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Capítulo 561

작가: Ámbar O.
Al ver a los policías irrumpir en el lugar, con Rafael al frente de todos, Vanessa creyó que el golpe la había hecho alucinar.

Hasta que Rafael habló:

—¿Hasta cuándo vas a seguir equivocándote?

Se lo decía a Yolanda, con una mirada decepcionada. Los demás estaban confundidos. Quisieron huir, pero la policía y los hombres de Daniel los redujeron en un instante. Cristóbal y Bernardo se pusieron lívidos.

¡Era su fin! Bernardo fulminó a Vanessa con la mirada; la quería muerta.

Cristóbal temblaba de
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    No pudieron con Vanessa, así que cedieron. Vanessa estaba muy débil, así que Verónica la ayudó a bajar a la habitación de Rafael, en el piso de abajo. Leonardo montaba guardia frente a la habitación.Leonardo contó que Rafael había despertado una vez, pero que por la pérdida excesiva de sangre volvió a quedar inconsciente.—Rafael ya está fuera de peligro, se salvó de milagro. No te preocupes tanto y primero recupérate tú —la consoló Leonardo, con compasión y dolor en la mirada.Después de todo, le llevaba bastantes años y se llevaban bien; más allá de su relación con Rafael, él veía a Vanessa como a una hermana menor.Sobre todo después de que esos la secuestraran, la dejaran en la cámara frigorífica y la empaparan de pies a cabeza.Después de pasar del frío al calor, era un mal menor que solo le quedara fiebre y no acabara con una infección pulmonar.Los León tenían una fortuna enorme; los suyos la codiciaban y los de afuera conspiraban para quitársela. Por poco acabaron destruyendo

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    Durante aquellos tres años en el extranjero, lo persiguieron para matarlo decenas de veces y siempre salió con vida. Sergio entendía cómo se sentía y le dio una palmada en el hombro. Luego se puso serio y, preocupado, miró hacia Vanessa.Si hasta un hombre hecho y derecho como Leonardo Soto no lo soportaba, ¿cómo iba a soportarlo ella?En tan poco tiempo había tenido que enfrentar primero el desengaño amoroso, después lo ocurrido con su abuelo, y ahora hasta el trance de vida o muerte de Rafael.Cuando el oficial Tovar le contó lo que había pasado, Sergio adivinó lo difícil que había sido la decisión de Rafael en ese momento.Aunque tuviera que salvar a Vanessa, bien podría haberle dado una patada a Yolanda para apartarla y no salir herido. Pero el problema era que Yolanda era su madre, y simplemente no podía levantarle la mano.Por eso protegió a Vanessa con su cuerpo y, al mismo tiempo, pagó el precio de no atacar a su madre.Las enfermeras entraban y salían del área de urgencias con

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    Rafael bajó la cabeza y sostuvo su mirada; tenía la cara tensa, aunque sonreía con ternura.—Mi pequeña Vanessa, mientras estés bien, todo está bien. Te dije que iba a protegerte.—Señorita… el señor Cisneros…Daniel señalaba la espalda de Rafael, con la cara desencajada por el espanto. Al ver a Daniel así, Vanessa sintió una sacudida de miedo. Sintió que el peso de Rafael se le venía encima poco a poco.Quiso abrazarlo, pero tenía las manos atadas a la espalda. Mirando su cara pálida, le dijo con angustia:—Rafael, di algo. ¿Qué te pasa?Rafael intentó sonreír, pero los párpados le pesaban y apenas parpadeó.—Yo, no…No terminó la frase. Se desplomó sobre Vanessa. Ella no aguantó el peso y los dos cayeron juntos al suelo. Rafael quedó boca abajo; Vanessa cayó de costado.Sin reparar en el dolor del golpe, giró la cabeza enseguida para mirarlo, y entonces vio la navaja clavada en su espalda.La hoja estaba hundida, manchada de sangre, y la tela del traje se oscurecía aún más.En la mir

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    —Ya basta, deja de preguntar, ¿no lo ves? Vanessa investigó la muerte de su padre y se le fue encima a la señora Cisneros.—¿La señora Cisneros es la asesina del padre de Vanessa?Alexis palideció; estrelló el celular contra el suelo y salió del privado.Del otro lado, Vanessa sintió un ardor punzante en la piel. Yolanda había perdido el control un momento antes y, con un movimiento brusco, la navaja le abrió un tajo del que brotó sangre.Los demás estaban aterrados. Pero Vanessa no tenía miedo. Cuando se le pasó el mareo, rio con burla.—Si quieres matarme, mátame. Aunque muera, no pierdo nada, porque puedo arrastrarte conmigo al infierno. Quiero que te arrodilles ante mi padre a pedirle perdón.—Muy bien, ¡entonces morimos las dos!Yolanda alzó la navaja y se lanzó a clavársela en el cuello a Vanessa. De pronto, Rafael gritó:—Yolanda, atrévete a hacerle daño y lo destruyo todo.Yolanda se quedó pasmada. Volteó hacia Rafael, incrédula.—¿Por esta mujer me amenazas?—Es mi esposa.La

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    Al ver a los policías irrumpir en el lugar, con Rafael al frente de todos, Vanessa creyó que el golpe la había hecho alucinar.Hasta que Rafael habló:—¿Hasta cuándo vas a seguir equivocándote?Se lo decía a Yolanda, con una mirada decepcionada. Los demás estaban confundidos. Quisieron huir, pero la policía y los hombres de Daniel los redujeron en un instante. Cristóbal y Bernardo se pusieron lívidos.¡Era su fin! Bernardo fulminó a Vanessa con la mirada; la quería muerta.Cristóbal temblaba de pies a cabeza por el dolor, con la mano apretada sobre la oreja que no dejaba de sangrar; la sangre se le escurría entre los dedos. Ya le dolía muchísimo de por sí, y al ver a tantos policías sintió que el mundo se le venía encima.Pasada la conmoción, Yolanda rechinaba los dientes, furiosa.—Perra, mira que te atreviste a tenderme una trampa. Te voy a matar.Aprovechando que Vanessa estaba aturdida y mareada, Yolanda la sujetó del cuello y sacó del bolso la navaja que llevaba consigo.—Que nadi

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