LOGINJoel estaba sentado a su lado, jugando a las cartas y bebiendo con Talía y Corina, con quienes se divertía de lo lindo hasta que perdió y le tocó beber dos vasos como castigo.Cuando terminó de beber, vio que Bianca estaba desanimada. Se inclinó un poco hacia ella y la consoló en voz baja, junto al oído.—No estés triste. Confía en mí. Seguro que todo saldrá bien.Estaba al tanto de todo lo que le pasaba a Bianca; no solo no tenía miedo, sino que la había animado a salir para distraerse y despejarse.—No es gran cosa. Al final, solo queda esperar el resultado. —Bianca sonrió.Hablaba como si no le importara cuando Joel giró la cabeza para mirarla y le dedicó una sonrisa encantadora.—Pase lo que pase, estaré contigo.Bianca se quedó confundida unos segundos al recordar que ya había oído esas palabras de alguien que desde hacía mucho seguía otro rumbo.—Ya basta. No soy tan frágil, no te conmuevas con tus propias palabras. —Bianca rio con desprecio.Joel la miró con los ojos brillantes
—Doña Juana.Vanessa se acercó a Juana, que estaba aterrorizada.—¿Qué le pasa?Juana estaba en cuclillas en el suelo, sujetándose la cabeza, con gesto de dolor.—Me duele... Me duele la cabeza...Aquellas imágenes fragmentadas iban surgiendo como si fueran a desgarrarla. Incapaz de soportarlas, gritó de miedo, lo que asustó muchísimo a la otra empleada.Vanessa llevó enseguida a Juana al hospital.Mientras tanto, en el Club Cúspide, Rafael, Leonardo y sus acompañantes acababan de sentarse.—No puedo creer que ese tipo haya logrado escapar. —Leonardo jugueteaba con el encendedor que tenía en la mano, con gesto de disgusto.Miró a Rafael.—No podemos subestimarlo, de otro modo ya te habrías deshecho de él durante esos años en el extranjero.Rafael mantenía la mirada baja, pero no lograba ocultar su expresión sombría.—En efecto, no hay que subestimarlo.Durante ese tiempo, todos habían enviado gente a buscar a Damián y a Alexis, pero nadie había encontrado ni una sola pista de su parade
Vanessa y sus tres guardaespaldas siguieron a aquella figura durante un trecho, pero la perdieron de vista, por lo que ella les pidió que se separaran para buscarla.Media hora después, regresaron sin éxito.—Señorita, no encontramos a nadie.Los tres negaron con la cabeza porque hasta ellos habían perdido su rastro.¿De verdad era Alexis?¿Desde cuándo era tan hábil?—Señorita, ¿quién cree que era esa persona? —preguntó Daniel.—Se parecía mucho a Alexis. Creo que también lo vi aquel día en el hospital —respondió Vanessa, sin atreverse a afirmar nada.Daniel se sorprendió.—Por ahora, debe tener mucho cuidado cuando salga, señorita. Si Alexis logró escapar del señor Cisneros, seguramente alguien lo está ayudando en secreto.Vanessa asintió porque pensaba lo mismo y regresó al residencial Los Álamos, donde Rafael aún no había regresado, aunque doña Juana ya había preparado la cena con anticipación.La había dejado en la mesa térmica para mantenerla caliente.—Ya llegó, señora. ¿El seño
Joel y Bianca fueron al estacionamiento y subieron al auto. Ya dentro, Joel miró de reojo a Bianca, sentada en el asiento del copiloto:—¿Ese era un compañero de tu hermano?—Sí.Bianca respondió distraída mientras intentaba abrocharse el cinturón, que no lograba desenrollar. Joel se desabrochó el suyo y se inclinó hacia ella, lo que dejó a Bianca inmóvil un instante.Joel era guapísimo, con facciones tan delicadas que resultaba difícil encontrarles un defecto, sobre todo en sus ojos rasgados, de expresión seductora y cautivadora, y tenía la cara muy cerca de la suya cuando sus miradas se cruzaron y crearon una tensión íntima dentro del auto.—¿Qué haces? —Bianca frunció el ceño, algo incómoda.—Llevas un rato intentándolo y no puedes. Te ayudo. —Joel sonrió con picardía.Tomó el cinturón, le dio un tirón fuerte y se lo abrochó sin dificultad, pero siguió inclinado hacia ella, en la misma posición, con sus caras casi tocándose.El aliento de ambos se mezclaba, cada vez más cálido.—Ya
—Tráeme el medallón. Necesito verlo en persona.—Eso... me temo que será un poco difícil...Kevin cumplió con lo acordado y le explicó a Vanessa todo lo sucedido, sin omitir nada.Había visto el medallón de esmeralda de los Palma en poder de la novia de uno de sus compañeros de la universidad.Como solían verse para comer y divertirse, Kevin la recordaba bien. Vanessa supo así que Kevin cursaba el primer año en la Universidad del Río y, tras averiguar algunos detalles, no dio más rodeos.Le pidió a Kevin sus datos bancarios y le envió diez mil dólares.—Tráeme a la chica y el medallón. No intentes engañarme, o me encargaré de que no puedas ni seguir estudiando en la universidad.Aunque Vanessa hablaba en tono normal, sus palabras intimidaron tanto a Kevin que este tragó saliva y asintió.—Lo haré, se lo aseguro.Tras ponerse de pie sin cambiar de expresión, Vanessa salió de la cafetería del edificio y su celular sonó al recibir un mensaje de Rafael.“¿Pasó algo? ¿Qué planes tienes?”Do
En cuanto Vanessa terminó de escuchar el informe de Daniel, le pidió que contactara a esa persona para reunirse con ella.En menos de diez minutos, Daniel acordó la hora del encuentro y salió con Vanessa rumbo a la cafetería. Poco antes de llegar, Vanessa levantó la mano para consultar su reloj.Como ya casi era hora de salir del trabajo, le envió un mensaje a Rafael:“No hace falta que vengas por mí. Esta noche regreso por mi cuenta”.Después de enviarlo, guardó el celular y entró a la cafetería con sus guardaespaldas y Daniel para encontrarse con el usuario que los había contactado por internet.—¿Tú eres quien tiene el medallón de esmeralda de los Palma?Vanessa se sentó frente al joven y lo miró con frialdad, mientras él la contemplaba con admiración.¡Qué hermosa era!Pero al ver a los guardaespaldas que la acompañaban, se asustó ante ese despliegue.—S-sí, soy yo.Tartamudeaba y parecía tener miedo. No aparentaba ni veinte años. Llevaba una chaqueta acolchada gris y blanca y el c







