta ayer.

"¿Selene lo sabe?" pregunté.

"Todavía no."

"¿Y cuando lo sepa?"

No contestó. Lo cual, estaba aprendiendo, era una respuesta en sí misma.

Me levanté de la cama y fui hacia mi bolso y saqué la primera ropa que encontré, porque diez minutos eran diez minutos y necesitaba hacer algo con las manos antes de que el peso completo de lo que acababa de decirme terminara de caerme encima. Era consciente de que él estaba detrás de mí, no cerca, no amenazante, solo presente de la forma en que siempre estaba, ocupando más espacio del que el cuarto técnicamente le daba.

"Debiste haberme dicho esto anoche," dije, sin voltearme.

"Anoche ya tenías suficiente."

Me detuve. Me di vuelta para verlo. Y ahí estaba, esa cosa que ya había alcanzado a ver antes, en la oscuridad, en momentos sin guardia. No exactamente suavidad. Algo cercano a eso. Algo que se veía, desde cierto ángulo, con cierta luz, casi como esa cosa que la gente normal llamaba preocupación.

Yo aparté la mirada primero.

"Diez minutos," dije. "Ya te oí."

Se fue sin decir nada más, cerrando la puerta detrás de él, sin seguro esta vez, noté. Sin seguro.

Me quedé parada en medio del cuarto con las dos manos sobre la cara y respiré.

Selene Vitale. La hija de don Adriano. Un arreglo que tenía una risa que yo había memorizado y una historia con esta casa en la que ahora vivía. Una mujer que todavía no sabía que todo lo que creía suyo acababa de complicarse por culpa de una chica de la Universidad Velmoor y dos rayitas rosas en una prueba.

Debería haber estado pensando en Bryan. Debería haber estado sentada con su mensaje, con siempre había sido real, con seis años del amor más seguro y sencillo que me habían ofrecido nunca. Debería haber estado planeando cómo llamar a mi mamá, cómo hablar con Maya, cómo navegar el desastre que había hecho de cada relación que me importaba.

En cambio, estaba parada en el cuarto de huéspedes de Luca Wolfe pensando en la forma en que su voz había cambiado cuando dijo conoce esta casa, eso es distinto a que importe, y en el hecho de que había sentido algo aflojarse en mi pecho cuando lo dijo, algo que no tenía ningún derecho a sentir, algo que no tenía absolutamente nada que ver con Bryan ni con gemelos ni con arreglos de mafia y todo que ver con el hecho de que, al parecer, estaba perdiendo la cabeza.

No me importa, me dije con firmeza. No me importa quién es Selene Vitale ni cuánto tiempo lleva conociendo esta casa ni si la voz de Luca se suaviza cuando ella está en el cuarto. Me importan mis bebés. Me importa sobrevivir el día de hoy. Me importa el mensaje de Bryan que todavía no he contestado y que debería contestar y...

Pero incluso mientras lo pensaba, incluso mientras armaba el argumento con cuidado y lo ponía en orden, alguna parte pequeña, traicionera y agotada de mí sabía que no era del todo cierto.

Y que ese saberlo era lo más aterrador que me había pasado desde la mañana anterior.

Más aterrador que los gemelos. Más aterrador que la puerta con seguro y la pistola sobre la barra y el apellido Vitale cayendo en el cuarto como una piedra.

Porque el peligro podía navegarlo. Estaba aprendiendo cómo.

No tenía ni idea de cómo navegar esto.

Agarré mi chaqueta. Me puse la sudadera de Bryan encima, porque tenía frío y estaba ahí y no estaba lista para examinar por qué todavía la necesitaba. Levanté mi celular. Miré el mensaje una vez más.

Siempre había sido real.

Escribí: Lo sé. Estoy bien. Te explico todo cuando pueda.

Lo envié antes de poder reescribirlo seis veces.

Después abrí la puerta, sin seguro, Luca la había dejado sin seguro, y salí al pasillo de una casa que no era mía, hacia una vida que no había planeado, cargando a dos herederos de una dinastía cuya existencia no conocía hacía veinticuatro horas.

Y en algún lugar entre la puerta de mi cuarto y el principio de las escaleras, sin permiso y sin previo aviso, pensé en la forma en que Luca me había mirado cuando dijo eso es distinto a que importe.

Y no pude decidir si quería que fuera verdad.

"Natalie."

Su voz llegó desde el pie de las escaleras.

Me quedé congelada.

"Tenemos que irnos," dijo Luca.

Una pausa.

"Ahora."

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