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Chapter 2

作者: Senyorita
last update 公開日: 2026-10-29 13:12:40

A la mañana siguiente, Sophia Gonzaga se despertó más temprano de lo normal, pero no fue porque hubiera dormido bien. Fue todo lo contrario. Apenas durmió en toda la noche. Las palabras que le había dicho a Adrian seguían repitiéndose en su mente.

"Amarte es agotador".

Probablemente era la cosa más honesta que había dicho en el último año, y la parte dolorosa era que, aunque era verdad, todavía amaba a su esposo. No era fácil olvidarlo. No era fácil borrar lo que sentía. Todavía lo amaba mucho a pesar de todo lo que él le había hecho. Por eso dolía tanto, porque así no fue como empezó todo.

Al principio, Adrian era el tipo de hombre con el que toda mujer soñaba. Era dulce, atento, cariñoso y siempre ponía a su esposa en primer lugar. Pero a medida que su empresa creció, él cambió poco a poco.

Hasta que un día, Sophia despertó y se dio cuenta de que ya no reconocía al hombre que dormía a su lado. Dejó escapar un suspiro mientras preparaba una taza de café. La casa se sentía muy silenciosa.

Adrian se había ido otra vez. Eso ya no era una sorpresa. A menudo se iba sin siquiera decirle. Cerró los ojos por un momento. Antes, ella lo seguía. Le preguntaba a dónde iba y cuándo volvería a casa. ¿Pero ahora? Ya no tenía fuerzas para preguntar.

De repente, su teléfono sonó. La pantalla mostraba el nombre de su mejor amiga.

Mia.

Respondió de inmediato.

"¿Hola?"

"Soph..."

Al instante notó algo raro en la voz de Mia. Sonaba como si quisiera decir algo pero dudaba.

"¿Qué pasa?" preguntó Sophia.

Hubo un breve silencio.

"¿Dónde estás?"

"En casa".

"¿Sola?"

Sophia frunció el ceño. "Sí. ¿Por qué?"

Mia se quedó en silencio otra vez y fue entonces cuando Sophia empezó a sentirse nerviosa.

"Mia".

"Prométeme que te vas a calmar, ¿ok?"

Su corazón empezó a latir muy rápido de inmediato. No sabía por qué, pero algo se sentía mal. Muy mal. Y fuera lo que fuera, no tenía idea.

"Mia, solo dímelo".

Escuchó a su amiga respirar profundo.

"Soph... vi a Adrian anoche".

Sophia se quedó congelada. Sintió como si alguien le hubiera echado agua muy fría por todo el cuerpo. Eso por sí solo no era raro. Muchas personas habían visto a Adrian en diferentes lugares antes, pero había algo en la voz de Mia. Y Sophia sabía que eso no era todo lo que quería decir.

"¿Dónde?" preguntó suavemente.

"En el Hotel Grand Meridian".

Ella tragó saliva. Era uno de los hoteles de lujo más famosos de la ciudad. Y ni una sola vez Adrian la había llevado allí.

"¿Qué estaba haciendo ahí?"

Mia se quedó en silencio otra vez y el estómago de Sophia se hundió porque, en el fondo, ya sabía la respuesta. Solo que no quería escucharla.

"Estaba con alguien".

Algo se apretó dolorosamente en su pecho. Tan fuerte que se hizo difícil respirar. No podía hablar, podía escuchar su propia respiración, podía escuchar los latidos de su corazón y podía escuchar la parte rota de sí misma esperando desesperadamente estar equivocada.

"¿Quién?" susurró.

"No la conozco".

Sophia cerró los ojos, pero eso no fue suficiente para calmar el dolor. Necesitaba saber. Necesitaba ver. Necesitaba estar segura. Tal vez era un malentendido. Tal vez era una reunión de negocios. Tal vez era solo una empleada.

Tal vez—

"Estaban tomados de la mano, Soph".

Y en un instante, todas las excusas que había intentado crear en su cabeza se hicieron pedazos. Una lágrima cayó por su mejilla antes de que pudiera detenerla.

Luego otra y otra. Hasta que perdió la cuenta. Su cara estaba mojada de lágrimas antes de que se diera cuenta.

"Soph..."

Ella no respondió. No podía soportar escuchar nada más. Cada palabra se sentía como un cuchillo entrando más profundo en su corazón. Sentía que todo su mundo se estaba derrumbando lentamente. Porque no importaba cuántas veces había sospechado de Adrian, era diferente cuando alguien más lo confirmaba.

Era diferente cuando se hacía real.

"Lo siento".

Pero esas palabras no significaban nada ahora. No hoy y tal vez nunca. Después de que terminó la llamada, Sophia se quedó sentada en la cocina por mucho tiempo. Simplemente miraba a la nada. No había emoción en su cara. A veces, cuando el dolor es demasiado, dejas de llorar.

Solo tiemblas, y así era exactamente como ella se sentía. Entonces de repente, recordó algo. Lentamente, se levantó y caminó hacia la oficina de Adrian en la casa.

Había evitado entrar a esa habitación por mucho tiempo. De alguna manera, sentía que ya no pertenecía allí. Como si hubiera partes de la vida de su esposo que ya no eran para ella. Pero hoy, no le importó.

Abrió la puerta lentamente. La oficina estaba en silencio, limpia y perfectamente organizada. Igual que el hombre que era su dueño. Caminó hacia el escritorio y fue entonces cuando notó un teléfono sobre él.

No era el teléfono normal de Adrian. Era un modelo más antiguo. Como si lo hubiera olvidado por accidente. Sophia frunció el ceño y lo agarró. Cuando la pantalla se encendió, sus ojos se abrieron mucho.

El teléfono no tenía clave y justo ahí en la pantalla había una notificación. Un mensaje de una mujer guardada como:

Ava ❤️

El mundo pareció detenerse. No podía respirar y no podía moverse. Sus dedos temblorosos tocaron la pantalla y entonces vio los mensajes que deseaba nunca haber leído.

"Ya te extraño". "La noche de ayer fue perfecta". "¿Cuándo le vas a decir a tu esposa?"

Sophia sintió como si alguien hubiera agarrado su corazón y lo hubiera apretado sin piedad. Una y otra vez. Hasta que no quedó nada. Una lágrima cayó sobre la pantalla antes de que ella lo notara.

No podía dejar de llorar porque la verdad a la que tanto le temía finalmente estaba frente a ella. Ya no era una sospecha ni un presentimiento. No era un chisme y era la verdad.

Su esposo tenía a otra mujer y lo que más dolía era que parecía haber estado pasando por mucho tiempo. Se cubrió la boca para dejar de sollozar, pero no pudo.

Lentamente, cayó al suelo. Abrazándose a sí misma, lloró. Y en algún otro lugar de la ciudad, Adrian no tenía idea de que su esposa había descubierto el secreto que había ocultado por tanto tiempo.

Tampoco sabía que ese día, un corazón finalmente se había roto por su culpa.

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