تسجيل الدخولFrancesco salió del despacho pocos segundos después y lo encontró detenido al final del corredor, esperando frente a las escaleras que conducían a la planta inferior. No necesitó preguntarle qué quería. Había una sola persona dentro de aquella casa que justificaba la expresión que Matthias llevaba en el rostro.—¿Dónde está Devora? —preguntó Matthias cuando Francesco llegó a su lado, manteniendo la mirada sobre las escaleras.—En una de las habitaciones de seguridad. Hay dos hombres con ella desde que la trajimos —respondió Francesco mientras comenzaba a bajar junto a él, consciente de que la conversación que estaban a punto de tener llevaba demasiado tiempo pendiente.Matthias había permitido que Devora permaneciera bajo el techo Angelini durante dos años porque eso era lo que correspondía. La muerte de Leonel no la había convertido en una mujer ajena a la organización. Una viuda no abandonaba aquel mundo simplemente porque enterrara a su marido. Mucho menos cuando había sido la espo
La camioneta negra atravesó las puertas de la antigua residencia Angelini poco después. Elio conducía mientras Matthias revisaba los informes que Francesco le había enviado durante la madrugada. La tranquilidad que había experimentado junto a Davinna desapareció conforme avanzaba entre los documentos. Había demasiados asuntos pendientes y varios hombres que todavía debían responder por sus decisiones. Sin embargo, lo primero sería averiguar cuánto había conseguido ocultar Devora durante los años que llevaba viviendo bajo su techo.Cuando descendió del vehículo, encontró a varios hombres trasladando cajas hacia el despacho. Francesco había cumplido sus órdenes literalmente. Habían registrado dormitorios, levantado alfombras, desmontado muebles y revisado hasta las pertenencias que Devora conservaba desde su matrimonio con Leonel. Matthias avanzó sin preocuparse por el desorden. Aquella casa podía restaurarse después. Los secretos que escondía su cuñada le interesaban bastante más.—Esp
Davinna giró hacia él y regresó la atención al armario. Había suficientes camisas, pantalones y trajes para dejar claro que aquello no era ropa de paso. Matthias no pensaba quedarse solo algunas noches ni parecía interesado en preguntarle qué opinaba. Simplemente ocupaba espacio con la seguridad de quien espera que los demás se acomoden a sus decisiones.—Gracias. Por un momento pensé que Gemma había desarrollado una afición repentina por los trajes masculinos —comentó Davinna, pasando los dedos por la manga de una camisa antes de cerrar el armario—. ¿Cuándo pensabas avisarme de que pretendes mudarte a mi habitación?No estaba escandalizada ni sorprendida. Sabía que Matthias no solía pedir permiso para reorganizar la vida ajena, pero quería ver hasta dónde pensaba llevar aquella idea.Matthias ajustó el puño de su camisa y la miró. Esperaba una protesta explosiva, pero la encontró apoyada contra la puerta, cubierta con la sábana y observándolo con calma.—Técnicamente, quien se mudó a
Davinna despertó con la sensación extraña de que algo no encajaba.No abrió los ojos de inmediato. Permaneció inmóvil durante unos segundos, todavía atrapada entre el sueño y una cantidad considerable de recuerdos que comenzaron a regresar sin ningún orden conveniente. Matthias cubierto de sangre en la cocina. Bianca muerta. Los Vitale involucrados en el asesinato de Leonel. Una boda que nunca había sido realmente una boda. El agua de la ducha empapándole la ropa después de que aquel desgraciado la arrastrara con él. Sus besos. Sus manos. La forma en que ambos habían terminado dejando a un lado una discusión que, en realidad, seguía sin resolverse. Davinna abrió finalmente los ojos y miró hacia el espacio vacío a su lado. La sábana estaba revuelta y la almohada todavía conservaba la marca de una cabeza que ya no estaba allí, pero antes de que pudiera preguntarse si Matthias se había marchado escuchó el sonido del agua proveniente del baño.Cerró los ojos nuevamente.—Mierda —murmuró,
—Mmm... eres tan dulce, pastelito —murmuró él contra su piel, succionando su clítoris con una presión deliciosa. Davinna enterró las manos en el cabello mojado de Matthias, perdiendo el control por completo. Sus caderas empezaron a moverse en un ritmo frenético contra la cara de él. Los dedos de Matthias dentro de ella entraban y salían con ritmo pausado pero profundo, rozando su punto más sensible, mientras su lengua no le daba tregua.—¡Me voy a... Matthias, me voy a caer! —chilla ella, sintiendo cómo una ola gigante de placer se acumulaba en la base de su vientre. Él apretó su nalgas con la otra mano para fijarla a la pared y aceleró el movimiento de su lengua. Un segundo después, Davinna se vino ruidosamente. Un orgasmo violento y prolongado sacudió cada fibra de su cuerpo, haciendo que sus muslos temblaran sin control mientras se derramaba sobre la boca de su hombre.Matthias tragó su elixir con regocijo y besó la parte interna de su muslo antes de ponerse de pie de un solo mo
Escuchó abrirse el agua caliente, llenando el espacio con el vapor espeso y el sonido constante de la regadera. Davinna comenzó a buscar lo necesario y apenas había encontrado algunas cosas cuando oyó un sonido proveniente del baño. Un quejido ahogado, bajo y rasposo. Después otro. Frunció el ceño, preocupada a su pesar. —¿Matthias? El agua seguía cayendo. Davinna carraspeó para disimular el nerviosismo y se acercó a la puerta. —Te escuché. ¿Todo está bien ahí adentro? —No lo está, ven a comprobarlo —resonó la voz áspera de él entre el vapor. Debió sospechar. Definitivamente debió sospechar. Pero vio la imagen de él bajo el chorro de agua y se acercó lo suficiente para intentar comprobar si el agua caliente había provocado que la herida volviera a sangrar. Al dar un paso dentro de la mampara de cristal, la vista la dejó sin aliento. Matthias estaba con el agua cayendo sobre su pecho amplio y sus hombros. La luz del baño remarcaba cada músculo, pero







