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El día que me quieras
El día que me quieras
Author: Cristina75vera

Lo que soy

last update publish date: 2026-09-06 08:00:01

Actualidad

Londres

Michael Davis

Aprendí que no sacaba nada con ser el idiota que esperaba sentado un lugar dentro de mi familia. Al contrario, desde muy joven comprendí que tenía que ganármelo, obligar al viejo a tomarme en cuenta. Y si para conseguirlo debía apuñalar a mi primo, lo haría sin remordimiento... aunque, pensándolo bien, tal vez sigo viviendo en el pasado.

No soy la oveja negra de la familia.

Soy el único que tiene las agallas para tomar lo que considera suyo, para garantizar que un día me siente en la silla de mi abuelo Williams. Esperar que deje a mi madre en ese puesto sería pedir un milagro.

Desde hace unos meses me esfuerzo por empaparme de cada asunto del grupo Mckeson. Sigo de cerca cada movimiento de Harry, la mano derecha del viejo... o tal vez solo busco una oportunidad para verla.

Sí... Sigo recordando a Amanda.

A esa niña de trenzas doradas que siempre conseguía cautivarme con una sonrisa, con esa espontaneidad que terminaba desarmándome cada vez que jugábamos.

Estoy absorto entre montañas de papeles cuando el celular vibra sobre el escritorio.

Lo atrapo por reflejo. En la pantalla aparece un nombre que consigue desordenarme los pensamientos.

Amanda. Frunzo el ceño. ¿Por qué me llama después de tanto tiempo?

Deslizo el dedo sobre la pantalla y llevo el teléfono a mi oído.

—Hola, Amanda. ¿Cómo estás? —pregunto, incapaz de ocultar la sorpresa.

Su respiración titubea antes de responder.

—Hola, Michael... Estoy bien... Bueno, estuve recordando esos días en que nos reuníamos por cualquier tontería —confiesa con una nostalgia que consigue atravesar la distancia.

Una sonrisa traicionera amenaza con dibujarse en mi rostro.

—Te escucho nostálgica... ¿Será por el cumpleaños de tu madre? —aventuro mientras dejo el bolígrafo sobre el escritorio.

Amanda guarda silencio unos segundos.

—Lo recordaste... —susurra con la voz quebrada.

Bajo la mirada hacia los documentos, aunque hace rato dejé de leer una sola palabra.

—¿Cómo olvidarlo...? —admito, vencido por los recuerdos—. Si tienes tiempo, podemos vernos donde quieras.

—Estoy conduciendo cerca de la empresa —se apresura a responder, incapaz de disimular el entusiasmo.

Voy a decir algo más cuando la puerta de mi oficina se abre sin previo aviso.

Dick irrumpe con el ceño fruncido.

Levanto una mano para detenerlo.

—Te espero, Amanda... Nos vemos en un rato.

Cuelgo despacio y dejo el celular sobre el escritorio antes de enfrentar a mi asistente.

—¿Qué ocurre? —inquiero al notar la tensión en su rostro.

Dick cierra la puerta de una patada suave y acorta la distancia hasta desplomarse frente a mí.

—Volví a escuchar a Harry Johnson secreteando con alguien —insiste con evidente inquietud—. Te lo digo otra vez, Michael. Si quieres conocer todos los secretos de tu abuelo, tenemos que vigilarlo las veinticuatro horas.

Me reclino en la silla sin apartar la vista de él.

—Harry se ocupa de los asuntos oscuros del viejo. Es normal su actitud —replico, restándole importancia.

Dick niega con firmeza.

—No... Esta vez no hablaba de negocios —rebate sin vacilar.

Sus palabras consiguen arrancarme toda la calma.

Entorno los ojos.

—Entonces deja de hacerme perder el tiempo y habla.

Dick sostiene mi mirada durante unos segundos, como si midiera el efecto de lo que está a punto de decir.

—Escuché un nombre...

La impaciencia empieza a carcomerme.

—¿Cuál? —exijo.

—Regina... Regina Mandarini —revela Dick sin apartar la vista de mí.

El nombre queda suspendido entre los dos.

Frunzo el ceño mientras rebusco en mi memoria. Estoy seguro de haberlo escuchado antes, pero no consigo asociarlo con ningún rostro.

—¿Quién es? —indago con calma, sosteniéndole la mirada.

Dick se encoge de hombros antes de negar con la cabeza.

—Eso intento averiguar —admite con frustración—. Lo único que sé es que Harry menciona ese nombre desde hace varios días.

Aprieto la mandíbula.

Harry jamás repite un nombre porque sí y, si Dick alcanzó a escuchar ese nombre más de una vez, significa que lleva varios días ocultando algo delante de mis narices. No pienso seguir esperando a que alguien venga a contármelo.

Empujo la silla hacia atrás y me pongo de pie. Dick sigue cada uno de mis movimientos hasta que tomo el saco del respaldo.

—¿A dónde vas? —pregunta con desconcierto, incorporándose de la silla.

Termino de acomodarme el saco antes de abrir la puerta.

—A preguntarle al único hombre que puede responderme —sentencio sin volver la vista.

Abandono la oficina y atravieso el pasillo con paso firme. Algunos empleados me saludan al cruzarse conmigo. Otros se hacen a un lado para dejarme pasar. No respondo a ninguno. Mi cabeza sigue atrapada en ese nombre y, cuanto más lo repaso, más convencido estoy de que Harry juega una partida sin enemigos... y eso debe cambiar.

Al llegar al otro extremo del pasillo lo encuentro empujando la puerta de su oficina.

Acelero el paso.

—¡Harry!

Mi voz resuena por todo el pasillo.

Él detiene la mano sobre el picaporte y gira despacio hacia mí. No parece sorprendido. Al contrario, me observa con esa tranquilidad que siempre consigue desesperarme, como si ya supiera que tarde o temprano terminaría buscándolo.

—¿Qué quieres, Michael? —inquiere con absoluta calma, sosteniéndome la mirada.

Acorto la distancia hasta quedar frente a él sin romper el contacto visual.

—Entremos a tu oficina.

Harry no responde. Se limita a abrir la puerta por completo y entra primero. Lo sigo en silencio, esperando a que la cierre antes de volverme hacia él. Deja una carpeta sobre el escritorio, cruza los brazos y permanece frente a mí con esa paciencia que siempre consigue sacarme de quicio.

Dejo escapar el aire.

—Ahora desapareces siempre... extraño... —comento con aparente calma, sin apartar los ojos de él.

Una sonrisa apenas perceptible se dibuja en los labios de Harry.

—No te debo explicaciones, muchacho... —replica con serenidad.

Aprieto la mandíbula mientras sostengo su mirada.

—Trabajo con Williams, no para ti... —remarca con una seguridad que no hace más que confirmar mis sospechas.

Niego despacio con la cabeza antes de responder.

—Error, Harry. Trabajas para la empresa, así que me debes rendir cuentas... —objeto con firmeza, sin dar un paso atrás.

Harry deja escapar una risa baja y ladea apenas la cabeza, como si acabara de escuchar el mejor chiste del día.

—Sigue creyendo que ocuparás la presidencia, pero los dos sabemos que Lance es el nieto favorito de Williams... —rebate con una calma provocadora.

Sus palabras encuentran justo la herida que llevo años intentando ocultar. Doy un paso al frente sin dejar de sostenerle la mirada.

—Y por eso nos traicionas... Vamos, niégalo... —lo encaro con dureza.

La sonrisa desaparece poco a poco del rostro de Harry. Su mandíbula se tensa apenas un instante antes de recuperar esa serenidad que siempre lo acompaña. Toma aire para responder, pero la voz de mi abuelo irrumpe antes de que alcance a pronunciar una sola palabra.

—¿Sucede algo? ¿Discuten? —pregunta con esa autoridad que consigue imponer silencio incluso antes de terminar la frase.

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