LOGINAl día siguiente…
Elías Cuervo, era un abogado mercantil de veintiocho años, alto, atlético, de tez clara, ojos pardos y cabello oscuro, vestía un traje ejecutivo a la medida, y todo en su postura emanaba una peligrosa aura de autoridad. Su carácter sobrio y su férrea determinación lo convertían en un hombre que jamás cedía hasta conseguir lo que quería.
—Hola primo— dijo Cecille con coquetería.
Elías estaba absorto en los documentos que revisaba y apenas notó que esa molesta mujer acababa de entrar en su oficina, la odiaba con cada fibra de su ser, pero debía ser cordial… al menos hasta encontrar la manera de vengarse por lo que ella le había hecho en el pasado.
—¿Qué haces aquí Cecille? —preguntó con frialdad.
—¿Acaso no puedo pasar a saludar a mi primo?
Elías recordó lo que le hizo en el pasado y jugaba con el bolígrafo que tenía en su mano aplicándole tanta fuerza que fácilmente podría romperlo.
—¿Ves ese punto en la esquina? —dijo señalando un punto específico del techo.
Cecille lo miró con extrañeza, sin entender, pero Elías no estaba de humor para darle explicaciones, además se encontraba preparando una demanda y no podía perder el tiempo con su desagradable prima.
—Es una cámara que graba todo lo que pasa aquí, eso es para evitar malos entendidos … como en el pasado.
Cecille se estremeció al recordar cómo las acusaciones falsas que inventó contra él—en un ataque de despecho tras ser rechazada— estuvieron a punto de convertirse en un proceso penal.
—Ya te dije que mi papá entendió mal mis palabras.
Elías le sostuvo la mirada, con el rostro de piedra, negándose a mostrar la rabia que aun hervía en su interior.
—Los dos sabemos bien lo que pasó ese día, y tienes suerte que el “tío Edmundo” te ayudara o te habría demandado por difamación.
Cecille tragó saliva y mordió su labio un gesto que Elías reconocía como su manera de calmar su ansiedad.
—Solo vine a entregarte la invitación a mi fiesta de graduación —dijo Cecille extendiendo un sobre.
El penetrante olor de su perfume invadió el espacio y Elías contuvo la respiración porque incluso su dulce fragancia le causaba mucho hastío.
—Estoy ocupado —respondió secamente.
—Por favor Elías … incluso la rara de mi hermana va a venir— añadió ella con descuido, buscando provocarlo.
Cecille intentó leer alguna emoción en su rostro, pero él permaneció impávido, aquella frialdad la perturbaba; siempre había sospechado que a Elías le interesaba su hermanastra, aunque con esa actitud distante era imposible comprobarlo.
—Si ya terminaste, ahí está la puerta — dijo él, señalando la puerta.
—Está bien, me voy, pero prométeme que vas a ir—dijo Cecille.
—Lo pensaré, ahora vete de aquí —respondió Elías secamente.
Cuando se quedó solo finalmente esbozó una leve sonrisa, abrió un archivo en su computadora y murmuró:
—Solo espero que ella tenga la misma sed de revancha que yo …
Elías después del incidente con Cecille donde ella lo acusó falsamente de acosarla y que casi lo lleva a la cárcel se prometió a sí mismo cobrar esa deuda.
—Finalmente la oportunidad que esperaba llegó—dijo con una sonrisa de satisfacción.
Él sabía que Edmundo no era un hombre muy correcto, tenía mucha información comprometedora acerca de su tío político, pero quería lastimarlo donde realmente le dolería, fue entonces cuando recordó a aquella pelirroja excéntrica que ocupaba un espacio muy especial en su corazón
Edmundo la había traicionado al robarle su fondo universitario, durante años mientras Elías se había forjado de cierto prestigio y se abría paso en el bufete como especialista en el área mercantil, utilizó a su equipo de investigadores para recopilar pruebas del desfalco de dicho fondo y de la herencia que la madre de Morgana le había dejado.
—Iré a esa fiesta solo porque necesito hablar de esto con Morgana —se dijo, dando pequeños toques con los dedos sobre el abultado expediente frente a él.
Edmundo se había encargado de esconder toda esa información, pero Elías tenía sus métodos y no necesariamente eran muy correctos, sin embargo, para obtener resultados no en vano era llamado un villano y él lejos de enojarse se sentía muy orgulloso de ese título.
Para él, ser temido y respetado era parte de su esencia, y ahora estaba dispuesto a usar esa reputación para destapar lo que su tío había escondido con tanto empeño.
Morgana se dio un último vistazo en el espejo antes de salir de su habitación, su deslumbrante melena pelirroja —esa manifestación caprichosa de un gen recesivo—la hacía no solo muy llamativa sino también la “rara” de la familia desde el día en que nació. Tomó su bolso, guardó el teléfono y salió de la habitación con paso firme, lista para bajar al restaurante y encarar a su abuelo.El ambiente del salón privado del restaurante del hotel era sofocante, dominado por una cortesía que a Morgana le causaba desagrado. Don Guillermo, con su imagen imponente, aguardaba al otro lado de la mesa, la miraba fijamente, analizando cada uno de sus gestos con la serenidad de quien está acostumbrado a juzgar e impartir veredictos.—Gracias por aceptar verme, Morgana —comenzó el patriarca, cruzando las manos de forma pausada sobre la mesa—Aunque Vanessa insistió mucho en esta reunión, quiero que sepas que fui yo quien pidió este encuentro.Morgana observaba al anciano con aprehensión, no se sentía cóm
Morgana cerró su portátil, pensando en las razones que habrían llevado a su abuelo a solicitar esa reunión, mantenía una marcada reserva; si bien don Guillermo jamás la había tratado con crueldad en el pasado, tampoco le demostró un afecto genuino ni le dio la oportunidad de justificar sus acciones.A pesar de las dudas, decidió concederle el beneficio de la duda, después de todo, Vanessa había insistido en que por lo menos se reunieran, y el cariño por su hermana menor era una de las pocas cosas que aún lograba conmoverla.Morgana le envió la ubicación de su hotel y don Guillermo aceptó sin dudar a reunirse en el restaurante del lugar. Mientras el anciano se alistaba para salir de la residencia familiar. Edmundo le salió al paso con evidente curiosidad y el ceño fruncido.—¿Vas a salir a esta hora, papá? —preguntó Edmundo, ajustándose la chaqueta del traje—Si tienes algún compromiso en la ciudad, puedo conducir para ti.Don Guillermo negó con la cabeza, porque no necesitaba de su ayu
Era el mediodía y en el amplio comedor de la residencia, el tintineo de los cubiertos sobre la vajilla de porcelana marcaba un ritmo tenso y pesado, al frente de la mesa estaba sentado Guillermo Solano, el patriarca de la familia, el cual observaba con serenidad analítica a su hijo, quien no paraba de mover los cubiertos sin tocar su comida.—Vas a tener que darme una explicación muy convincente, Edmundo —sentenció el anciano con voz firme, dejando la copa de vino sobre el mantel—Lo que ocurrió con Morgana cruzó cualquier límite razonable. No solo fue un espectáculo bochornoso, sino un error táctico imperdonable.Edmundo enderezó la espalda, observó a Pamela de reojo la cual le asintió levemente la cabeza en señal de aprobación, apretó la servilleta en su regazo, antes de que él intentara articular su defensa.—Papá, no entiendes cómo es ella —interrumpió Edmundo, tratando de mostrar una seguridad que no sentía—Morgana llegó a esta ciudad buscando provocar, desafiando a la familia a l
Tras disfrutar de un abundante desayuno, Morgana y Elías regresaron a la cama, esta vez no hicieron al amor; por el contrario, prefirieron encender la televisión y perderse en una película cualquiera, aislándose por completo de lo que ocurría en el mundo exterior.En la soleada habitación, la calidez de las sábanas resguardaba la intimidad que acababan de compartir, Morgana descansaba la cabeza sobre el pecho desnudo de Elías, escuchando el latido pausado y constante de su corazón.Él, con una ternura que contrastaba por completo con su habitual fachada fría y distante, le acariciaba la espalda con la yema de los dedos, trazando círculos suaves que le provocaban a ella ligeros y placenteros escalofríos.—Aún no puedo creer que esto haya pasado —murmuró Morgana en voz baja, trazando con la punta del índice la línea firme de la mandíbula de Elías.En su mente Elías pensó en que tuvo que esperar muchos años y superar varios malos entendidos para llegar a este momento, ladeó el rostro par
En esa primera vez, Morgana se entregó sin reservas, para Elías el roce de sus cuerpos, y el calor de sus respiraciones fue una experiencia que lo marcó para siempre, con cada caricia, cada embestida y cada suspiro, lo poco que quedaba de su mente racional se convirtió en una promesa silenciosa: no importaba lo que pasara, siempre estaría a su lado.El amanecer los encontró exhaustos, Elías permanecía inmóvil, aún con el sabor de sus besos en los labios y el calor del cuerpo de Morgana entre sus brazos, ella dormía, abrazada a él, y con satisfacción comprendió que aquella mujer, marcada por todos como “villana”, había derribado las murallas que lo separaban del amor y de la verdadera lealtad.Cuando Morgana abrió los ojos la habitación estaba muy iluminada y se sorprendió al darse cuenta de que estaba acurrucada contra el cuerpo de Elías, con un brazo rodeándole el torso y su cabeza apoyada en su hombro.Se quedó inmóvil observándolo, él aún estaba dormido plácidamente sin que su ceño
La puerta se abrió y el interior del cuarto los recibió con un silencio aún más denso que el del pasillo, Morgana dejó la botella que había traído consigo sobre la mesa.Elías cerró la puerta tras ellos, prometiéndose que solo se quedaría a dormir, sin embargo, la tensión en sus hombros lo traicionaban.Morgana se quitó lentamente sus zapatos, y luego caminó hasta el centro de la habitación intentando calmar su pulso.—¿Te parece si nos tomamos una última copa antes de acostarnos? —propuso Morgana.Elías se quedó petrificado por un momento, sopesando su próximo movimiento, en el bolsillo de su pantalón se encontraba la caja de preservativos, lo cual era un recordatorio muy incómodo de que, por más que intentara convencerse de nada pasaría esa noche, había cruzado un límite invisible cuando decidió bajarse de su auto y seguirla.—Solo una, Morgana. Ya hemos bebido demasiado por hoy —respondió él.Morgana se sentó en la cama, con las piernas cruzadas, con la botella de vino en su mano,







