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Capítulo 1173

مؤلف: Ámbar O.
—No hace falta. En la noche tengo cosas que hacer —rechazó Bianca.

Por más que hablaran, eso no iba a cambiar el resultado.

—Los resultados salen esta tarde. Te acompaño —dijo Sergio con un tono algo imperioso, y colgó.

Bianca miró el celular y suspiró con resignación, porque conocía a Sergio y sabía que siempre cumplía lo que decía.

En la noche, al salir del trabajo, en efecto vio frente al edificio de la empresa el conocido sedán negro.

En cuanto la vio, Sergio bajó del auto y le abrió la puer
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  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1175

    Sergio vio de reojo la expresión de Bianca y le apretó la mano con más fuerza.Giró la cabeza hacia Andrea con una mirada distante, y en su voz tranquila se notaba la burla.—Doctora Estrada, otra cláusula del acuerdo establece que, si alguno encuentra a la persona con la que quiere estar, puede darlo por terminado en cualquier momento. ¿O no es así?Al escucharlo, Andrea palideció sin poder rebatirlo, porque esa cláusula sí existía. Al ver que no decía nada, Sergio se dispuso a irse.Pero Andrea, que acababa de estar con doña Herminia, no se daría por vencida.Jamás imaginó que Sergio declararía con tanta determinación que no aceptaría casarse con ella.—Ella es modelo. A doña Herminia no le va a gustar.En el tono ansioso de Andrea se notaba el menosprecio hacia Bianca.—En ese medio todo es un desorden, y las relaciones entre hombres y mujeres son un caos. Doña Herminia no va a aprobar lo suyo.A Bianca se le notó cierto disgusto.¿Así que solo ella era tan digna y decente?Si querí

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1174

    Aunque no sabía qué estaba pensando Bianca, Sergio arrancó el auto y se dirigió al hospital.Veinte minutos después, cuando el auto se detuvo frente a la entrada del hospital, Sergio bajó primero, lo rodeó hasta el lado del copiloto y le abrió la puerta con una caballerosidad natural.Cuando, al bajar, Bianca le rozó sin querer el dorso de la mano con la punta de los dedos, los dos se detuvieron a la vez y enseguida apartaron las manos.En cuanto entraron en el pasillo del área que ya conocían, les llegó el característico olor del hospital. Bianca respiró hondo, pero avanzaba titubeando.Sergio notó su nerviosismo y, en silencio, aminoró el paso para caminar a su lado.—No tengas miedo, aquí estoy.Algo calmada por esas pocas palabras, que fueron como un bálsamo, asintió y abrió la puerta del consultorio del doctor, que estaba ordenando unos documentos.Al verlos entrar, el doctor sonrió con amabilidad.—Señorita Torres, doctor Villalobos, ya están los resultados.Les tendió un informe

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1173

    —No hace falta. En la noche tengo cosas que hacer —rechazó Bianca.Por más que hablaran, eso no iba a cambiar el resultado.—Los resultados salen esta tarde. Te acompaño —dijo Sergio con un tono algo imperioso, y colgó.Bianca miró el celular y suspiró con resignación, porque conocía a Sergio y sabía que siempre cumplía lo que decía.En la noche, al salir del trabajo, en efecto vio frente al edificio de la empresa el conocido sedán negro.En cuanto la vio, Sergio bajó del auto y le abrió la puerta del copiloto a Bianca, que dudó un momento, pero al final subió.—Si quieres decir algo, dilo. —Se abrochó el cinturón y giró la cabeza para mirar por la ventanilla.Sergio arrancó y se alejó despacio del edificio.—Quiero explicarte qué relación tengo con la doctora Estrada.Su voz sonaba muy tranquila.—Una vez, en un vuelo, a mi abuela le dio un paro cardíaco, y ella le salvó la vida. Después, mi abuela siguió en contacto con ella; con el trato le fue tomando mucho cariño y quiso emparejar

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1172

    Rodrigo tomó el sobre, lo abrió y sacó los documentos y las fotos que contenía, en las que aparecía una mujer maltratada y cubierta de heridas.Estaba en los huesos y se veía de lo más penosa.—Muy bien.Rodrigo apretó las fotos en la mano y torció los labios en una sonrisa cruel.—Mándale todo esto al viejo de forma anónima. Y recuerda hacerlo con cuidado, sin dejar rastro.—Sí, señor. —Diego asintió y salió de la villa.Rodrigo contempló a la desdichada mujer de la foto, apretó los dedos y estrujó la foto hasta hacerla una bola, mientras en sus ojos se agitaba una oscuridad densa y destructiva.***Mientras tanto, de regreso en casa, Verónica daba vueltas en la cama sin poder dormir, hasta que se levantó, fue al escritorio y abrió una caja que llevaba mucho tiempo guardada.Dentro había un pañuelo.Era el pañuelo con el que, muchos años atrás, en su primera cena de negocios, aquel hombre la había ayudado y le había limpiado la boca.Después no volvió a cruzar palabra con Rodrigo, per

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1171

    Bianca contuvo el aliento, asustada por la violencia que se agitaba en los ojos de Sergio, pero mantuvo el mentón en alto y no dio su brazo a torcer.Volteó la cara y clavó la mirada en los letreros de neón que veía por la ventana del auto detenido, aunque le temblaba la voz de forma casi imperceptible.—Solo digo la verdad. Si no te gusta escucharla, doctor Villalobos, puedes hacer como que no dije nada.—¿La verdad?Sergio le apretaba la muñeca con tanta fuerza que casi le hundía los dedos en la piel.—Bianca, dime con la mano en el corazón, cuando estuvimos en el hospital, ¿no fuiste tú la que me sedujo primero?Cuando su reclamo le cayó a Bianca como un mazazo, los recuerdos que tanto se había esforzado por reprimir la inundaron.Mientras estuvo postrada en la cama del hospital, no podía moverse ni hablar, pero aun así sabía todo lo que él hacía por ella.La ternura con que le limpiaba la frente, la paciencia con que le hablaba a altas horas de la noche, el alivio en sus ojos al sa

  • El Arquitecto De Mi Refugio   Capítulo 1170

    Al terminar, Vanessa y Rafael regresaron a Villa Primavera, acompañados por los demás. Vanessa tenía la cara cansada, pero mostraba una sonrisa radiante.—Gracias por todo lo que hicieron hoy. ¿Todos recibieron el regalo? Otro día los invito a comer como se debe.—Si la novia lo dice, nos lo vamos a tomar en serio —bromeó Leonardo.—Claro, otro día comemos juntos.Verónica sonreía.—El regalito que recibí hoy es más que mi sueldo de un mes. Gracias a mis dos jefes.—Es cierto, el regalo fue muy generoso.Bianca se rio, pero ni así pudo disimular que tenía los ojos rojos, ya que tampoco había dormido bien.Además, durante la boda no había dejado de llorar, como si fuera ella la que se casaba, así que a esas alturas tenía los ojos rojos e hinchados.Sergio alzó el mentón.—Bueno, no vamos a molestarlos más. Nosotros ya nos vamos.—Sí, quedamos otro día.Tras asentir a modo de despedida, Rafael le pidió a Vanessa que descansara y él mismo los acompañó hasta la puerta.Bianca miró con seri

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