LOGINVALENTINOEscuché el mensaje de Enny acostado en su cama.Había regresado a la ciudad esa mañana, pero no fui a la residencia. Entré a su departamento utilizando la llave que me había dado y me quedé mirando el cajón donde guardaba parte de mi ropa. Quería vaciarlo. Incluso saqué dos camisas y las arrojé sobre la cama. Después me acosté encima de su almohada como un idiota, respirando el olor que todavía quedaba en la tela.Cuando su voz comenzó a salir del teléfono estaba llorando tanto que algunas palabras apenas se entendían.La escuché dos veces.En la tercera ya estaba comprando un vuelo.No regresé porque nuestra pelea hubiera desaparecido ni porque ella estuviera borracha y triste. Regresé porque había pasado años castigando a las personas con mi ausencia. Mi padre me enseñó que marcharse era una forma de poder. Yo acababa de repetir la misma crueldad con la mujer a la que aseguraba amar.Durante el vuelo la llamé seis veces. Cada llamada alimentó una posibilidad distinta: que
ENNYValentino se fue.No fue una amenaza ni otra estrategia para obligarme a correr detrás de él. A las siete de la mañana llamé a recepción fingiendo que necesitaba entregarle unos documentos y me informaron que había dejado el hotel hacía una hora.Me quedé sentada en la cama, con el teléfono todavía pegado al oído y una rabia ridícula creciendo dentro del pecho. Yo le había pedido distancia. Le había dicho que se cambiara de hotel y después lo había acusado de intentar ocupar cada lugar donde yo respiraba. Aun así, una parte de mí esperaba encontrarlo frente al elevador con café, dispuesto a ignorar todo lo dicho la noche anterior.Lo odié por hacerme caso.Entré a la ducha y lloré debajo del agua hasta que mis ojos quedaron hinchados. Luego intenté maquillarme, me quedó una línea del delineador más gruesa que la otra y terminé arrojándolo contra el espejo. El tubo rebotó dentro del lavabo. Me miré y solté una carcajada amarga.Era una abogada a la que acababan de ofrecer la respo
VALENTINOLa escuché decir que se quedaría tres meses y sentí que algo se cerraba alrededor de mi garganta.Había prometido que la decisión sería suya. Durante varios segundos intenté comportarme como el hombre que acababa de asegurarle que podía elegir. Quise felicitarla, preguntarle cuándo comenzaba la asignación y decir que encontraríamos una forma de continuar. Ninguna de esas frases consiguió salir.—No —respondí.Enny soltó una risa incrédula.—Tardaste menos de un minuto en olvidar todo lo que dijiste.—No te estoy prohibiendo aceptar. Te estoy diciendo que no quiero que lo hagas. Puedes tomar la decisión de todas maneras, pero no voy a mentirte para parecer un esposo razonable. Me parece una pésima idea y creo que una parte de ti la eligió porque sabe que me duele.Su cara cambió. Había acertado.—Sí —admitió—. Hay una parte de mí que disfruta verte incómodo. Quiero que pases una noche preguntándote dónde estoy, con quién hablo y si puedo descubrir que mi vida funciona sin ti.
ENNY—No me preguntes si voy a aceptar —le advertí a Valentino—. Después de lo que hiciste, todavía no sé si quiero que tu opinión pese en esta decisión.Permaneció junto al automóvil, con la camisa arrugada y una sombra debajo de los ojos. No parecía el hombre capaz de silenciar una junta, sino un esposo que ignoraba si tenía derecho a acercarse.—No voy a preguntarte qué decidirás —respondió—. Quiero saber qué deseas. No es lo mismo.—En este momento deseo que no conviertas una oportunidad laboral en una prueba para medir cuánto te amo.—Tres meses lejos de casa no son una semana difícil, Enny. No voy a fingir que escuchar la oferta no me dejó la sensación de que alguien acababa de abrir una puerta y tú estabas buscando una razón para cruzarla.—Tal vez porque cada vez que intento construir algo propio apareces detrás de mí, revisas quién me escribe y terminas recordándome por qué necesito una puerta.El golpe llegó. Lo vi en la manera en que tensó la boca. Una parte de mí se sintió
VALENTINOSupe que había cruzado el límite antes de enviar el mensaje.Eso era lo peor. No podía culpar al alcohol ni fingir que el impulso me había sorprendido. Vi el nombre de Santiago en la pantalla, recordé su mano en la espalda de mi esposa y contesté porque me importó más marcar mi lugar que respetar el de ella.Enny estaba frente a mí con la bata abierta y el cabello húmedo. Minutos antes había gemido mi nombre. Ahora quería arrancarme de la habitación junto con todo lo que habíamos compartido.—Dame una sola razón para no echarte de Monterrey esta noche —dijo.—No tengo una que convierta lo que hice en algo aceptable. El mensaje apareció, pensé en él buscando una intimidad contigo después de la cena y reaccioné.—No reaccionaste. Elegiste. Desbloqueaste mi teléfono,
ENNYEl apretón de manos duró demasiado.Santiago soltó primero. No pareció intimidado, aunque miró a Valentino con la precaución que provocaba un hombre incapaz de disimular sus ganas de apartarte.—La cena es con los socios y el equipo —aclaré antes de que convirtieran el vestíbulo en territorio de conquista—. Santiago vino porque pasaremos primero por las oficinas.Valentino introdujo una mano en el bolsillo del pantalón. La otra permaneció cerca de mi cintura sin llegar a tocarme.—No necesito una explicación. Enny ya me dejó claro que este viaje pertenece a su trabajo. Solo me gusta saber quién estará cerca de ella hasta la madrugada.—Entonces te ahorraré la investigación —respondió Santiago—. Soy el director jurídico, estoy divorciado y no tengo antecedentes penales. Si necesitas algo más, puedes pedírselo directamente a tu esposa. Ella parece capaz de contestar sola.La mandíbula de Valentino se endureció. Tomé su café antes de que terminara sobre la camisa de alguien.—Nos vem







