공유

Capítulo 3

작가: Bella Grace
last update 게시일: 2026-09-03 19:35:55

Hace nueve años, Diana por fin había encontrado el valor para decir lo que llevaba guardado en el pecho durante años.

Estaba sola en el baño, mirando su reflejo en el espejo. Tenía las manos húmedas. Su corazón latía deprisa, no por miedo, sino por emoción.

Sonrió, y luego se rió en silencio de sí misma, presionándose los dedos contra los labios para calmarse.

—Henry —susurró, probando el sonido de su nombre de la manera en que uno prueba algo frágil—. He tenido sentimientos por ti durante mucho tiempo.

Hizo una pausa, sonrojándose por su propia audacia.

—Yo...

Antes de que pudiera terminar de ensayar, la puerta se abrió de golpe.

Henry tropezó al entrar.

Llevaba la corbata floja, la camisa arrugada, la mirada desenfocada. Tenía el aspecto desaliñado de alguien que había perdido el control de la noche. El fuerte olor a alcohol llenó el espacio casi de inmediato.

—Entonces ayúdame —murmuró débilmente.

Diana apenas tuvo tiempo de reaccionar antes de que él la alcanzara. Su mano se envolvió alrededor de su cintura y la atrajo hacia él. Sus cuerpos chocaron, juntos y repentinos. El aliento se le atoró en la garganta.

—Henry... —empezó ella.

Él no la dejó terminar.

Sus labios encontraron su cuello, calientes y urgentes, besando y presionando como si hubiera estado hambriento. Su espalda golpeó suavemente contra la pared. Sus pensamientos se dispersaron. Podía sentir el alcohol en él, fuerte e inconfundible, pero no importaba. No en ese momento.

No con la forma en que su corazón se aceleraba, no con los años de anhelo silencioso explotando finalmente en ese instante.

Vaciló. Solo por un segundo.

No era así como lo había planeado. Se había imaginado una confesión tranquila, una conversación apacible, tal vez incluso un rechazo. No esto. No sus manos moviéndose con necesidad, no su boca encontrando la suya, no su cuerpo respondiendo antes de que su mente pudiera alcanzarlo.

Sus besos se trasladaron del cuello a los labios. Su mano se deslizó más abajo, acercándola más, sin dejar espacio entre ellos. Su resistencia se debilitó. Sus pensamientos se nublaron.

Ella se rindió.

Esa noche lo cambió todo.

Después de esa noche, meses más tarde, cuando descubrieron que estaba embarazada de él, se casaron. Se casó con el amor de su vida.

El recuerdo del día de su boda seguía vivo en su mente, brillante y doloroso al mismo tiempo. Diana había estado de pie en el altar, con el corazón henchido y las manos temblando de felicidad.

Sostenía su ramo con fuerza, temerosa de que, si soltaba algo, el momento pudiera desaparecer.

Su otra mano descansaba sobre el hombro de Henry. Se recostó en él, sonriendo tan ampliamente que le dolían las mejillas. Se sentía elegida. Se sentía afortunada. Se sentía segura de que la vida finalmente había premiado su paciencia.

Fueron declarados marido y mujer ante familiares, amigos y extraños que sonreían y aplaudían para ellos.

Entonces Henry se inclinó cerca de su oído.

—No creas que drogarme y atraparme con un bebé te hace mi esposa —dijo en voz baja.

El mundo se inclinó.

La sonrisa de su rostro se desvaneció lentamente, como la luz siendo drenada de una habitación. Su cuerpo se puso rígido. Buscó en su rostro, esperando que fuera una broma cruel, un malentendido del que pudiera reírse más tarde.

—Solo eres otra cazafortunas —añadió.

Antes de que pudiera hablar, antes de que pudiera siquiera respirar correctamente, le quitó la mano del hombro de un empujón y se alejó de ella. No miró atrás. No le importaron las exclamaciones de sorpresa de los invitados ni la forma en que el ambiente cambió incómodamente.

Diana se quedó allí, congelada.

No podía moverse. No podía hablar. No podía llorar.

Ella no lo había drogado. Jamás había planeado atraparlo. Pero la verdad ya no importaba. El hombre que amaba ya había decidido quién era ella.

El ramo se le resbaló de la mano y cayó al suelo. Ella no se dio cuenta.

Apenas nueve meses después, Diana yacía en una cama de hospital, con el cuerpo azotado por el dolor. El sudor cubría su frente. Sus manos apretaban las sábanas mientras oleadas de agonía la desgarraban.

A poca distancia, el doctor hablaba con Henry.

—Señor Golding —dijo el médico con cuidado—, su esposa y su bebé están en condición crítica.

Diana lo escuchó todo. Cada palabra. Incluso a través del dolor, oyó.

—Necesitamos que decida —continuó el médico—. ¿Salvar a la madre o al...?

—Al bebé —dijo Henry rotundamente.

Las palabras salieron sin vacilación.

—Eso es lo único que me importa. Salven al bebé.

El médico se estremeció, su cuerpo moviéndose ligeramente por la sorpresa. Miró de Henry a Diana, que yacía allí llorando, con el rostro distorsionado por el dolor y el miedo.

Después de la operación, Diana sobrevivió.

Pero la supervivencia trajo su propio castigo.

—Su hija es prematura y muy frágil —explicó el médico más tarde.

Diana yacía débil en la cama, sosteniendo a su bebé con cuidado en un brazo. Miró la pequeña carita, sintiendo que el amor inundaba su pecho a pesar de todo.

Henry estaba de pie junto a la cama, con los ojos duros.

—Mira qué débil es —dijo con disgusto.

El médico lo ignoró. —Siempre tendrá que estar en una dieta estricta por su salud.

Los ojos de Henry volvieron a clavarse en Diana. —¡Todo esto es tu culpa! —gritó.

Cada palabra cortó profundamente.

A partir de ese día, Diana se sepultó en el deber.

Puso en pausa su prometedora carrera como investigadora sénior y se concentró en convertirse en la perfecta señora Golding. Aprendió. Se ajustó. Se sacrificó. Se convirtió en todo lo que la casa necesitaba.

Cocinaba con cuidado. Estudiaba nutrición. Monitoreaba las comidas. Prestaba atención a cada detalle de la salud de Selena.

Una mañana, cuando Selena tenía cuatro años, Diana preparó avena, cuidadosamente medida y tibia. La colocó sobre la mesa con una sonrisa amable.

Selena frunció el ceño de inmediato.

—¿Avena? —gritó enfadada—. ¡Quiero papas fritas!

Antes de que Diana pudiera responder, Selena agarró el tazón y lo arrojó al otro lado de la habitación. Se rompió ruidosamente. La avena salpicó por todo el suelo.

Henry estaba cerca.

No dijo nada.

Recogió su chaqueta y se marchó.

Diana limpió el desorden en silencio.

Lo dio todo. Todo lo que tenía. Su tiempo. Su energía. Sus sueños. Su silencio.

Pero ¿dónde estaba el de ella?

¿Su propia felicidad?

¿Acaso ella tampoco importaba?

¿Acaso no merecía ser amada sin tener que suplicar por ello?

Hoy, muchos años después, nada había cambiado.

La misma frialdad. El mismo desdén.

Más temprano ese día, Diana había hecho una llamada a su abogado. Él había venido discretamente, le había entregado un archivo y se había marchado sin llamar la atención. Henry, Lauren y Selena estaban arriba en ese momento, riendo.

Ahora estaban de vuelta en la sala.

Diana seguía allí de pie, cubriéndose una mano con la otra para detener el hemorragia.

—Lena —dijo Lauren alegremente mientras ayudaba a Selena a ponerse el abrigo—, ese restaurante al que vamos tiene esas papas fritas que tanto te gustan.

—¡Sí! —respondió Selena emocionada. Miró a Lauren con los ojos brillantes—. Señorita Lauren, quiero que seas mi mami.

Eso fue todo.

El golpe final.

—Mi esposo no me ama —se susurró Diana a sí misma mientras las lágrimas se le llenaban los ojos—. Mi hija no me quiere.

Henry ayudó a Lauren a ajustarse el abrigo. Se sonrieron el uno al otro.

Diana se secó las lágrimas lentamente. Respiró hondo.

—Ya no tengo motivos para quedarme en casa —susurró.

Mientras se dirigían hacia la puerta, Diana recogió el archivo de la mesa y caminó hacia Henry.

—Henry.

Él se detuvo y se giró.

—Firma esto. —Ella le tendió el archivo.

이 작품을 무료로 읽으실 수 있습니다
QR 코드를 스캔하여 앱을 다운로드하세요

최신 챕터

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 133: Votos y consecuencias

    Una semana después, todo se había puesto en marcha con una especie de certeza callada que hacía que el momento se sintiera real e irreal al mismo tiempo.El lugar de la boda se extendía abierto hacia el horizonte, el aliento calmado del mar moviéndose suavemente a través del espacio, llevando consigo una brisa suave que rozaba cada rostro presente.Diana estaba allí con su vestido, los dedos ligeramente entrelazados frente a ella, su corazón firme pero lleno, como si todo por lo que había pasado la hubiera llevado exactamente a este punto.Se giró ligeramente, echando una mirada a Merlin a su lado.Él captó sus ojos casi de inmediato, como si hubiera estado esperando ese momento, y la sonrisa que se extendió por su rostro cargaba algo más profundo que la alegría.Había orgullo en ella, alivio y algo calladamente posesivo, como un hombre que sabía lo que casi había perdido y se negaba a dejarlo escapar de nuevo.Diana sostuvo esa mirada un segundo más de lo que pretendía, sus labios cu

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 132: Una nueva vida comienza

    Dos días después, Diana, Emma y Merlin estaban sentados en la mesa del comedor, el ambiente cálido y relajado de una manera que ahora se sentía natural, como si así hubiera sido siempre su vida.Los platos estaban llenos, el suave tintineo de los cubiertos contra la cerámica mezclándose con el bajo murmullo de la conversación.Emma se sentaba cómodamente, balanceando las piernas bajo la silla mientras comía, su rostro brillante de satisfacción.«Mami, eres la mejor cocinera del mundo», dijo Emma con plena confianza, levantando una cucharada de comida a su boca como si hiciera una declaración importante.Diana sonrió, sacudiendo ligeramente la cabeza. «No hables mientras comes, cariño», dijo con suavidad, aunque su tono cargaba más afecto que corrección.Emma asintió rápidamente, aunque su sonrisa no se desvaneció.Merlin los observaba a ambos en silencio, algo suave asentándose en su pecho mientras se reclinaba ligeramente en su silla.Momentos como este todavía lo sorprendían, lo fác

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 131: «¿Podemos casarnos?»

    Diana regresó a casa esa noche luciendo agotada de una manera que no podía ocultarse.No era solo cansancio físico. Se asentaba más profundamente que eso, en la forma en que sus hombros caían, en la quietud que la seguía al entrar a la casa.La puerta apenas se había cerrado detrás de ella cuando Merlin dio un paso adelante. Al principio no preguntó nada.Simplemente la atrajo a sus brazos, abrazándola con firmeza, una mano en su espalda, la otra descansando suavemente en la nuca.Ella se apoyó por completo en él, como si eso fuera exactamente lo que necesitaba.La guió lentamente hacia el sofá, su brazo todavía alrededor de ella mientras se sentaban. Solo entonces se apartó ligeramente para mirar su rostro.«¿Cómo está?», preguntó en voz baja.«Está mejor ahora», respondió Diana, su voz baja pero firme.Hubo un breve silencio antes de que ella se girara para enfrentarlo correctamente.Sus ojos buscaron los de él un momento, luego se suavizaron ligeramente, aunque algo inquieto todaví

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 130: Atraída de vuelta

    La llamada no duró mucho, pero fue suficiente para cambiarlo todo.Diana no esperó a pensar las cosas. En el momento en que la terminó, agarró su bolso y se giró hacia la puerta sin vacilación.«Tengo que irme», dijo rápidamente.Merlin ya se estaba moviendo antes de que ella terminara de hablar. «Iré contigo».Ella negó con la cabeza casi de inmediato. «No… déjame ir primero».Él se detuvo, estudiando su rostro, luego asintió. «Llámame cuando llegues».«Lo haré».No dijo nada más antes de salir.El trayecto se sintió más largo de lo que debería. Cada segundo se alargaba, su mente corriendo por posibilidades que no quería considerar.Para cuando llegó, su corazón ya latía de una manera que no podía controlar.Corrió a través de la entrada, sus ojos buscando hasta encontrar lo que buscaba.Selena.La niña yacía en la cama, más pequeña de lo habitual, su energía brillante habitual reemplazada por una quietud callada que inquietó a Diana de inmediato.«Mami…», llamó Selena débilmente en

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 129: Un juego diferente

    El cambio no llegó con ruido. No hubo confrontación, ninguna aparición repentina, ninguna interrupción cuidadosamente sincronizada.Eso fue lo que lo hizo inquietante.Después de todo lo que Henry había estado haciendo, las interrupciones, la presión, la interferencia callada que se había revelado lentamente, el silencio repentino se sentía mal.Diana lo notó antes de poder explicarlo. Al principio llegó como alivio. Pasó un día sin que nada saliera mal. Luego otro.Su horario se alineó perfectamente, las reuniones se realizaron como estaban planeadas, las llamadas llegaron a tiempo, nada se retrasó, nada chocó.Debería haberse sentido como si las cosas finalmente volvieran a la normalidad, pero en cambio la dejó inquieta.Estaba de pie en su oficina una tarde, mirando su calendario, revisándolo de nuevo aunque ya lo había comprobado dos veces.Todo estaba en orden. Demasiado en orden.«Eso es extraño», murmuró para sí misma.Merlin, que había entrado momentos antes, captó el tono de

  • El Arrepentimiento Es Solo El Comienzo   Capítulo 128: Manteniéndose firme

    Para cuando Diana llegó al final de esa semana, ya no estaba adivinando.El patrón se había revelado con demasiada claridad para ignorarlo, y la frustración callada que había estado manejando se transformó en algo más firme, algo más afilado.Ya no se sentía abrumada.En cambio, se sentía enfocada. Quienquiera que estuviera detrás de esto había esperado confusión, distracción, tal vez incluso pánico.Lo que no habían esperado era que ella diera un paso atrás, observara y decidiera que estaba cansada de reaccionar a ciegas.Fue así como se encontró de pie frente a Henry de nuevo, no por accidente esta vez, no porque él apareciera sin invitación, sino porque ella lo eligió.Ella misma envió el mensaje, corto y directo, sin dejar lugar a malentendidos.Él aceptó reunirse con la misma rapidez, como si hubiera estado esperando ese momento todo el tiempo.Cuando ella llegó, él ya estaba allí, sentado, calmado como siempre, su presencia llevando esa misma compostura controlada que ella había

더보기
좋은 소설을 무료로 찾아 읽어보세요
GoodNovel 앱에서 수많은 인기 소설을 무료로 즐기세요! 마음에 드는 작품을 다운로드하고, 언제 어디서나 편하게 읽을 수 있습니다
앱에서 작품을 무료로 읽어보세요
앱에서 읽으려면 QR 코드를 스캔하세요.
DMCA.com Protection Status