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Capítulo 3: Bajos sus propios términos

Author: @Maryurisve
last update publish date: 2026-09-09 07:37:22

Al otro lado del país…

Morgana hervía de rabia, había intentado dejar atrás los agravios del pasado, pero era evidente que su padre y Cecille no tenían la intención de permitirlo, le dolía por su hermana menor, Vanessa, pues intuía que tampoco la estaba pasando bien en esa casa; sin embargo, no podía seguir cargando con ese peso ajeno.

—No me culpen por ser cruel —dijo con voz firme, hacia el vacío de su departamento, cargada de desprecio—Después de todo, fueron ustedes quienes me obligaron a volver.

Los recuerdos de su décimo octavo cumpleaños, el día en que debía recibir el dinero para su educación la asaltaron de golpe, en un acto de desfachatez y abuso, Edmundo le entregó el fondo universitario—el legado que su madre le había dejado con tanto esfuerzo—, a Cecille con el absurdo pretexto de que su hijastra “era más fuerte” y “sabía aprovechar mejor las oportunidades”.

—No importa cuánto tiempo pase… aún no lo supero—murmuró Mogana.

En aquel entonces no dijo nada, no por falta de rabia, sino porque el dolor era tan desgarrador que las palabras se le quedaron atrapadas en su garganta, y desde ese día, la frágil relación que aun existía entre ella y Edmundo se rompió para siempre.

Sin embargo, Morgana se negó a rendirse y decidida a continuar con sus estudios,  se postuló a una universidad al otro lado del país, abandonando el hogar familiar sin la intención de volver.  

Mientras tanto Cecille celebraba su ingreso a una universidad privada rodeada de lujos, Morgana, por el contrario, tuvo que enfrentarse sola al mundo: solicitó préstamos, trabajó en cafeterías, diseñó por encargo durante las madrugadas y obtuvo becas que apenas cubrían lo básico.

Sus años universitarios fueron una batalla constante debido al agotamiento físico y la necesidad constante de demostrar que podía lograrlo sin la ayuda de nadie.

Cada vez que Morgana veía las redes sociales de Cecille, usando ropa costosa, y ostentando una vida que no le pertenecía, Morgana sentía que el sacrificio que había hecho su madre se había convertido en una burla, sin embargo, nunca se permitió caer porque su orgullo era más grande que cualquier injusticia.

Durante las noches de trabajo, con los audífonos puestos y el metal gótico resonando en sus oídos, pensaba en la mujer amable que lo dio todo por ella y su hermana. La impotencia se transformaba en combustible; se prometió que, tarde o temprano, cada gota de esfuerzo cobraría sentido.

Cinco años después Morgana se graduó con honores y consiguió un puesto en una firma de diseño de alto prestigio, a pesar de que en la actualidad su vida era estable y próspera, no podía perdonar a su padre, en especial al recordar que Cecille había tardado tres años más en alcanzar el mismo título, derrochando el dinero robado.

Morgana nunca desechó la idea de vengarse de su padre; era su meta a largo plazo, sabía que podía demandar a Edmundo por la apropiación ilícita del fondo, pero carecía de las pruebas y documentos legales para acorralarlo, aún así, se negaba a claudicar. Estaba decidida a mover cielo y tierra hasta encontrar la forma de hacer justicia por su propia mano.

Pocos días después de la llamada, Morgana tomó una decisión, si tenía que regresar a su ciudad natal a encarar la farsa familiar, lo haría bajo sus propios términos y sin poner en riesgo la independencia que tanto le había costado construir.

Entró a su banca en línea para revisar su estado de cuenta, y la pantalla le devolvió una cifra sólida, fruto de sus años de trabajo disciplinado y del contrato reciente con la firma de diseño.

Se tomó un segundo para asimilarlo con cierta satisfacción: ya no era la joven de dieciocho años desamparada a la que su padre podía acorralar por necesidad económica.

Ahora tenía un colchón financiero más que suficiente para mantenerse el tiempo que fuera necesario mientras encontraba las pruebas para demandar a su padre.

Acto seguido, redactó un correo a su jefe para solicitar el traslado a modalidad de trabajo remoto por las siguientes semanas. Explicó brevemente que debía atender asuntos personales en su ciudad de origen, asegurando que sus entregas y proyectos no sufrirían retraso alguno.

Dada su impecable reputación y el valor de su trabajo, la respuesta de aprobación del departamento de recursos humanos llegó a su bandeja de entrada al final de la tarde.

Esa noche Morgana cerró su laptop y miró por la ventana de su departamento, tenía el dinero, la libertad laboral y la motivación suficiente, no volvería como una víctima, sino como una mujer dispuesta a resolver las cuentas pendientes del pasado.

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