LOGINEsa misma noche Morgana planificó la logística de su viaje, decidió que no regresaría a la casa familiar ni una sola noche, porque no estaba dispuesta a tolerar el ambiente hostil de esa familia mientras resolvía sus asuntos legales.
Abrió el sitio web de bienes raíces y filtró la búsqueda bajo parámetros claros: un estudio amueblado, con excelente iluminación natural para su trabajo de diseño, conexión a internet de alta velocidad y, sobre todo, ubicado en una zona tranquila a las afueras de la ciudad, del ruido urbano y de los lugares que solía frecuentar su familia.
Tras revisar varias opciones, encontró la propiedad ideal, se trataba de un estudio loft de estilo industrial, rodeado de vegetación y situado en un sector residencial muy apacible, contaba con amplios ventanales, con espacio suficiente para instalar su estación de trabajo y una terraza privada.
Revisó nuevamente su saldo bancario para comprobar que el monto de su cuenta no solo cubría el depósito en garantía y varios meses de renta por adelantado, sino que le dejaba un margen amplio para contratar a un abogado.
Sin pensarlo dos veces, contactó al arrendador, completó el proceso de verificación en línea y transfirió el pago inicial para asegurar su reserva.
Con el contrato firmado digitalmente y la confirmación en su correo, Mogana cerró la pantalla, tenía garantizado sus ingresos, y un espacio para trabajar de forma remota y un refugio propio desde donde planear cada uno de sus movimientos.
El tono de su teléfono la sacó de sus pensamientos, al ver el nombre de Vanessa en la pantalla, una sonrisa se le dibujó en su rostro.
—¿Es verdad que vienes a la fiesta de Cecille? —preguntó su hermana menor.
—Sí, recibí una “oferta” imposible de rechazar—respondió Morgana con marcada ironía.
Ambas entendían la indirecta, tras la muerte de su madre, Edmundo tomó custodia de las grabaciones con el pretexto de resguardarlas, convirtiéndolas en un arma para chantajearlas.
—No importa cómo sea, te estoy esperando—dijo Vanessa.
Aunque llevaban ochos años sin verse desde que Morgana abandonó el hogar familiar, la comunicación entre ambas jamás se había cortado.
—Por cierto … el abuelo insiste en verte —añadió Vanessa con cautela—Sé lo que piensas de la familia, pero aún hay personas que nos preocupamos por ti.
Morgana guardó silencio ante la mención de su abuelo y tenía sentimientos encontrados, lo que ella ignoraba era que Edmundo se había encargado de alimentarlo con mentiras durante años para distorsionar la imagen de su nieta; y recientemente el anciano había comenzado a sospechar que algo no encajaba, y por eso ansiaba verla para descubrir la verdad.
—Vane, no sé si quiero hablar con él, después de todo lo que pasó—respondió Morgana, apoyando la espalda contra el respaldo de la silla.
—Hermana, solo dale una oportunidad, no te cuesta nada—suplicó Vanessa, dejando entrever una profunda nostalgia en su tono de voz.
Morgana dejó escapar un largo suspiro, sintiendo cómo su coraza se ablandaba un poco, había apenas una diferencia de dos años entre ellas. Eran muy pequeñas cuando su madre falleció y su padre se volvió a casar con Pamela, trayendo a Cecille con ella; desde entonces, habían aprendido a sostenerse la una a la otra en medio del ambiente tóxico de esa casa.
—Está bien—cedió Morgana finalmente—Hablaré con él, pero solo después de que se resuelva el asunto de la fiesta de Cecille.
Durante el siguiente mes, el departamento de Morgana se convirtió en un completo caos de cajas de cartón, y era curioso como ocho años de su vida cabían en menos espacio del que imaginaba.
—Por suerte no son tantas cosas—dijo para sí misma mientras pasaba la cinta de embalaje con un chasquido seco.
Sin embargo, el peso real no estaba en los objetos, porque en ese lugar cada rincón se guardaba un fragmento de la vida que había construido desde cero, lejos del veneno de su familia ensamblada.
En esos años, Morgana no había estado sola, conoció a personas valiosas, hizo amistades leales, tuvo un par de relaciones que le dejaron aprendizajes y, curiosamente descubrió lo que era ser feliz, en especial la primera vez que vio terminado y firmado su primer proyecto profesional.
Guardó con mucho cuidado sus equipos de diseño—la verdadera herramienta de su libertad financiera— en estuches acolchados, asegurándose de que cada cable y tableta gráfica quedaran protegido.
Sin embargo, al descolgar los pocos cuadros que adornaban las paredes y guardar los libros del arte que la habían acompañado en sus noches más solitarias un nudo de nostalgia le oprimió el pecho.
—En esta ciudad me he sentido en paz, un lugar donde la joven yo de dieciocho años encontró un refugio —susurró, rompiendo el silencio del lugar.
Morgana se detuvo en el centro de la sala vacía, con una caja entre los brazos mirando a través del ventanal hacia el horizonte.
Don Guillermo cruzó el umbral de la residencia con el rostro sombrío y la mandíbula tensa, el encuentro con Morgana no solo había sembrado dudas, sino que había encendido una rabia profunda al enfrentarse a una cruda realidad: la familia que creyó habría consolidado estaba podrida por dentro, y él, cegado por su retiro en el campo, jamás quiso notar.Apenas dio unos pasos en el vestíbulo, Edmundo le salió al paso con una sonrisa servil y las carpetas del proyecto en sus manos.—Papá, qué bueno que regresas —interrumpió Edmundo, buscando captar su atención—¿Podemos hablar un momento en el despacho sobre el acuerdo de financiación para la firma? Tengo los números listos y...—Entrega esa propuesta a mi planificador financiero —lo cortó el anciano con frialdad, sin detener la marcha hacia las escaleras—Si él le da el visto bueno, entonces lo consideraré.Edmundo se sintió descolocado por completo, y un escalofrío le recorrió la espalda.—¿Tu planificador financiero? Pero papá, esto es un
Morgana se dio un último vistazo en el espejo antes de salir de su habitación, su deslumbrante melena pelirroja —esa manifestación caprichosa de un gen recesivo—la hacía no solo muy llamativa sino también la “rara” de la familia desde el día en que nació. Tomó su bolso, guardó el teléfono y salió de la habitación con paso firme, lista para bajar al restaurante y encarar a su abuelo.El ambiente del salón privado del restaurante del hotel era sofocante, dominado por una cortesía que a Morgana le causaba desagrado. Don Guillermo, con su imagen imponente, aguardaba al otro lado de la mesa, la miraba fijamente, analizando cada uno de sus gestos con la serenidad de quien está acostumbrado a juzgar e impartir veredictos.—Gracias por aceptar verme, Morgana —comenzó el patriarca, cruzando las manos de forma pausada sobre la mesa—Aunque Vanessa insistió mucho en esta reunión, quiero que sepas que fui yo quien pidió este encuentro.Morgana observaba al anciano con aprehensión, no se sentía cóm
Morgana cerró su portátil, pensando en las razones que habrían llevado a su abuelo a solicitar esa reunión, mantenía una marcada reserva; si bien don Guillermo jamás la había tratado con crueldad en el pasado, tampoco le demostró un afecto genuino ni le dio la oportunidad de justificar sus acciones.A pesar de las dudas, decidió concederle el beneficio de la duda, después de todo, Vanessa había insistido en que por lo menos se reunieran, y el cariño por su hermana menor era una de las pocas cosas que aún lograba conmoverla.Morgana le envió la ubicación de su hotel y don Guillermo aceptó sin dudar a reunirse en el restaurante del lugar. Mientras el anciano se alistaba para salir de la residencia familiar. Edmundo le salió al paso con evidente curiosidad y el ceño fruncido.—¿Vas a salir a esta hora, papá? —preguntó Edmundo, ajustándose la chaqueta del traje—Si tienes algún compromiso en la ciudad, puedo conducir para ti.Don Guillermo negó con la cabeza, porque no necesitaba de su ayu
Era el mediodía y en el amplio comedor de la residencia, el tintineo de los cubiertos sobre la vajilla de porcelana marcaba un ritmo tenso y pesado, al frente de la mesa estaba sentado Guillermo Solano, el patriarca de la familia, el cual observaba con serenidad analítica a su hijo, quien no paraba de mover los cubiertos sin tocar su comida.—Vas a tener que darme una explicación muy convincente, Edmundo —sentenció el anciano con voz firme, dejando la copa de vino sobre el mantel—Lo que ocurrió con Morgana cruzó cualquier límite razonable. No solo fue un espectáculo bochornoso, sino un error táctico imperdonable.Edmundo enderezó la espalda, observó a Pamela de reojo la cual le asintió levemente la cabeza en señal de aprobación, apretó la servilleta en su regazo, antes de que él intentara articular su defensa.—Papá, no entiendes cómo es ella —interrumpió Edmundo, tratando de mostrar una seguridad que no sentía—Morgana llegó a esta ciudad buscando provocar, desafiando a la familia a l
Tras disfrutar de un abundante desayuno, Morgana y Elías regresaron a la cama, esta vez no hicieron al amor; por el contrario, prefirieron encender la televisión y perderse en una película cualquiera, aislándose por completo de lo que ocurría en el mundo exterior.En la soleada habitación, la calidez de las sábanas resguardaba la intimidad que acababan de compartir, Morgana descansaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Elías, escuchando el latido pausado y constante de su corazón.Él, con una ternura que contrastaba por completo con su habitual fachada fría y distante, le acariciaba la espalda con la yema de los dedos, trazando círculos suaves que le provocaban a ella ligeros y placenteros escalofríos.—Aún no puedo creer que esto haya pasado —murmuró Morgana en voz baja, trazando con la punta del índice la línea firme de la mandíbula de Elías.En su mente Elías pensó en que tuvo que esperar muchos años y superar varios malos entendidos para llegar a este momento, ladeó el rostro par
En esa primera vez, Morgana se entregó sin reservas, para Elías el roce de sus cuerpos, y el calor de sus respiraciones fue una experiencia que lo marcó para siempre, con cada caricia, cada embestida y cada suspiro, lo poco que quedaba de su mente racional se convirtió en una promesa silenciosa: no importaba lo que pasara, siempre estaría a su lado.El amanecer los encontró exhaustos, Elías permanecía inmóvil, aún con el sabor de sus besos en los labios y el calor del cuerpo de Morgana entre sus brazos, ella dormía, abrazada a él, y con satisfacción comprendió que aquella mujer, marcada por todos como “villana”, había derribado las murallas que lo separaban del amor y de la verdadera lealtad.Cuando Morgana abrió los ojos la habitación estaba muy iluminada y se sorprendió al darse cuenta de que estaba acurrucada contra el cuerpo de Elías, con un brazo rodeándole el torso y su cabeza apoyada en su hombro.Se quedó inmóvil observándolo, él aún estaba dormido plácidamente sin que su ceño







