Share

Capítulo 3

Penulis: Lila Stone
last update Tanggal publikasi: 2026-09-18 02:32:33

El sol de la mañana no lograba calentar el frío y sofocante silencio del apartamento de Caroline.

Mia permanecía inmóvil en el sofá, con la taza de café a medio camino de los labios. «¿Emily?», repitió, bajando la voz hasta convertirla en un susurro peligroso y lleno de incredulidad. «¿Tu hermana?»

Caroline asintió, contemplando sus propias manos temblorosas que descansaban sobre su regazo. «Entré en su apartamento para darle una sorpresa. Llevaba una botella de vino. Y allí estaba ella».

«Qué maldito desgraciado», soltó Mia con brusquedad, dejando la taza de café con tanta fuerza que el líquido se derramó por el borde. Se puso en pie y comenzó a caminar de un lado a otro sobre el suelo de madera, irradiando una ira visceral. «¡Y Emily! ¿Cómo pudo hacerte algo así? ¿Después de todo lo que has hecho por ella? ¿Lo sabe tu familia?»

«No», respondió Caroline en voz baja. «Mi madre me envió un mensaje para invitarme a la cena familiar de esta noche. No he contestado».

Mia dejó de caminar y miró a su amiga con profunda preocupación. Conocía demasiado bien la dinámica de la familia Bennet. Eleanor Bennet siempre había tratado a Emily como a una frágil muñeca de porcelana, mientras que de Caroline se esperaba que fuera la hija madura e independiente.

«No puedes ir a esa cena, Care», dijo Mia con firmeza, volviéndose a sentar y tomando las manos de Caroline. «No estás en condiciones de sentarte frente a ese mentiroso».

«Tengo que hacerlo», respondió Caroline, con un matiz repentino y cortante en la voz a medida que su dolor se transformaba en una determinación silenciosa y ardiente. «Si no aparezco, Emily y Finn controlarán la versión de los hechos. No voy a huir de mi propia familia».

Lo que Caroline no le contó a Mia —lo que no se atrevía a expresar en voz alta— era el segundo secreto, mucho más aterrador, que le oprimía el pecho. El desconocido de la habitación de hotel. El recuerdo de unos ojos oscuros, unas manos fuertes y una noche de desenfreno absoluto y temerario. Enterró aquel recuerdo en lo más profundo de su ser, rogando a cualquier poder superior que existiera no volver a cruzarse jamás con aquel hombre.

Al otro lado de la ciudad, en la suite ejecutiva de la última planta de Wade International, reinaba un silencio sepulcral.

Alexander permanecía de pie tras su enorme escritorio de caoba, contemplando la ciudad. Daniel llamó dos veces a la puerta antes de entrar en el despacho, llevando consigo una fina carpeta de cuero.

—Informe —dijo Alexander sin darse la vuelta.

—He revisado las grabaciones de seguridad del hotel de anoche, señor Wade —dijo Daniel, abriendo la carpeta—. Por desgracia, hemos llegado a un callejón sin salida. La cámara del pasillo de su planta sufrió un fallo técnico —una interrupción momentánea del suministro eléctrico— entre la una y las tres de la madrugada. Es exactamente la franja horaria en la que la mujer entró y salió de su habitación.

Alexander se volvió lentamente, entrecerrando sus oscuros ojos. —¿Un fallo? ¿O un borrado deliberado?

—Parece un fallo genuino del sistema debido a una sobrecarga eléctrica en esa ala, pero he pedido a nuestro jefe de seguridad que investigue más a fondo —explicó Daniel—. Las cámaras del vestíbulo estaban operativas, pero como el hotel albergaba varios eventos privados, pasaron por allí cientos de invitados. Sin una imagen clara ni un nombre, identificarla entre la multitud es casi imposible.

Alexander tomó su bolígrafo y dio un golpecito seco contra el escritorio. —¿Y la droga de la gala?

—Estamos siguiendo la pista del camarero que le sirvió el champán —dijo Daniel, bajando la voz—. Abandonó su turno abruptamente a mitad de la noche y no ha regresado a su apartamento. Sin duda, fue algo premeditado.

La mandíbula de Alexander se tensó. Alguien había intentado comprometerlo, dejarlo indefenso o involucrarlo en un escándalo. En cambio, una mujer desconocida había entrado en su habitación, compartido su cama y desaparecido como un fantasma en la noche.

Cerró los ojos un instante; el tenue y dulce aroma de un perfume floral resonaba en su memoria.

—Siga investigando —ordenó Alexander con voz fría y tajante—. Con discreción. Quiero saber quién es ella.

—Sí, señor Wade —respondió Daniel, recogiendo la carpeta—. Por otro lado, un breve recordatorio sobre su agenda de esta tarde. La gala del aniversario de Wade International se celebrará dentro de tres meses. Hoy, tres de las principales empresas de organización de eventos presentan sus propuestas. La junta espera que usted revise la selección final de candidatos.

Alexander hizo un gesto desdeñoso con la mano. —Que los equipos presenten sus propuestas. Yo mismo revisaré la opción favorita.

«Eso es exactamente lo que estaba haciendo. Y, como siempre, tu primer instinto es defenderla».

«Caroline, eso no es justo...», empezó Eleanor.

«Me voy», dijo Caroline, echándose el abrigo sobre los hombros.

«Caroline, espera», dijo William con voz suave, llena de dolor por su hija mayor. «Quédate. Lo arreglaremos ahora mismo. Emily pedirá disculpas y...»

«No, papá», dijo Caroline, dedicándole a su padre una mirada dulce y triste. «Necesito espacio».

Sin mirar atrás hacia su hermana, que sollozaba, ni hacia la expresión defensiva y hosca de su madre, Caroline se dio la vuelta y salió de la casa de la familia Bennet, cerrando la puerta tras de sí y dejando atrás los restos de su pasado.

Dos semanas después.

El caos silencioso de la traición había dado paso a una rutina de trabajo incesante. Caroline se volcó por completo en Bennett & Co. Events, trabajando jornadas de catorce horas para no pensar en Finn, en Emily ni en la sombra persistente de aquella habitación de hotel.

Estaba sentada en su despacho, revisando unos planos, cuando Mia irrumpió por la puerta aferrando un sobre oficial negro y dorado.

«¡Care! ¡Tienes que ver esto ahora mismo!», gritó Mia, inclinándose sobre la mesa.

Caroline levantó la vista, agotada. «Mia, por favor, dime que no han cancelado la reserva de ningún local».

«¡No! ¡Algo mejor! ¡Mucho mejor!». Mia dejó caer el sobre con fuerza sobre la mesa. «Wade International acaba de publicar la lista de finalistas para su gala corporativa anual. De entre cincuenta empresas de organización de eventos de la ciudad... ¡Bennett & Co. ha quedado entre las dos finalistas!».

Los ojos de Caroline se abrieron de par en par. Wade International era el mayor gigante empresarial del país. Conseguir el contrato de su gala anual elevaría a su empresa a un nivel totalmente nuevo de prestigio y estabilidad económica.

«Tenemos una reunión de presentación mañana por la mañana en su sede central», dijo Mia con una sonrisa radiante. «Si conseguimos el contrato, Care, tendremos el futuro asegurado para los próximos cinco años».

Caroline cogió la carta; una sonrisa poco habitual apareció en su rostro por primera vez en semanas. «Entonces nos aseguraremos de que nuestra propuesta sea impecable. ¿Con quién nos reunimos?»

«Con el comité interno y...» —Mia consultó el teléfono— «...con el mismísimo director ejecutivo». —Alexander Wade.

Caroline asintió, sin sospechar en absoluto que el despiadado director ejecutivo multimillonario con quien estaba a punto de reunirse era el mismo desconocido de cuya cama había huido dos semanas atrás.

Lanjutkan membaca buku ini secara gratis
Pindai kode untuk mengunduh Aplikasi

Bab terbaru

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 52

    La débil luz del sol otoñal se filtraba a través de las finas cortinas de la suite principal, proyectando un resplandor suave y fresco por todo el inmenso ático. Muy por encima de la ciudad, la habitación permanecía en silencio, aislada de la fría humedad que se extendía por las calles de Manhattan, allá abajo.Caroline despertó lentamente, recuperando los sentidos en suaves y pausadas oleadas. Tenía la cabeza cómodamente apoyada sobre el cálido y firme pecho de Alexander, con un brazo descansando despreocupadamente alrededor de su cintura. El ritmo constante y acompasado de su respiración era un refugio reconfortante y, durante un breve instante, atrapada en esa neblina entre el sueño y la vigilia, el enorme peso de las interminables responsabilidades logísticas de su agencia pareció encontrarse a millones de kilómetros de distancia.Se movió ligeramente, levantando el rostro para mirarlo.En la silenciosa calma de la mañana, la fría e imponente máscara que Alexander llevaba en las r

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 51

    La débil luz del sol de noviembre bañaba las tranquilas calles adoquinadas del Upper East Side. Un amanecer pálido y frío se abría paso entre las bajas capas de nubes. Mientras el resto de Manhattan apenas comenzaba a despertar —los barrenderos retiraban las húmedas hojas otoñales de las alcantarillas y los carritos de café abrían en cada esquina—, una maniobra sutil y calculada ya estaba en marcha dentro de un reservado privado de The Carlyle.En el silencioso salón del hotel, las pesadas cortinas de terciopelo estaban descorridas lo justo para dejar entrar la fría luz de la mañana. El ambiente era tranquilo, aislado del ruido de las calles que se extendían abajo, y solo se percibía el delicado aroma del té Earl Grey recién preparado y del brioche tostado.Isabelle Laurent estaba sentada en una mesa junto a la esquina, perfectamente serena a pesar de lo temprano que era. Vestida con una blusa de seda color crema y un elegante blazer de corte impecable, sostenía una taza de porcelana

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 50

    La lluvia golpeaba con un ritmo constante e hipnótico contra los ventanales de suelo a techo del ático de Alexander en Manhattan, difuminando la deslumbrante extensión del horizonte de la ciudad en un lavado de luces ámbar y de neón.En el interior, el vasto ático reinaba en silencio, salvo por el calor bajo y crepitante de una chimenea de gas moderna y el zumbido tenue de un sistema de sonido invisible que reproducía una suave y pausada melodía de jazz. Los suelos de madera pulida reflejaban el cálido resplandor del fuego, mientras que el imponente panel de cristal ofrecía un marcado contraste entre la metrópolis caótica y empapada por la lluvia en el exterior y la absoluta quietud del santuario en las alturas.Caroline estaba sentada acurrucada en la esquina del profundo sofá de terciopelo carbón, con una suave manta de cachemira drapeada holgadamente sobre sus hombros. Sostenía una taza caliente de té de manzanilla con ambas manos, con la mirada fija en las llamas titilantes. La fr

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 49

    Las pesadas puertas de cristal del salón Mercer se cerraron de golpe tras Emily, dejando atrás el ambiente silencioso, impregnado de seda costosa y mármol pulido, para sumergirla de lleno en el viento gélido y cortante que recorría la calle Mercer. Su corazón martilleaba contra sus costillas como un pájaro atrapado. El aire frío del otoño le escocía en las mejillas, pero apenas lo notaba mientras sus tacones marcaban un ritmo rápido y errático sobre la acera empedrada. En su mano derecha, sus dedos aferraban con tal fuerza el vaso de café —ya tibio— que el cartón se hundía hacia adentro bajo la presión de su agarre. Encontrarse con Isabelle Laurent no había sido una mera coincidencia; parecía más bien una forma de intervención divina. Durante meses, Emily había vivido bajo la sombra asfixiante de Caroline Bennet. Incluso después del estrepitoso colapso de la familia Bennet —cuando William Bennet finalmente solicitó el divorcio de Eleanor y abandonó a la familia para siempre, tras

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 48

    El sol del mediodía se filtraba a través de los altos ventanales arqueados del salón privado de The Mercer, proyectando largas sombras geométricas sobre los pulidos suelos de parqué en espiga. Ubicado en un rincón tranquilo del SoHo, el lugar servía como santuario para la élite de Manhattan —obsesionada con la discreción—; un espacio donde se cerraban acuerdos multimillonarios entre zumos prensados ​​en frío y susurros apenas audibles.Isabelle Laurent estaba sentada sola en un lujoso banco tapizado en terciopelo, con sus gafas de sol oscuras colocadas sobre la cabeza. Sus dedos finos tamborileaban con un ritmo marcado y constante sobre el tallo de la copa de agua con gas, que permanecía intacta. La humillación vivida esa mañana —al darse cuenta de que Victoria y Richard no habían logrado, en absoluto, doblegar la terquedad de Alexander— seguía quemándole por dentro. Alexander se había mantenido inamovible en su postura, y la certeza de que ni siquiera la presión familiar lograría rom

  • El error de una noche del multimillonario   Capítulo 47

    «¡Estás tirando por la borda treinta años de estrategia corporativa por la hija de un hombre en bancarrota y caído en desgracia, Alexander!». El rugido furioso de Richard Wade resonó en el amplio despacho de Greenwich, de techos abovedados; la pesada licorera de cristal que sostenía en la mano repiqueteó contra el escritorio de caoba oscura al dejarla caer con brusquedad. La imponente chimenea crepitaba a sus espaldas, proyectando largas y amenazantes sombras sobre las estanterías —que iban del suelo al techo— donde se guardaba la historia de generaciones de la familia Wade. A su lado, Victoria Wade permanecía de pie con los brazos cruzados sobre su blusa de seda color crema; su rostro era una máscara esculpida de frío desdén aristocrático. «Mírate», añadió Victoria, bajando la voz hasta convertirla en un susurro afilado como una navaja, cargado de puro veneno. «Llegas a las ocho de la noche, desaliñado, ignorando la correspondencia de la junta directiva... todo porque te dio po

Bab Lainnya
Jelajahi dan baca novel bagus secara gratis
Akses gratis ke berbagai novel bagus di aplikasi GoodNovel. Unduh buku yang kamu suka dan baca di mana saja & kapan saja.
Baca buku gratis di Aplikasi
Pindai kode untuk membaca di Aplikasi
DMCA.com Protection Status