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Capítulo 637

Author: Ámbar O.
Vanessa también lo vio. Estacionó el auto y bajó de inmediato.

—Rafael…

Tenía los ojos enrojecidos, pero sonreía mientras corría hacia él. Rafael caminó hacia ella y abrió los brazos. Después de unos pasos, se detuvo y la vio correr hacia él.

Su atuendo en blanco y negro relucía bajo el sol, y su sonrisa parecía brillar con más fuerza. Vanessa tenía tanto que decirle que se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza.

—Rafael, ya llegué.

Alzó hacia él los ojos llenos de lágrimas.

—Diste tantos pas
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    Él y Bianca se habían cruzado varias veces. Aunque no se conocían tan bien, una amiga de Vanessa también era amiga suya, así que lo normal era preguntar por ella.—Está bien. Le hicieron un lavado gástrico a tiempo y le salvaron la vida. —Rafael avanzó y salió junto a Sergio.Sergio vestía un traje de rayas y, aunque su atractivo no era tan refinado, junto a Rafael tampoco desentonaba. Sonrió apenas.—Y luego dices que no eres chismoso. Últimamente te sobran los guiones taquilleros, ¿cómo te queda tiempo para tanto rumor?Al escuchar la voz de Sergio, Leonardo enderezó la espalda.—Miren nada más, ¿vienen juntos? Qué buen momento; vamos a tomar algo. Me llegó un dato que quiero contarles.Rafael y Sergio intercambiaron una mirada cómplice. Leonardo siempre estaba bien informado; no se le escapaba nada de los enredos y rencores entre las grandes familias. Aceptaron y fueron juntos al bar musical de siempre.Cartaluz resplandecía de noche, deslumbrante y bulliciosa. Las calles estaban ll

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    Vanessa no le dio tregua y le contestó con dureza:—Si a Bianca le pasa algo, no lo voy a dejar pasar.Mientras tanto, fuera de la habitación, los dos hombres conversaban.—¿Bianca se quiso suicidar por ti? ¿Qué le hiciste? —Rafael lo miraba con dureza, serio.Conocía a Sergio desde hacía años y, por supuesto, sabía qué clase de persona era.Nunca había sido de los que se entusiasman por relacionarse con mujeres, así que tampoco sería capaz de orillar a Bianca al suicidio en tan poco tiempo.Pero Bianca era amiga de Vanessa y, aunque Rafael no fuera de los que se metían en asuntos ajenos, por ella tenía que averiguar bien qué había pasado.Sergio puso cara de haber oído un chiste absurdo; su calma dio paso al desconcierto.—¿Que se quiso suicidar por mí? ¿Seguro que no me estás tomando el pelo?Rafael se metió las manos en los bolsillos. No parecía estar bromeando.—Los médicos le extrajeron del estómago un frasco completo de pastillas para dormir; era evidente que quería morir. Aparte

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    —Vanessa, no te preocupes. Los médicos dijeron que está bien y que despertará pronto. —Rafael estaba frente a ella; dejó que se apoyara en su abdomen y le palmeó la espalda para tranquilizarla.Vanessa apoyaba la cara en su abdomen, llena de inquietud e impotencia.Durante el trayecto había sentido un miedo terrible y ni siquiera lograba entender por qué. Si todo estaba bien, ¿cómo era posible que Bianca hubiera tomado pastillas para dormir con intención de suicidarse?Pero en ese momento, por más que le extrañara, no conseguía decir nada. En cuanto Sergio terminó sus pendientes y se enteró de la noticia, apareció. Con su bata blanca, se veía sereno y reservado, con una elegancia discreta que parecía admirable e inalcanzable.—¿Bianca está bien?Sergio preguntó mirando a Vanessa. Al ver a Sergio, Vanessa recordó lo que le había dicho Margarita. Lo había buscado para que le contara qué había pasado el día que le retiraron el yeso a Bianca.Cuando terminó de hablar, Sergio entrecerró ape

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    Vanessa también lo vio. Estacionó el auto y bajó de inmediato.—Rafael…Tenía los ojos enrojecidos, pero sonreía mientras corría hacia él. Rafael caminó hacia ella y abrió los brazos. Después de unos pasos, se detuvo y la vio correr hacia él.Su atuendo en blanco y negro relucía bajo el sol, y su sonrisa parecía brillar con más fuerza. Vanessa tenía tanto que decirle que se lanzó a sus brazos y lo abrazó con fuerza.—Rafael, ya llegué.Alzó hacia él los ojos llenos de lágrimas.—Diste tantos pasos hacia mí que por fin me toca a mí caminar hacia ti.Se mordió el labio y parpadeó; las lágrimas le rodaron al instante, mientras el pecho se le llenaba de un amor tierno y desbordante.Rafael le sostuvo la cara y le secó las lágrimas con el pulgar.—Pórtate bien, no llores, que si se te corre el maquillaje ya no te ves bonita.Le habló con una ternura enorme y la miró con adoración. Vanessa asintió obediente, contuvo las lágrimas y le dedicó una sonrisa coqueta.—Por más fea que me vea, no te

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    Rafael se puso serio y apenas sonrió. Vanessa supo que esa no era la respuesta que quería escuchar.—Recuerdo que dijiste que el reloj era para alguien especial…—La señora Cisneros volvió a olvidarlo. Te lo dije: esa persona especial eres tú.Rafael la interrumpió antes de que pudiera terminar. Su voz grave seguía sonando cálida y tierna, pero cada palabra le pegaba hondo.A Vanessa le zumbó la cabeza; no podía creerlo. Él le hablaba con tanta sinceridad, con tanta suavidad, y le confesaba lo que sentía por ella. A Vanessa se le humedecieron los ojos y un nudo le apretó la garganta; la emoción la dejó sin palabras.Rafael sabía que ella seguía escuchando. Apretó el teléfono y habló despacio.—Desde el día en que te lo regalé, te lo dije: era el regalo que hace cinco años quise darle a esa persona especial y nunca pude entregar… Vanessa, jamás imaginé que algún día podría entregarlo, y mucho menos que me casaría con esa persona especial.Ella volvió de golpe al pasado. Fue poco después

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    Esas palabras, de “es amor”, parecían cargadas de fuerza y cayeron con todo su peso en el corazón de Vanessa.De pronto, Vanessa recuperó la seguridad y la mirada se le iluminó poco a poco.Vanessa no se aguantó las ganas de pedirle a Daniel que se fuera; ni siquiera esperó a que la puerta terminara de cerrarse. Tomó el teléfono y llamó a Rafael.Rafael contestó.—¿Cómo es que me llamas a esta hora? ¿Me extrañabas? —Igual que siempre, su voz era cálida y la provocaba con ternura.Vanessa recordó esa sonrisa suave y tierna que él le dedicaba, y el corazón se le ablandó.—Sí, te extrañaba. Te extraño muchísimo.Esta vez, Vanessa no hizo lo de siempre ni siguió su juego; respondió con seriedad y firmeza. Aquello dejó a Rafael helado. Preocupado, preguntó:—Hoy estás rara. ¿Te sientes mal o pasó algo?Su voz sonaba dulce y atenta. Estaba sentado en la cabecera de la mesa de juntas, con los altos ejecutivos a ambos lados.Estaban acostumbrados a la dureza de Rafael y a su expresión severa;

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