LOGINVanessa jamás negó que Alexis le había salvado la vida, pero eso no significaba que tuviera que tolerar la crueldad de Yolanda.Pensar en sus padres muertos le revolvía el estómago; en segundos se le llenaron los ojos de lágrimas.Alzó la cabeza y respondió:“Si a usted le gusta tanto sacar el tema de mis padres muertos, ¿por qué no baja a hacerles compañía?”Después de enviarlo, no sintió ningún alivio. Al contrario, los extrañó más que nunca.Ese ánimo sombrío la acompañó buena parte del día.Por la noche, Rafael llegó a recogerla para ir al banquete.En el auto, notó que algo no estaba bien y preguntó con suavidad:—¿Estás de mal humor?Vanessa se encontró con su mirada profunda y, al final, no dijo nada sobre la llamada de Yolanda esa tarde. Lo negó.—No es nada.—Si en algún momento no quieres estar ahí, me lo dices y nos vamos. —La mirada de Rafael era tan tranquila como siempre, como si esos ojos nunca pudieran enojarse.Vanessa sonrió.—Bien.***El banquete comenzaba a las nue
Vanessa hizo una mueca de dolor y lo miró con cierto reproche, pero asintió dócilmente y se terminó todo el té de manzanilla.Cuando terminó, él recogió la taza.—Duerme temprano. En estos días necesitas descansar más.—Qué experiencia tienes cuidando a la gente.El comentario de Vanessa tenía doble intención, y si uno lo escuchaba con cuidado, había algo ácido en él.Rafael la miró fijamente con esos ojos oscuros y profundos, y curvó los labios en una sonrisa a medias.—Toda esa experiencia la puedo usar contigo. Puedo cuidarte bien.Los ojos de Vanessa se abrieron poco a poco.Luego lo escuchó agregar:—Garantizado para dejar satisfecha a la señorita.Vanessa sabía que la estaba molestando otra vez. Tratándola como a una niña.Pero después de tomar el té, sentía todo el cuerpo cálido, y la consideración de Rafael le dejaba una sensación nueva.Este matrimonio, tan tranquilo y acogedor, en verdad se sentía como un hogar.Hacía mucho tiempo... que no experimentaba eso.***El diez del
Vanessa quedó suspendida en el aire y, por instinto, rodeó su cuello con los brazos.Lo que él había dicho era fácil de malinterpretar, y Vanessa casi lo dijo sin pensar:—No estoy cansada, no hace falta que me des un masaje en todo el cuerpo.—¿Y si yo quiero?Los ojos de Rafael ardían con un deseo que no intentaba disimular.El corazón de Vanessa se aceleró. Pensó en algo y, sin poder evitarlo, se mordió el labio, incómoda.Pero ese gesto, para Rafael, era una tentación letal. Sin decir más, bajó la cabeza y la besó.Fue tan suave como siempre. La exploró entre besos mientras la llevaba en brazos hasta la cama. La besó hasta dejarla sin fuerzas para resistirse.Rafael sabía lo que hacía: era tentador y tenía el don de hacerla olvidar todo.Cuando su cuerpo ardía y sus manos comenzaron a recorrerla, Vanessa recuperó los últimos restos de razón que le quedaban. Le tomó la mano y dijo entre jadeos:—Yo... me bajó...Rafael contuvo el aliento; las venas de sus sienes se marcaron.—¿Cuánd
Alexis habló con voz entrecortada, lastimado:—Tú sabes bien que no me falta nada. Solo quiero volver contigo.—Entonces piénsalo —dijo Vanessa, sin ningún interés en escuchar su arrepentimiento—. Cuando lo tengas claro, me avisas y lo resolvemos de una vez.Sin esperar a que dijera algo, colgó.Al bajar el celular, la presión que cargaba cedió un poco.No podía negarlo: esos cinco años lo había amado perdidamente.Pero no era masoquista. Unas cuantas palabras no iban a moverla para que volviera a dejarse engañar.Porque amar de verdad es cuidar al otro. Si Alexis la hubiera amado, ¿cómo habría podido reprocharle todo una y otra vez e ignorarla, solo por Natalia?Al poco rato, la pantalla del celular se iluminó.Era un mensaje de Alexis: “¿No ibas a recompensarme? Primero agrégame a tus contactos, cuando sepa lo que quiero, te aviso”.Vanessa le echó un vistazo sin inmutarse y volvió a dejar el celular.***A las diez de la noche, Vanessa acababa de apagar la computadora.El sistema al
Pero por más que su mente se agitara, no podía olvidar todo el daño que le habían hecho.—¿No olvidaste todas las promesas que le hiciste a mi papá? ¿Y ahora vas a actuar como el gran enamorado?Vanessa se zafó de él, con una mirada fría.—En cuanto a lo de salvarme la vida, sí, te debo una. Pero ¿casarme contigo? Ahórratelo. No estoy loca.Dicho eso, dio media vuelta y caminó. A los pocos pasos se detuvo y lo miró por encima del hombro.—Tú mismo lo dijiste: soy demasiado orgullosa para perdonar. Así que en mi mundo, esa palabra no existe. Quédate callado y muerto en mi pasado, que es donde debes estar. Por favor, no vuelvas a meterte en mi vida.Con eso, Vanessa irguió la espalda y se alejó, fría y decidida.Alexis la vio irse y apretó el puño. No podía creer que no fuera a recuperarla.Hacía un momento, cuando trajo a colación el pasado, ella se había ablandado.Cinco años de amor. ¿Cómo era posible que ya no sintiera nada?Además, ella era de las que se tomaban en serio la gratitud
—Vanessa.Al pasar a su lado, Alexis le tomó la muñeca.—¿Podemos hablar?La entrada del ascensor quedó bloqueada. Los de adentro no podían salir; los de afuera no podían entrar.—Vanessa... —Itzel, atrapada adentro, habló con un tono inseguro y culpable.Vanessa volteó y la miró de reojo, indiferente. Entendió que había sido ella quien le había dicho a Alexis sus planes, y apartó la mirada.—Suéltame.Forcejeó, mirando a Alexis con frialdad y distancia.Él apretó más su mano, sin intención de soltarla.—Diez minutos. Solo te pido diez minutos.Vanessa sabía que si no aceptaba, no iba a ningún lado.—Bien. Diez minutos.Al escucharla, Alexis sonrió.Ella no quería bloquear el ascensor ni convertirse en un espectáculo, así que lo siguió al café de al lado.A esa hora había poca gente; el lugar estaba casi vacío.Encontró un lugar cerca de la ventana y se sentó frente a él.Miró su reloj. Se veía seria.—Habla. ¿Qué quieres?Alexis arrugó la frente. Notó que su actitud era muy distinta a
Al ver su cara llena de determinación, Alexis sintió nerviosismo y sus labios temblaron un poco.Vanessa lo miró con indiferencia; su voz sonaba débil, pero sus palabras fueron contundentes.—Desde aquel día en el que no llegaste al registro civil, desde el momento en que terminé contigo, te saqué d
Vanessa permaneció tranquila, como si no le importara.—¿Ya terminaste?Alexis quedó pasmado; no esperaba que ella reaccionara con tanta calma. Según él, lo normal era que se enojara y le reclamara por qué no se ponía de su parte, como hacía siempre.—Si ya acabaste, lárgate. Deja de hacer el ridícu
Bianca se sentía muy culpable. Al otro lado de la línea se escuchaba mucho ruido, como si estuviera trabajando y hubiera aprovechado un descanso para llamarla.Vanessa sonrió para tranquilizarla.—No puedes protegerme siempre. ¿Qué tiene de malo que ahora me toque cuidarte?Bianca sollozó un poco, m
Verónica llevaba un maquillaje discreto, una blusa de seda blanca y unos pantalones negros de vestir algo sueltos. Se veía sencilla pero sofisticada; su mirada proyectaba seguridad. Vanessa siempre había admirado a las mujeres profesionales que se veían así de decididas.Verónica fue la primera en h







