ログインResultó que no había nada más doloroso que ver tu mayor miedo hacerse realidad. Eso fue lo que Sophia aprendió mientras estaba sentada en el piso de la oficina de Adrian. No tenía idea de cuánto tiempo había estado llorando.
Tal vez unos minutos o tal vez una hora. Tal vez más. Ya no le importaba.
Sentía como si el tiempo se hubiera detenido y el mundo se hubiera detenido. Todo se había detenido. Todo excepto el dolor que la seguía consumiendo.
El teléfono de Adrian todavía estaba a su lado y la pantalla seguía encendida. Y los mensajes seguían ahí, apuñalando su corazón una y otra vez.
"Ya te extraño". "La noche de ayer fue perfecta". "¿Cuándo le vas a decir a tu esposa?"
Esposa.
No Sophia y no su nombre. Solo una esposa.
Como si no fuera más que un obstáculo en sus vidas. Un problema que necesitaba ser eliminado. Cerró los ojos y se limpió las lágrimas. No sabía qué dolía más. El hecho de que Adrian la había engañado o el hecho de que había estado pasando por tanto tiempo, porque lo que había leído no era un error de una noche.
No era una decisión descuidada y no era un momento de debilidad. Era una relación y claramente era seria. Lentamente, volvió a poner el teléfono en el escritorio. No quería leer más. No quería descubrir más detalles.
Lo que ya había visto era suficiente para destruirlo todo.
Se levantó. Mientras miraba alrededor de la oficina de su esposo, los recuerdos regresaron de repente. Recuerdos que antes la hacían sonreír. Ahora, solo la hacían llorar.
Hace siete años, estaban recién casados. En ese entonces, vivían en un pequeño apartamento. No había mansión, ni autos de lujo, ni contratos de muchos millones de dólares, pero eran felices.
Recordó cómo Adrian la abrazaba mientras ella cocinaba. Cómo fingía no saber hacer cosas simples solo para hacerla reír. Cómo le decía que su día nunca estaba completo si no la veía.
En ese entonces, Sophia era el centro del mundo de Adrian. Y Adrian era todo su mundo, pero todo cambió cuando su empresa empezó a crecer.
Al principio, ella lo entendía. Más reuniones, más viajes de negocios y más responsabilidades, eso era normal.
Ella lo apoyaba e incluso estaba orgullosa de él, pero a medida que Adrian tuvo más éxito, poco a poco se alejó de ella. Había menos noches de citas.
Menos llamadas por teléfono y menos abrazos. Hasta que un día, sintió que no quedaba nada. Ni siquiera podía recordar exactamente cuándo pasó, porque desapareció poco a poco.
Como una vela apagándose lentamente. Hasta que un día despertó y se dio cuenta de que estaba sola en su propio matrimonio.
Sophia parpadeó y volvió al presente. De alguna manera, recordar los momentos felices dolió aún más, porque la hizo darse cuenta de cuánto había perdido.
De repente, escuchó el sonido de un auto entrando en la entrada. El sonido era familiar y solo significaba una cosa: Adrian estaba en casa.
Se quedó congelada y, por primera vez desde que supo la verdad, no sabía cómo enfrentarlo. No sabía si podía fingir. No sabía si podía mirarlo sin pensar en la otra mujer.
Un momento después, escuchó que se abría la puerta principal y luego pasos acercándose.
Rápidamente, se limpió las lágrimas de las mejillas. No quería que él la viera llorando. No quería darle esa satisfacción. Unos segundos después, Adrian apareció en la puerta de la oficina. Se detuvo en el momento en que la vio.
"¿Soph?"
Sus ojos se movieron hacia ella y luego hacia el teléfono en el escritorio. El color de su cara desapareció de inmediato. Se veía congelado y en silencio. Y en ese silencio, Sophia obtuvo la confirmación que necesitaba.
Adrian lo sabía. Sabía que lo habían atrapado.
"¿No tienes nada que decir?" preguntó suavemente.
Su voz era suave, pero cada palabra llevaba dolor y Adrian no respondió de inmediato.
"Sophia..."
Ella dejó escapar una risa amarga.
"¿'Sophia' es todo lo que tienes que decir?"
Su mandíbula se apretó y ni siquiera podía mirarla bien, y de alguna manera, eso dolió aún más. Una persona inocente pelearía. Una persona inocente daría explicaciones. Una persona inocente se defendería, pero Adrian se quedó en silencio. Y la culpa estaba escrita en toda su cara.
"¿Cuánto tiempo?" preguntó.
Él no dijo nada.
"¿Cuánto tiempo, Adrian?"
Él dejó escapar un largo suspiro y en ese momento, su corazón se rompió aún más porque sabía que ya no podía negarlo. Ya no.
"Unos meses".
Sintió como si la hubieran cacheteado. ¿Unos meses? ¿Por cuántos meses la había hecho ver como una tonta? ¿Por cuántos meses había fingido que nada estaba mal? ¿Por cuántos meses había llegado a casa sola mientras otra mujer esperaba a su esposo?
"Estás mintiendo".
Su voz era baja, pero cada palabra cortaba como un cuchillo. Los ojos de Adrian se abrieron un poco.
"Te conozco, Adrian". El silencio llenó la habitación una vez más. "No fueron unos meses".
Aún así, no dijo nada y esa fue toda la respuesta que necesitaba. Había pensado que tomaría tiempo encontrar pruebas. Al parecer, no fue así. Tal vez era lo mejor. Las lágrimas corrieron por su cara otra vez. Esta vez, no se molestó en limpiarlas. Que viera su dolor. Merecía verlo.
"¿Por qué?"
Esa fue la única pregunta que hizo. No gritó. No estaba histérica. No estaba enojada. Solo una pregunta simple.
¿Por qué?
¿Por qué no fue suficiente? ¿Por qué tuvo que buscar a alguien más? ¿Por qué destruir siete años de matrimonio? Pero la respuesta de Adrian destruyó lo que quedaba de su corazón.
Suspiró. Luego finalmente la miró. Sus ojos eran fríos, como si estuviera cansado. Como si no sintiera nada en absoluto.
"Ya no sé si te amo".
El mundo de Sophia se detuvo y no podía escuchar nada. Sintió como si hasta el aire la hubiera abandonado.
Como si toda la luz a su alrededor hubiera desaparecido. Lo único que podía escuchar era el sonido de su propio corazón rompiéndose, porque a veces la verdad duele más que cualquier mentira.
Y en ese momento, Sophia se dio cuenta de algo. No fue la infidelidad lo que la rompió. No fue la otra mujer. Ni siquiera fue una traición. Fue el hecho de que Adrian Gonzaga había dejado de amarla hace mucho tiempo.
Y ella había sido la última persona en saberlo. Por primera vez en siete años de matrimonio, Sophia sintió que ya no tenía un esposo.
Y tal vez... no había tenido uno por mucho tiempo.
Si alguien le hubiera dicho a Sophia antes que llegaría el día en que Adrian casi se desmayaría en la sala de partos mientras era ella quien estaba dando a luz... Se habría reído y habría dicho que era imposible, pero aquí estaban y de alguna manera...Eso era exactamente lo que estaba pasando. La verdad, Adrian se veía más estresado que ella."A-Adrian..."Sophia se agarró el estómago cuando otra fuerte contracción la golpeó. Cerró los ojos con fuerza y se apoyó en la barra de la cocina, obligándose a respirar. Ya había contado hasta diez varias veces como el doctor le había dicho.No ayudó en nada. Si acaso, el dolor solo empeoró."Oh, Dios...", exclamó. "Duele muchísimo..."Ella misma estaba casi lista para desmayarse. Un ruido fuerte resonó de repente en la cocina. Sophia abrió los ojos rápido. Se dio vuelta y vio el vaso que Adrian había estado sosteniendo tirado en el piso en pedazos.Se había roto. En cuanto a su esposo, se veía más pálido que un fantasma. Incluso a través del
A veces...La felicidad llega cuando dejas de buscarla. Llega cuando ya no la estás esperando. Llega cuando menos te lo esperas. Y quisieras admitirlo o no, Sophia quería darle una lección a su versión más joven por no haber entendido eso antes.Por tantos años, sintió que había pasado toda su vida peleando. Peleó por su amor. Peleó por su confianza. Peleó por su matrimonio. Peleó por su familia.Sobre todo, peleó por Adrian. Había peleado por él tantas veces que ya había perdido la cuenta.A veces hasta bromeaba con ella misma diciendo que su esposo tenía una suscripción ilimitada a los problemas, y que ella nunca podía dejar de pelear por él. Hubo días en los que creyó que nada bueno pasaría después de todo lo que habían sufrido. Hubo noches en las que lloró hasta quedarse dormida, preguntándose si alguna vez sería suficiente.Preguntándose si algún día llegaría el momento en que pudieran ser felices juntos de verdad. Preguntándose si alguna vez se convertirían en una familia comple
Sophia no sabía cuánto tiempo se quedó ahí, mirando a Adrian. Los dos miraron hacia abajo a los papeles de divorcio. El único sonido que ella podía escuchar era el latido rápido de su propio corazón. Cada vez que sus ojos caían en los papeles, el enojo crecía dentro de ella.No quería nada más que quemarlos. El pensamiento de que todo entre ellos podría terminar con una sola firma... No podía soportarlo. Sentía que iba a perder la cabeza. Adrian se quedó de pie en silencio frente a ella. No dijo ni una sola palabra.Lentamente, una pequeña sonrisa apareció en los labios de Sophia. No.No iba a dejar que unos pedazos de papel destruyeran su matrimonio. Levantó los documentos lentamente y movió la cabeza."Sophia..." llamó Adrian en voz baja.Pero ella no lo dejó terminar. Con manos temblorosas, tomó la primera página. Luego la segunda. Luego la última.Antes de que Adrian pudiera entender lo que estaba haciendo... rompió los papeles por la mitad. Los ojos de Adrian se abrieron mucho."
Sophia no pudo responder de inmediato. Se quedó parada en medio de la sala, todavía sosteniendo los papeles de divorcio. Ni siquiera sabía si quería romperlos o seguir aferrándose a ellos.A unos pasos de ella, Adrian estaba en silencio. No dijo ni una palabra más después de sacar todo lo que pesaba en su corazón. Ninguno de los dos habló. Pero el silencio entre ellos era más fuerte que cualquier discusión.Era el tipo de silencio que nadie querría vivir. La mente de Sophia estaba llena de muchísimos pensamientos. Quería rogarle. Quería decirle que peleara por su matrimonio. Quería decirle que no la dejara ir. Quería que él la abrazara y le dijera que el divorcio no era la respuesta a todo el dolor por el que habían pasado.Sí, ella había sido muy lastimada antes y tal vez ella también había cometido errores. Tal vez debió haber peleado más por su matrimonio en lugar de rendirse. Tal vez no debió haber pasado algo tan doloroso para que ellos encontraran el camino de regreso al otro.T
Adrian no habló de inmediato. Se quedó de pie cerca de la puerta principal, en silencio y sin moverse. Era como si estuviera aterrorizado de que una palabra equivocada destruyera por completo lo que quedaba entre ellos.Sophia se quedó en el sofá. Los papeles de divorcio todavía descansaban en sus piernas. Sus manos todavía temblaban. Por más que intentaba calmarse, no podía. Sentía como si la vida a la que se había acostumbrado se estuviera escapando poco a poco de sus manos.Por fin, Adrian tomó un respiro profundo y asintió un poco. Parecía que se estaba obligando a aceptar algo. Como si estuviera intentando tragar un dolor que no quería irse."¿Ya los firmaste?", preguntó en voz baja, con una voz vacía y sin vida.Sophia no respondió y solo lo miró. No había ni una pequeña sonrisa en su cara. Sus ojos no tenían calor ni emoción, pero de alguna manera, eso dolía aún más.Ella conocía a Adrian. Y sabía que siempre que él hablaba así, significaba que estaba escondiendo sus verdaderos
Ya era mediodía ese día, y toda la casa estaba en silencio.Sophia estaba sentada en la sala con un libro de bolsillo en las manos. Estaba abierto, pero no había pasado ni una sola página por casi diez minutos. Sus ojos se quedaban en la misma línea una y otra vez, sin poder avanzar.No podía concentrarse. Su mente estaba inquieta, llena de demasiados pensamientos que ya no podía entender.Unos momentos después, su teléfono sonó.Miró la pantalla, y por alguna razón, el sonido hizo que su corazón saltara. Lo contestó y vio que el mensaje era de la secretaria de Adrian.Buenas tardes, Ma'am Sophia. Sir Adrian me pidió que le entregue algo en persona.Sophia frunció el ceño. ¿Entregar algo? ¿Por qué Adrian no se lo dio él mismo?Antes de poder responder, sonó el timbre. Su corazón latió un poco más rápido. No sabía por qué, pero un escalofrío extraño bajó lentamente por su cuello.Se levantó despacio y caminó hacia la puerta principal. Cuando la abrió, la secretaria de Adrian estaba afu







