LOGINUna semana después, todo se había puesto en marcha con una especie de certeza callada que hacía que el momento se sintiera real e irreal al mismo tiempo.El lugar de la boda se extendía abierto hacia el horizonte, el aliento calmado del mar moviéndose suavemente a través del espacio, llevando consigo una brisa suave que rozaba cada rostro presente.Diana estaba allí con su vestido, los dedos ligeramente entrelazados frente a ella, su corazón firme pero lleno, como si todo por lo que había pasado la hubiera llevado exactamente a este punto.Se giró ligeramente, echando una mirada a Merlin a su lado.Él captó sus ojos casi de inmediato, como si hubiera estado esperando ese momento, y la sonrisa que se extendió por su rostro cargaba algo más profundo que la alegría.Había orgullo en ella, alivio y algo calladamente posesivo, como un hombre que sabía lo que casi había perdido y se negaba a dejarlo escapar de nuevo.Diana sostuvo esa mirada un segundo más de lo que pretendía, sus labios cu
Dos días después, Diana, Emma y Merlin estaban sentados en la mesa del comedor, el ambiente cálido y relajado de una manera que ahora se sentía natural, como si así hubiera sido siempre su vida.Los platos estaban llenos, el suave tintineo de los cubiertos contra la cerámica mezclándose con el bajo murmullo de la conversación.Emma se sentaba cómodamente, balanceando las piernas bajo la silla mientras comía, su rostro brillante de satisfacción.«Mami, eres la mejor cocinera del mundo», dijo Emma con plena confianza, levantando una cucharada de comida a su boca como si hiciera una declaración importante.Diana sonrió, sacudiendo ligeramente la cabeza. «No hables mientras comes, cariño», dijo con suavidad, aunque su tono cargaba más afecto que corrección.Emma asintió rápidamente, aunque su sonrisa no se desvaneció.Merlin los observaba a ambos en silencio, algo suave asentándose en su pecho mientras se reclinaba ligeramente en su silla.Momentos como este todavía lo sorprendían, lo fác
Diana regresó a casa esa noche luciendo agotada de una manera que no podía ocultarse.No era solo cansancio físico. Se asentaba más profundamente que eso, en la forma en que sus hombros caían, en la quietud que la seguía al entrar a la casa.La puerta apenas se había cerrado detrás de ella cuando Merlin dio un paso adelante. Al principio no preguntó nada.Simplemente la atrajo a sus brazos, abrazándola con firmeza, una mano en su espalda, la otra descansando suavemente en la nuca.Ella se apoyó por completo en él, como si eso fuera exactamente lo que necesitaba.La guió lentamente hacia el sofá, su brazo todavía alrededor de ella mientras se sentaban. Solo entonces se apartó ligeramente para mirar su rostro.«¿Cómo está?», preguntó en voz baja.«Está mejor ahora», respondió Diana, su voz baja pero firme.Hubo un breve silencio antes de que ella se girara para enfrentarlo correctamente.Sus ojos buscaron los de él un momento, luego se suavizaron ligeramente, aunque algo inquieto todaví
La llamada no duró mucho, pero fue suficiente para cambiarlo todo.Diana no esperó a pensar las cosas. En el momento en que la terminó, agarró su bolso y se giró hacia la puerta sin vacilación.«Tengo que irme», dijo rápidamente.Merlin ya se estaba moviendo antes de que ella terminara de hablar. «Iré contigo».Ella negó con la cabeza casi de inmediato. «No… déjame ir primero».Él se detuvo, estudiando su rostro, luego asintió. «Llámame cuando llegues».«Lo haré».No dijo nada más antes de salir.El trayecto se sintió más largo de lo que debería. Cada segundo se alargaba, su mente corriendo por posibilidades que no quería considerar.Para cuando llegó, su corazón ya latía de una manera que no podía controlar.Corrió a través de la entrada, sus ojos buscando hasta encontrar lo que buscaba.Selena.La niña yacía en la cama, más pequeña de lo habitual, su energía brillante habitual reemplazada por una quietud callada que inquietó a Diana de inmediato.«Mami…», llamó Selena débilmente en
El cambio no llegó con ruido. No hubo confrontación, ninguna aparición repentina, ninguna interrupción cuidadosamente sincronizada.Eso fue lo que lo hizo inquietante.Después de todo lo que Henry había estado haciendo, las interrupciones, la presión, la interferencia callada que se había revelado lentamente, el silencio repentino se sentía mal.Diana lo notó antes de poder explicarlo. Al principio llegó como alivio. Pasó un día sin que nada saliera mal. Luego otro.Su horario se alineó perfectamente, las reuniones se realizaron como estaban planeadas, las llamadas llegaron a tiempo, nada se retrasó, nada chocó.Debería haberse sentido como si las cosas finalmente volvieran a la normalidad, pero en cambio la dejó inquieta.Estaba de pie en su oficina una tarde, mirando su calendario, revisándolo de nuevo aunque ya lo había comprobado dos veces.Todo estaba en orden. Demasiado en orden.«Eso es extraño», murmuró para sí misma.Merlin, que había entrado momentos antes, captó el tono de
Para cuando Diana llegó al final de esa semana, ya no estaba adivinando.El patrón se había revelado con demasiada claridad para ignorarlo, y la frustración callada que había estado manejando se transformó en algo más firme, algo más afilado.Ya no se sentía abrumada.En cambio, se sentía enfocada. Quienquiera que estuviera detrás de esto había esperado confusión, distracción, tal vez incluso pánico.Lo que no habían esperado era que ella diera un paso atrás, observara y decidiera que estaba cansada de reaccionar a ciegas.Fue así como se encontró de pie frente a Henry de nuevo, no por accidente esta vez, no porque él apareciera sin invitación, sino porque ella lo eligió.Ella misma envió el mensaje, corto y directo, sin dejar lugar a malentendidos.Él aceptó reunirse con la misma rapidez, como si hubiera estado esperando ese momento todo el tiempo.Cuando ella llegó, él ya estaba allí, sentado, calmado como siempre, su presencia llevando esa misma compostura controlada que ella había







