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4 El Precio de la Posesión

Penulis: Bia Nova
last update Tanggal publikasi: 2025-12-18 04:39:17

El portazo de Elara resonó en el Palazzo Montaño. No había ido como Lyra Rossi, la CEO, sino como Elara De Luca, la vengadora humillada, que haría lo que fuera para exigir justicia para su padre.

Un hombre de seguridad le abrió. El salón era vasto, parecía un sepulcro de lujo. Dante Montaño la esperaba de pie frente a una mesa de ébano maciza. Vestía un pantalón negro y una camisa abierta en el cuello, lo que lo hacía ver más peligroso y atractivo.

— Llegas tarde — fue su único saludo.

— Vengo a pedir una explicación, no te hagas el gracioso — espetó Elara, deteniéndose a una distancia prudente — Retira lo de prometida ¡Ahora!

Dante no se movió, solo la observó con ese control glaciar que poseía.

— Imposible, ya hice el movimiento, la prensa te estaba llamando mi amante misteriosa. Mi deber, como el caballero que soy, era limpiar tu reputación. Yo solo hice la aclaración.

— ¡¿Qué aclaración?! — le exigió Elara, alarmada.

— Que no eres mi amante misteriosa, sino mi amada prometida con la que pronto contraeré matrimonio. Además, la policía te llama mi testigo clave, y Alejandro... él está convencido de que eres una víctima que necesita ser rescatada.

La mención de Alejandro encendió sus alarmas.

— No tienes el control sobre mí.

Dante dio un paso, acortando la distancia.

— Ahora sí — le dijo, inclinándose tan cerca que ella sintió su aliento — Tu apartamento, tus cuentas, tu nombre… todo está bajo la lupa. ¿Crees que el Fiscal te dejará tranquila? Te va a usar para hundirme, y en el proceso, te va a destruir a ti, Lyra Rossi.

La verdad fue un golpe seco, su fachada sería frágil bajo el microscopio de la ley.

— ¿Y tú crees que esa tonta e infundada declaración me salvará?

— Te salvará la fachada — corrigió Dante, con su voz baja y grave — El matrimonio.

Se inclinó sobre la mesa de ébano y deslizó un documento, era un contrato de negocios.

— Un matrimonio es la coartada perfecta, te da inmunidad con la policía, y me da a mí la imagen de estabilidad que necesito para contrarrestar la emboscada. Te conviertes en una Montaño, nadie tocará a la esposa de Dante. Ni la ley, ni la prensa, ni ese imbécil de Alejandro.

Elara sintió que el aire se espesaba, él no la había llamado para pedir, sino para forzar.

— ¿Matrimonio, con un asesino?

— No soy un asesino, tú sabes bien que el hombre del aparcamiento no lo maté yo. Alguien nos quiere fuera del tablero, y la única forma que tenemos de sobrevivir es juntos.

Elara caminó hacia la mesa y tomó el contrato. Sus ojos recorrieron las cláusulas, propiedad separada, sin obligación conyugal, y confidencialidad absoluta. Esta era la manera más sencilla de entrar al mundo de Dante.

— ¿Y qué gano yo, Montaño? Además de un estigma por casarme con el Demonio de Milán.

— Ganas mi protección, mi posición, mi nombre te hará intocable. Y lo más importante, Alejandro se alejará de mi esposa.

Elara lo miró. Celos, territorialidad… su motivación era tan egoísta como cabía esperar, y eso le dio una fisura.

— No, tienes miedo. Miedo de que la justicia te encuentre por otros crímenes, y miedo de que Alejandro se quede con tu coartada — Ella sonrió con una mueca helada — Y tienes razón para tener miedo.

Ese contrato era la llave que necesitaba.

— Acepto — dijo, la palabra fue tan amarga en su boca como el arsénico.

Dante levantó una ceja, sorprendido.

— Pero tengo una condición, Montaño. Una innegociable.

Elara se acercó y apoyó las palmas de las manos en la mesa, inclinándose hacia él.

— Quiero acceso irrestricto a todos los archivos financieros de Montaño Global — exigió.

Dante se quedó inmóvil.

— ¿Para qué demonios?

— Si voy a ser la esposa de un hombre bajo investigación, debo asegurarme de que no me arrastre al fondo. Necesito auditar cada movimiento, no quiero sorpresas, Dante. Si descubro una conexión con el crimen organizado, me divorcio y te hundes solo.

Era la coartada perfecta para su Vendetta.

Dante cerró los ojos un instante, evaluando el riesgo.

— ¡Es una locura!

— ¡Es mi precio! No lo tomas, y me voy ahora mismo y dejo que Alejandro y la prensa te devoren. Tienes veinte segundos.

Elara sintió la adrenalina.

Dante abrió los ojos, sus pupilas dilatadas por la ira.

— ¡Maldita sea, Lyra! ¡Hecho!

La tensión entre ellos era ahora un cable a punto de romperse.

Dante dio la vuelta a la mesa y se paró justo frente a ella.

— Ahora eres mía, Lyra — susurró con su voz profunda cargada de posesividad.

— Soy tu socia — replicó ella, pero su voz flaqueó.

— ¡No! ¡Serás mi esposa! ¡Y mi coartada!

Dante la acorraló contra la mesa, obligándola a alzar la barbilla. Su rostro, guapo y brutal, descendió.

— Necesitas entender con quién te vas a casar.

Tomando su rostro entre sus manos, la besó. El beso no fue suave, fue una muestra de poder, una declaración de posesión, una boca exigente que aplastó la suya.

La resistencia de Elara se fundió con el deseo prohibido, y ella le devolvió el beso, en una respuesta primitiva y voraz. La atracción oscura, enterrada en el odio, se liberó. Sus bocas se separaron, dejando una línea plateada de saliva y lujuria.

Dante la miró, la respiración de ambos agitada.

— Eso... es lo que te costará tu acceso a mis archivos.

Elara estaba temblando, rota entre el deber y el deseo.

Dante se enderezó, y retomando la compostura, firmó el contrato.

— Bienvenida a la familia Montaño, Lyra. La boda es mañana.

Él salió del salón sin mirar atrás. Elara tocó sus labios, había aceptado el infierno.

De repente, su comunicador parpadeó, era Sofía.

— Lyra, tengo algo. Rastreé el móvil de Vincenzo, no ha salido de Milán, pero anoche... tuvo una reunión con el Senador Bellini.

Elara sintió un frío absoluto, que no tenía nada que ver con Dante.

— Bellini — El nombre que su padre le había advertido que era intocable, un verdadero poder. Elara acababa de firmar un contrato con el diablo equivocado.

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