FAZER LOGIN
La sala principal de aquella lujosa mansión se volvió de repente asfixiante. Esa noche, acababan de urdir una mentira para destruir mi vida.
—¡¿Todavía vas a seguir negándolo, Cyara?! —la voz estridente de Sheina, mi cuñada, rompió el silencio.
Sostenía una caja de terciopelo rojo ya abierta. En su interior, el resplandor del collar de perlas heredado por la familia Wilson destacaba de forma inconfundible. A su lado, Emma, mi suegra, me arrastraba y me insultaba sin descanso, acorralándome como si yo fuera la criminal más despreciable sobre la faz de la tierra.
Todo aquel alboroto atrajo unos pasos desde el despacho. Gavin salió con el ceño fruncido y nos observó a los tres de pie en medio de la sala.
Al ver llegar a su hermano, Sheina se apresuró a acercarse y comenzó a envenenarle la mente sin darle tiempo a reaccionar.
—¡Gavin, mira esto! ¡Tu esposa intentó robar el collar de perlas que perteneció a nuestro difunto padre! ¡Quiere vender una joya de nuestra familia que vale millones de dólares!
Gavin fijó la mirada en el collar y luego la desvió hacia mí con una expresión de absoluta incredulidad. Su mandíbula se tensó.
—¿De verdad estás tan necesitada de dinero, Cyara? ¿Hasta el punto de querer vender una reliquia de perlas que pertenece a mi familia? —su voz sonó grave, cargada de decepción.
—Gavin, te lo juro por Dios, yo no...
—¡¿Cómo pudiste hacer algo así?! —me interrumpió, mientras su ira empezaba a desbordarse—. ¿Acaso olvidaste que la familia Wilson te dio un hogar durante cinco años, después de que tus padres fallecieran?
Las lágrimas resbalaron por mis mejillas. El dolor me atravesó el pecho como una daga. Con la voz temblorosa, intenté explicarle que jamás había cometido el acto despreciable del que Sheina y su madre me acusaban.
Pero la furia de Gavin no hizo más que aumentar.
—¡¿Así que estás diciendo que mi madre y mi hermana están mintiendo?!
—No es eso lo que quiero decir, Gavin. Primero debes escuchar mi explicación —susurré, todavía intentando obtener un poco de justicia.
Pero Gavin no me concedió ni la más mínima oportunidad.
—¡Te he dado una mensualidad más que suficiente! ¡¿Y esta es la forma en que le pagas a mi familia?!
Estuve a punto de soltar una risa amarga al escuchar aquellas palabras. ¿La mensualidad? Jamás disfruté de ese dinero ni una sola vez. Todos los meses, Sheina me obligaba a transferirlo íntegramente a su cuenta personal bajo amenazas. Pero nunca pude enfrentarme a ella. Dijera lo que dijera sobre su familia, Gavin jamás me creería.
Lo mismo ocurría con aquel collar de perlas. En realidad, fui yo quien lo vio en una casa de subastas semanas atrás. Había sido Sheina quien lo vendió en secreto. Sin embargo, cuando descubrió que yo la había visto, volvió a comprarlo. Y ahora era ella quien tergiversaba los hechos y me acusaba de haberlo robado.
—Cyara ha sobrepasado todos los límites con la familia Wilson. Ni siquiera te respeta como esposo. ¡Merece el divorcio, Gavin! —intervino Emma con firmeza mientras le entregaba una gruesa carpeta que contenía unos documentos de divorcio ya preparados.
Gavin tomó la carpeta de las manos de su madre y me la arrojó directamente al pecho.
—Eres una mujer desagradecida. ¡Firma esos papeles de divorcio de una vez!
Qué cruel. Gavin era realmente capaz de hacerme esto. Durante cinco años de matrimonio, me había entregado por completo a él y a su familia. Había soportado todo el dolor y todas las humillaciones para proteger este matrimonio, y lo único que recibía esa noche era una traición.
Gavin me observó con sus fríos ojos de halcón mientras extendía hacia mí una pluma estilográfica de oro.
Miré aquella pluma y luego los rostros de las tres personas que tenía delante. Ya no quedaban lágrimas de súplica. No volvería a implorar como siempre hacía cada vez que Emma y Sheina me calumniaban. Esta vez, mi paciencia había llegado a su límite.
Con una mano que ya no temblaba, arrebaté la pluma, estampé mi firma sobre aquellos documentos y, acto seguido, se los lancé con fuerza al pecho de Gavin.
En ese momento, el mayordomo apareció cargando una pequeña maleta con mi ropa. Sin el menor respeto, la arrojó bruscamente al suelo, junto a mis pies.
—¡Ya no formas parte de la familia Wilson! ¡Lárgate de aquí de inmediato! —me expulsó Emma con una crueldad despiadada.
Gavin, claramente impaciente, dio un paso al frente. Me agarró del brazo y me arrastró con brutalidad hacia la puerta principal. Solté una mueca de dolor al sentir cómo sus dedos se clavaban con fuerza en mi muñeca.
—¡Fuera!
Gavin me empujó violentamente. Mi cuerpo cayó con fuerza sobre el frío suelo de mármol de la terraza de aquella imponente mansión. Un dolor ardiente atravesó mis rodillas y las palmas de mis manos al impactar contra el suelo.
Al mismo tiempo, lanzaron mi maleta sin cuidado, haciéndola rodar escaleras abajo. La enorme puerta principal se cerró de golpe y quedó asegurada desde el interior.
La fría lluvia nocturna de Nueva York comenzó a empapar mi cuerpo, inmóvil sobre el mármol. Me limpié las últimas lágrimas del rostro mientras contemplaba la puerta de la casa que acababa de arrojarme como si fuera basura.
El dolor y la devastación que oprimían mi pecho fueron transformándose lentamente en un fuego abrasador de odio. En medio de aquella oscura noche, sin nada conmigo y sin un lugar al que ir, me puse de pie.
Miré aquella puerta por última vez y me susurré con absoluta determinación:
—¡Jamás volveré contigo, Gavin!
POV de GabrielUna hora después, tres SUV negros con matrículas blindadas recorrieron a toda velocidad las principales avenidas de la ciudad antes de frenar con precisión en la explanada de la exclusiva clínica privada de Valleria Sterling. Sin esperar ninguna orden, seis guardaespaldas corpulentos, vestidos con trajes a medida, se adelantaron y redujeron en cuestión de segundos al personal de seguridad que custodiaba la entrada.¡Bang!La gruesa puerta de cristal, bloqueada por un sistema de cierre automático, cedió a la fuerza ante el brutal impacto del hombro de uno de mis guardaespaldas. La alarma de seguridad emitió un sonido estridente y apagado al mismo tiempo, haciendo vibrar los cristales de las ventanas a lo largo del pasillo.Varios miembros del personal médico que aún permanecían en el vestíbulo gritaron aterrorizados y retrocedieron precipitadamente cuando entré en el recinto. La rigidez de mis pasos y el aura asesina que emanaba de mi cuerpo congelaron a todos los presen
POV de GabrielEl líquido de color ámbar se derramó sobre la superficie del escritorio de madera de Jackson, empapando los bordes de los documentos del acuerdo de cooperación, que ahora habían perdido todo su valor. Mis manos aún se aferraban al borde de la mesa, conteniendo el impulso salvaje de saltar sobre él y destrozarle la mandíbula a aquel bastardo que tenía delante.Jackson no se inmutó en absoluto. Se limitó a echar un vistazo a la mancha de whisky que inundaba su escritorio y luego alzó lentamente la mirada hacia mí, con una comisura de los labios levantada en una sonrisa tenue, cargada de una provocación gélida.—¿Una mujer? —Jackson soltó una risita y se recostó en su silla de cuero con una tranquilidad exasperante—. ¿Qué mujer, Gabriel? ¿Acaso no acabas de celebrar tu fastuoso compromiso con la hija única de la familia Sterling? No me digas que has perdido a tu preciosa prometida en menos de doce horas.—¡No juegues conmigo, Jackson! —espeté entre dientes, con la voz reso
POV Gabriel¡Bang!Una pequeña flecha plateada se clavó exactamente a dos centímetros de los dedos de Valleria, golpeando la superficie del escritorio con un estruendo seco.La sonrisa maliciosa que adornaba el rostro de aquella mujer desapareció al instante. Valleria dejó escapar un grito ahogado y retrocedió de golpe hasta que su espalda chocó contra la estantería. Sus ojos se abrieron de par en par, clavados en la flecha que aún vibraba ligeramente sobre el escritorio, antes de desplazarse lentamente hacia mí, que ya me encontraba erguido entre las sombras de la habitación.—¿G-Gabriel...? —susurró Valleria, con la voz rígida y temblorosa—. ¿No... no estabas dormido?Salí de entre las sombras.La dosis de sedante que habían mezclado en aquel té no había sido suficiente para dejarme fuera de combate. Mis iris la observaron con frialdad, como si fueran capaces de quemar el vestido rojo que se ceñía a su cuerpo mediante una intimidación absoluta.—¿Qué estás buscando ahí, Val? —pregun
POV GabrielHabían pasado treinta y seis horas, y la ciudad de Nueva York parecía haberse tragado a Cyara sin dejar ni una mota de polvo. Toda la red de inteligencia de Vance, desde el hackeo de los satélites de tráfico hasta la vigilancia de puertos y aeropuertos privados, no había encontrado ni el más mínimo rastro. El hombre de la chaqueta de cuero que la había sacado del hospital se había movido con una precisión impecable, sin dejar la menor grieta y con una eficiencia aterradora.Este secuestro no era obra de un matón callejero ni una amenaza de un aficionado. Había sido ejecutado por un sicario de alto nivel con una ejecución profesional de primer orden.La sangre dentro de mi cuerpo se congelaba cada vez que imaginaba a Cyara—débil y llevando en su vientre a nuestro hijo—bajo la amenaza del arma de aquel hombre desconocido.Con pasos pesados y un cansancio que me carcomía hasta los huesos, entré en la mansión. El silencio me recibió en el vestíbulo principal.Antes, cada vez q
POV de GabrielLa lujosa fiesta de compromiso de anoche no hizo más que dejar un vacío asfixiante. En lugar de sentir satisfacción o victoria por mi nuevo compromiso con Valleria, mi pecho se sentía cada vez más oprimido por una ansiedad abrasadora. El nombre de Cyara seguía resonando en mi mente, como un eco interminable que se negaba a desaparecer.Esta mañana, mi mansión estaba envuelta en un silencio gélido. Permanecía de pie junto al enorme ventanal, dejando que la taza de café negro que sostenía entre las manos se enfriara sin haberla tocado siquiera.—Señor.La voz de Harrison interrumpió mis pensamientos. Entró con una expresión mucho más tensa de lo habitual.Giré rígidamente la cabeza y lo miré con unos iris afilados como los de un águila, cargados de intimidación.—¿Ya encontraste su paradero?—Logramos rastrear los últimos movimientos de la señora Cyara —respondió Harrison en voz baja—. Esta mañana acudió al Hospital General del Sector Seis. Según los registros administrat
POV CyaraEl teléfono de pantalla negra que había comprado hacía apenas unas semanas yacía cubierto de polvo en el fondo del cajón de la mesita de noche. Desde que había puesto un pie en este apartamento, había apagado deliberadamente el teléfono y lo había guardado bajo llave. Quería vivir en paz, no quería que nadie me molestara. Ni siquiera Tyson, el hombre al que ya consideraba un buen amigo.Me negué a ser testigo de la lujosa fiesta de compromiso que se celebraba esa noche. No quería ver la avalancha de noticias de los medios nacionales que, sin duda, proclamarían la felicidad de Gabriel Vance y Valleria Sterling en todos los titulares. Que el mundo exterior celebrara su felicidad mientras yo me acurrucaba en la oscuridad de mi habitación, abrazando mi vientre que comenzaba a albergar una nueva vida.En medio del silencio de la noche de Manhattan, giré el cuerpo y dejé que las lágrimas contenidas corrieran por mis mejillas hasta empapar la almohada.Esta era la mejor decisión.G







