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VI: Frecuencias cruzadas

Author: dannim99
last update publish date: 2026-11-01 06:10:16

📍 Barcelona, España.

El tono de llamada sonaba tres veces la pantalla mostraba la videollamada entrante. Me acomodo en el sofá, con las piernas cruzadas y la laptop encendida enfrente mostrando un esquema de neuroanatomía que ya empieza a borrarse ante mis ojos cansados.

— ¡Boas noites, miña nena! —la voz de mi madre retumba por el altavoz —. Te veo una cara de agotada que da pena, Valeria. ¿Has comido algo decente hoy o sigues alimentándote a base de café y pan?

—Hola, mamá. He comido bien, lo prometo —sonrío de lado, dejando el bolígrafo sobre la mesa—. Solo ha sido un turno pesado en el hospital. Mucho movimiento en urgencias.

Al fondo de la pantalla aparece mi padre, sosteniendo una taza de té y comiendo su típico pastel de nata cómo todo portugués que se respeta pese a llevar más de veinte años viviendo en Galicia, lo que le ha dejado un acento único, una mezcla fluida entre el portugués y el gallego que a mí me sale de forma natural cuando hablo con ellos.

—Não te esforces tanto, miña filha —interviene él, acercándose a la cámara—. Te dijimos que si necesitabas que te echáramos una mano con los gastos del apartamento este mes no había problema. Trabajar en el hospital gratis para esas prácticas y luego estar haciendo malabares con tus ahorros no es vida.

—Papá, ya lo hablamos —respondo con firmeza pero con cariño—. Los ahorros que junté trabajando todo el verano pasado me dan de sobra para el alquiler y mis cosas. Saben que no me gusta depender de nadie si puedo resolverlo yo sola.

—Orgullosa como su padre, no tiene remedio —suspira mi madre riéndose, aunque se le nota el orgullo en los ojos—. Por cierto, ¿viste el partido del Coruñés del fin de semana? Tu hermano casi rompe la mesa de la sala con el gol en el descuento.

—¿Crees que pude verlo? Estaba metida en una guardia de doce horas. Tuve que mirar el resultado en el móvil a escondidas durante un cambio de suero —admito con una mueca de resignación—. Pero me alegro de que ganaran. A ver si este año nos dan una alegría de verdad y volvemos a donde nos corresponde.

—Paciencia, menina, paciencia —dice mi padre guiñándome un ojo—. Bueno, descansa, que mañana tienes otra jornada larga. Un beso grande desde casa.

—Un beso a los dos. Beijinhos, pai.

Corto la llamada y el silencio vuelve a apoderarse en mi entorno. Es curioso cómo hablar con ellos me recoloca las ideas al instante. Recordar de dónde vengo, la disciplina que vi en mi casa desde pequeña y la independencia que me enseñaron a construir hace que cualquier distracción en Barcelona parezca secundaria.

Incluido un futbolista que insiste en ocupar espacio en mis pensamientos.

Cierro la tapa de la computadora y me levanto para ir por un vaso de agua a la cocina. La escena de esa tarde cerca del estacionamiento vuelve a pasarme por mi cabeza: la presión de su mano entrelazada con la mía, la calidez de su aliento a escasos centímetros de mi cara y esa promesa dizque derribar mi muro. Marc no está acostumbrado a que no le abran paso de inmediato, y eso lo vuelve impredecible. Y la impredecibilidad, para alguien a quien le gusta tener todo bajo control como a mí, es un terreno peligroso.

Escucho el timbrecito de una notificación sobre la mesa. Agarro mi celular esperando que sea Paula con los apuntes de la clase de mañana.

No lo es.

Marc Capellà: Acabo de cenar. En el vestuario ya se están burlando porque me pillaron sonriéndole al teléfono como un idiota🫠. Échame la culpa si quieres, pero sé que tampoco estás concentrada estudiando.

Apoyo la cadera contra el mueble de la cocina, leyendo el texto con una mezcla de cansancio y diversión.

Deslizo los dedos por el teclado:

Valeria: Tus problemas de concentración no son mis problemas, Capellà 😌. Yo estoy muy tranquila en mi sofá terminando un ensayo. Y para tu información, soy perfectamente capaz de separar mi trabajo de las distracciones.😉

La respuesta tarda menos de diez segundos en llegar.

Marc Capellà: ¿Así que soy una "distracción"?🤔 Algo es algo. Paso a buscarte el jueves a las ocho. Hay un sitio cerca del puerto que quiero que veas, sin hablar de fútbol ni medicina, solo tú y yo.

Me quedo mirando la pantalla durante un momento. El impulso inicial en mi mente es buscar una excusa: quizás que tenga un exámen en el transcurso de la semana o el cansancio acumulado de las guardias eternas o simplemente el deseo de no ponérselo tan fácil.

Pero hay algo en la forma en que plantea las cosas —sin rodeos, directo al grano — que me frena.

Valeria: A las ocho y media y yo paso a buscarte con mi auto. Ya te dije que el transporte lo manejo yo 😘 🚗

Marc Capellà: Trato hecho, doc. Que descanses. 😉

Bloqueo el teléfono y lo dejo boca abajo sobre la mesa. Me paso los dedos por el cabello, soltando un suspiro mientras apago la luz de la cocina. El jueves por la noche. Un nuevo terreno neutral donde veremos si su seguridad aguanta cuando no juegue de local.

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